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UN DIVORCIO COMPLICADO

El 'brexit', rey de las sobremesas británicas

La salida del Reino Unido de la UE rompre la tradicional reserva de los británicos a hablar de política abiertamente

Las ventas navideñas no alcanzarán los niveles de otros años por la tensión generada por el acuerdo de salida de la UE

Josep Martí Blanch

Partidarios y detractores del brexit se enfrentan ante el Parlamento. 

Partidarios y detractores del brexit se enfrentan ante el Parlamento.  / REUTERS / HENRY NICHOLLS

'Daily Star', el hermano pequeño de la prensa amarilla del Reino Unido, prometía en portada esta semana que en sus páginas ya no habría espacio para más historias aburridas del 'brexit'. No cumplirá su palabra, aunque eso no acostumbra a ser un problema para los tabloides británicos. Y es que, a poco más de tres meses para llegar al 29 de marzo, día en el que el Reino Unido abandonará la UE (aún no se sabe cómo), el 'brexit' está más presente que nunca en todas las mesas y conversaciones.

Ross Hershey, arquitecto de Yorkshire (norte de Inglaterra), explica abiertamente que con los colegas se habla ahora como nunca se había hecho antes de política: "Hoy unos cuantos estábamos discutiendo sobre el 'brexit' y uno ha afirmado que todos los que votaron salir de la UE eran idiotas. Cuando le he dicho que yo no soy un idiota y voté a favor del 'brexit' ha enmudecido. Creo que ha pasado vergüenza". Añade que entre sus amigos causa furor el estilo del ministro del Interior de Italia, Matteo Salvini: "Es el tipo de líder que necesitaríamos en el Reino Unido. Alguien convencido de las posibilidades de nuestro país, no como Theresa May".

Abby Freeman, profesora en Londres, solo comparte con Hersey la convicción de que ahora se habla mucho de política en todas partes. Ella, europeísta convencida, considera que, siendo la sociedad británica extremadamente reservada, el comportamiento actual es absolutamente inusual. "Nosotros no acostumbramos a hablar de política abiertamente y ahora lo hacemos mucho". En su caso, no obstante, la división del país entre 'brexiteers'  y 'remainers' no se traslada a la realidad porque son muchos los que, como ella, vive en burbujas pobladas únicamente por gente que piensa igual. “No tengo amigos 'brexiteers'. Todo el mundo en mi entorno es europeísta. Por tanto, las conversaciones no se tornan en agrias discusiones porque estamos básicamente de acuerdo", argumenta.

Jugar con el país 

Àlex Muir, investigador de Berkshire (60 kilómetros al este de Londres), también partidario de que su país se mantenga en la UE, avala la excepcionalidad del momento. "En mi entorno, familia, amigos, nadie recuerda nada tan intenso desde el punto de vista político. Es lo que pasa cuando la gente de Westminster se pone a jugar con el país, que acabamos discutiendo en todas partes".

La calle está limpia. Particularmente la capital. La imaginería sobre el 'brexit' es escasa. Solo algunas manifestaciones testimonian excepcionalmente la tensión política que vive el país. Peoples Vote, la entidad que promueve un segundo referéndum reunió más de medio millón de personas en Londres el 20 de octubre. Hace una semana, la extrema derecha reunió a unos pocos miles de seguidores también en la capital, para denunciar la traición al 'brexit' por parte del Gobierno. Y también de modo esporádico pueden verse algunas acciones de fanáticos. La última el viernes, cuando unas decenas de eurófobos cortaron la circulación en el puente de Westminster ataviados con los chalecos amarillos que los franceses han hecho famosos.

Se ha visto una campaña con algunos anuncios luminosos pagada por un empresario londinense con la leyenda 'Bollocks to brexit' (Al carajo el 'brexit'), que ha tenido continuidad con un autobús que viaja por todo el país. Aun así, dada la gravedad e importancia del asunto, bien puede decirse que la proverbial mesura británica sigue siendo un toque de distinción a la hora de canalizar el debate público.

La consultora GfK prevé que las ventas navideñas no alcancen los niveles de otros años y su último estudio concluye que una de las razones es la actualidad política vinculada al 'brexit'. Joe Staton, su director de estrategia, explica que los consumidores son como los mercados y no son inmunes a las declaraciones de sus gobernantes explicando que todo puede empeorar.

Un "pobre libre" 

Pero contra lo que parecería normal, a muchos partidarios del 'brexit' que la situación económica pueda empeorar no parece preocuparles en demasía. Es aquí cuando resulta fácil comprobar que, como ya señaló el más carismático de los 'brexiteers', Boris Johnson, estamos ante un tema en el que los sentimientos importan más que las razones. A Nathan Hood, un estudiante de posgrado de una zona rural escocesa afirma sin mover una ceja que “prefiero ser un pobre libre que un esclavo de Europa rico”. Hood, que ha votado siempre a los 'tories', dice que ya no podrá votarles de nuevo tras haber quedado demostrado que son incapaces de hacer aquello que los ciudadanos quieren mayoritariamente, que es un 'brexit' sin contemplaciones.

Sin abandonar Escocia, Pete Richie, un granjero de 62 años, también está harto del 'brexit', pero por las razones contrarias. Richie atribuye la intransigencia de los partidarios acérrimos del 'brexit' sin acuerdo a la nostalgia de un Reino Unido imperial que no volverá a existir jamás. "Theresa May ha sobrevido a los ataques de este tipo de gente que no sabe entender que el mundo de hoy está interconectado". A su entender, lo mejor que podría pasar es que se diera de nuevo voz a la gente en un nuevo referéndum en los términos que determine la primera ministra.

Sentimientos y estadísticas

Uno de los sectores que, según el Banco de Inglaterra, se verá más afectado en el caso de que el Reino Unido abandone la Unión Europea sin acuerdo será el inmobiliario. Pero nuevamente los sentimientos se anteponen a las cifras, estadísticas y previsiones oficiales. John Coner, londinense, está al frente de un negocio inmobiliario en Chelsea y, aunque es partidario de que el Parlamento dé el visto bueno al acuerdo que Theresa May ha alcanzado con la Unión Europea, no duda en afirmar que, si finalmente no se aprueba, hay que dar un portazo igualmente. "Los desastres que se anuncian no son verdad. El problema es que el Gobierno no cree en las posibilidades de nuestro país. Una vez tengamos las manos libres podremos negociar libremente con todo el mundo y la libertad es el primer ingrediente de todos los negocios, también del inmobiliario".

El contrapunto lo pone Sam Taft, que trabaja en proyectos de integración social en el sur de la capital inglesa. Para ella, el segundo referéndum es imprescindible porque la gente votó engañada en el primero. Se indigna con quien antepone los sentimientos de la grandeza nacional al riesgo económico del 'brexit': "Solo puede pensar así alguien que no teme de verdad por su futuro. Quienes pisamos la calle sabemos que las cosas ya son lo bastante difíciles como para añadir más leña al fuego". Una de las cosas que más le duele recordar de cuando se votó el referéndum es que se dio cuenta que muchos ciudadanos británicos de ascendencia asiática, africana o caribeña se decantaban por el 'brexit', porque entendían que los europeos tenían unas ventajas para instalarse en el Reino Unido que no aplicaba en el caso de sus familiares o amigos.