Ir a contenido

TRAGEDIA EN EL SUDESTE ASIÁTICO

Indonesia busca supervivientes mientras teme otro tsunami

El desastre natural se ha cobrado ya 373 muertos y más de un millar de heridos mientras crecen las críticas por la falta de sistemas de alarma

Adrián Foncillas

Funeral por algunas de las víctimas del tsunami.

Funeral por algunas de las víctimas del tsunami. / CHAIDEER MAHYUDDIN / AFP

Los equipos de rescate buscan entre los escombros a supervivientes del tsunami que devastó la noche del sábado las costas indonesias de Sumatra y Java. Es una carrera contra el reloj entorpecida por las fuertes lluvias, las carreteras cortadas y las amenazas de nuevos tsunamis. Los socorristas, policías y soldados remueven las ruinas dejadas por las olas con excavadoras y demás maquinaria pesada o con las manos desnudas mientras los víveres y personal médico empiezan a llegar a las zonas más castigadas.

Los últimos recuentos hablan ya de 373 muertos, más de un millar de heridos y una cincuentena de desaparecidos. “El número seguirá aumentando”, ha advertido la Agencia de Gestión de Desastres. La factura también incluye 11.687 desplazados y daños serios en 611 viviendas, 69 hoteles, 60 tiendas y 420 barcos.

El rescate urgente de supervivientes avanza en un clima de miedo a un nuevo tsunami. Sutopo Purwo Nugroho, portavoz de la agencia, confirmó el peligro esta mañana y pidió a la población que se aleje de la costa y las playas por el momento. Podrían producirse nuevos desprendimientos de tierras en el volcán Anak Krakatoa porque acumula tres meses entrando en erupción casi a diario. La virulencia actual es menor que en octubre y noviembre pero su estructura se estima muy dañada. Indonesia se asienta sobre el llamado Cinturón de Fuego, una zona proclive a los movimientos tectónicos.

Falta de mecanismos de alerta

El derrumbe de la ladera subterránea del volcán generó el tsunami, han confirmado las autoridades. El desastre ha desnudado las carencias de un país atacado cíclicamente por la furia del mar. Sutopo ha admitido que el país no cuenta con mecanismos para alertar sobre tsunamis provocados por erupciones como el del sábado y que urge adoptarlos. Ocurre que la necesidad choca contra la realidad orográfica y económica del país. El archipiélago indonesio cuenta con casi 200 volcanes, muchos de ellos activos, y rodearlos todos de un sistema de boyas para medir las oscilaciones de la marea suena quimérico. La gran velocidad a la que se desplazan los tsunamis y la escasa distancia entre el volcán Anak Krakatoa y la costa plantea dudas también sobre su eficacia. 

Indonesia sí cuenta con un sistema de alarmas contra tsunamis generados por seísmos, muchos más fáciles de detectar. Fue adoptado después del tsunami que en el 2006 dejó más de 200.000 muertos en el Océano Índico pero su estado actual es ruinoso, aceptó Sutopo. “El vandalismo, el limitado presupuesto y los daños técnicos explica que no hubiera boyas. Necesitamos reconstruirlo para fortalecer el sistema de alertas contra el tsunami”, añadió. El presidente, Joko Widodo, ya prometió su inmediata reparación en los días posteriores  a otro tsunami mortal ocurrido en octubre. No parece que fuera inmediata.  Widodo, que buscará la reelección en abril, ha llegado esta mañana a las áreas afectadas en helicóptero y visitado a heridos en el hospital.

Ola mortal

Los responsables han sido muy criticados por no haber avisado a la población del tsunami e incluso por haberlo desdeñado como una simple subida de la marea provocada por la luna llena. La ausencia de temblores explica que la ola sorprendiera a los lugareños y a los miles de turistas locales que disfrutaban de las playas en el Estrecho de Sonda. El tsunami golpeó pueblos como Cilurah, levantados frente a la playa. “Todo ocurrió muy rápido. Estaba hablando con un invitado en mi casa cuando mi esposa entró gritando y en estado de pánico. Creí que era un incendio, pero cuando me asomé a la puerta vi el agua acercándose”, ha explicado Ade Junaedi.

Otro superviviente, Asep Sunaria, escuchó un fuerte “whoosh” apenas unos segundos antes de que la ola le tirara de la moto, inundara su casa y destrozara su pueblo. “Estaba en estado de shock. No me lo esperaba, no hubo ninguna alerta… Al principio pensé que era solo la subida de la marea, pero entonces llegó la ola”, dijo a la agencia France Presse. Asep y su familia salvaron la vida corriendo hacia zonas más elevadas pero muchos en su pueblo no fueron tan rápidos.