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LUCHA ANTITERRORISTA

Marruecos afronta la nueva estrategia de Estado Islámico

El doble asesinato de dos mujeres nórdicas en el Atlas reactiva al país magrebí en el combate contra el yihadismo

Beatriz Mesa

Marroquís colocan flores y mensajes de solidaridad frente a las embajadas de Noruega y Dinamarca en Rabat tras el asesinato de dos turistas escandinavas.  

Marroquís colocan flores y mensajes de solidaridad frente a las embajadas de Noruega y Dinamarca en Rabat tras el asesinato de dos turistas escandinavas.   / MOSA AB ELSHAMY

Marruecos es país emisor de jóvenes hacia las filas del mal llamado Estado Islámico (EI) —antes de Al Qaeda- pero también es objetivo de grupos de radicales que en los últimos años han protagonizado atentados terroristas en los que murieron marroquís y extranjeros. El ataque terrorista del pasado lunes de cuatro supuestos yihadistas contra dos jóvenes turistas escandinavas que fueron degolladas en la tienda de campaña donde pasaban la noche muestra, una vez más, que el modus operandi de los extremistas complica la lucha contra el terrorismo islámista y añade nuevos elementos al campo del radicalismo en Marruecos. «Estado Islámico no ha sido abatido. Institucionalmente ha sido debilitado, pero las ideas de la organización siguen circulando y atrayendo a jóvenes», explicó a El Periódico el islamólogo Karim Ifrak

Hasta el momento, en Marruecos se habían cometido atentados clásicos empleándose artefactos adosados al cuerpo del terrorista suicida o también activándose bombas a distancia como ocurrió en el 2011 contra un café popular en pleno centro de la ciudad de Marrakech. El ataque de esta semana, en la región turística de Imlil, también al sur del país magrebí, da un paso cualitativo en el método utilizado que recuerda a escenarios de Siria o de Irak, en donde se recurre al espectáculo del asesinato con arma blanca, incluido el degollamiento de la víctima y la grabación del mismo que posteriormente se vuelca en las redes sociales con el objetivo de amedrentar e impactar en la psicología de la sociedad. Conseguido. «Estos criminales no tiene medios sofisticados, por eso estamos asistiendo a ataques caseros, privilegiando las redes sociales que alimentan el populismo», añade Ifrak.

Sobrepasar las fronteras

El nuevo terrorismo de naturaleza yihadista se sitúa por encima de la geografía y supera las fronteras físicas porque aunque estas existen, no así para el actor terrorista. «Un joven de Marruecos de un pequeño pueblo de Tánger vive conectado con los países del Golfo o con otros jóvenes musulmanes de Francia que de un día para otros se pueden encontrar en Siria», explica Farid El Asri, antropólogo y estudioso de los movimientos islamistas. Así las cosas, el individuo está redefiniendo el espacio en el que se mueve y que difícilmente se puede prevenir utilizando medios de la seguridad ortodoxa. En este caso, «se necesita mucha prevención», matiza El Asri. 

De hecho, fuentes de la seguridad nacional en Marruecos aseguran que «en los últimos tres años alrededor de 150 intentos de ataques de estas características han sido abortados, a través de mecanismos de inteligencia, por las autoridades marroquís». Las personas que han intentado perpetrar estos ataques, en la mayoría de los casos, son jóvenes con perfiles similares, caracterizados por el analfabetismo, por contextos familiares desestructurados o sin recursos, dispuestos a alimentarse de la propaganda del extremismo violento para servir el yihad. No pertenecen a comandos específicos, sino que se trata de «lobos solitarios» que pueden formar pequeña células entre amigos, «atraídos por imágenes mediatizadas del yihadista visto como un guerrillero revolucionario que defiende la igualdad, entre otros». 

Prevenir la radicalización 

La Rabita Mohammedia de los ulemas, recientemente reformada por el rey, Mohamed VI, ha creado en los últimos años 25 unidades 16 centros de investigación y acción contra el extremismo religioso. Desde que el EI se posicionó en la geopolítica mundial, trabaja preventivamente contra las narrativas extremistas dentro y fuera de las prisiones. «Estamos formando a los funcionarios de las prisiones pero también a presos juzgados por radicalismo que una vez desradicalizados trabajan con nosotros para sensibilizar a otros detenidos», aseguró un miembro de esta institución. Algunos de ellos han sido indultados por el rey, Mohamed VI, y actualmente están trabajando en diferentes ciudades del país para ahuyentar ideas mal asentadas sobre «la buena fe» de la guerra santa y disuadir a otros jóvenes de enrolarse en filas de organizaciones criminales. 

Una rigurosa estrategia se ha desplegado en todo el país magrebí para que sirva al cuerpo funcionarial de los centros de detención que ha conseguido, desde marzo de 2016 hasta enero de 2018, sensibilizar a más de 22.000 personas que cumplen condenas por hacer apología del terrorismo, vinculaciones a ideas yihadistas o participación en procesos de reclutamiento hacia el yihad. 

Marruecos previene también el radicalismo a través de la elaboración de discursos grabados en vídeo por sabios religiosos que inundan las redes sociales en el país para contrarrestar al enemigo yihadista. «Siete libros ya han sido publicados en internet, accesibles a todos para aclarar conceptos y luchar contra una narrativa monstruosa de los dinamizadores de nuestros jóvenes», añadió. 

Otra forma de entender la religión

Marruecos se enfrenta al extremismo violento con un proyecto novedoso del que se empieza a haber balance: un centro de formación religiosa que acoge a ulemas y morchidates (la versión femenina de los eruditos del Islam) de la región del África Occidental y el Sahel que cumple ahora tres años. El Instituto de Mohamed VI, cuya intención es prevenir y vacunar de ideas radicales, se inscribe en la nueva diplomacia religiosa del monarca alauí y en la reciente estrategia de política exterior que giró hacia el Africa subsahariana.

«Se trata de enseñar los valores de un islam moderado suní de la escuela malikí que abarca todo el Magreb y practica el rey, Mohamed VI, en quien reside el peso de la religión islámica. Este país no deja ninguna puerta abierta a las ideas extremistas», explicó a este diario Abdellatif Bedgouri Achkari, exjefe de gabinete del Ministerio de Asuntos Islámicos en Marruecos, quien mostró su preocupación por la «crisis» que atraviesan determinados «practicantes» del islam. 

El objetivo es interesante, unificar una visión del islam entre imanes y ulemas de la región africana y saheliana, la mayoría muy jóvenes, que necesitan guías para conducir plegarias e interpretar textos alejados del pensamiento wahabita, una visión rigorista de la religión propia de Arabia Saudí o Qatar. La ideología que encarnan ambos países se propaga sin frenos en naciones con economías empobrecidas del África subsahariana que empieza a transformar, por dinero, el modelo religioso que siempre imperó en estas sociedades de naturaleza sufí (la versión mística del Islam). Los petrodólares son más fuertes que la preservación del islam africano. El futuro de las ideologías rigoristas despierta inquietudes en la clase política y en la sociedad civil, en general, que temen que el rigorismo interrumpa procesos de paz y de tolerancia.