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JUICIO EN EEUU

El caso de Maria Butina, la espía rusa que Putin no reconoce

La joven prevé declararse culpable del delito de intentar influir en la política exterior de EEUU hacia su país y cooperar con la justicia de EEUU

Marc Marginedas

El caso de Maria Butina, la espía rusa que Putin no reconoce

Muchos ojos en Rusia están pendientes de lo que pueda suceder en los próximos días en un tribunal del distrito de ColumbiaMaria Butina, la joven pelirroja de nacionalidad rusa que llegó a EEUU en el 2015 a estudiar Relaciones Internacionales y que ha sido acusada de infiltrarse la poderosa Asociación Nacional del Rifle para intentar influir en la política exterior estadounidense hacia el Kremlin, debe aparecer ante la juez Tanya Chutkan para declararse culpable de los delitos. Según fuentes próximas al caso, la acusada ya ha comenzado a cooperar con los investigadores acerca de sus contactos y actividades en suelo norteamericano.

Como un resorte, nada más saberse su disponibilidad a colaborar en la investigación estadounidense, el Kremlin se ha desmarcado de ella. Según ha declarado el propio presidente Vladímir Putin, en sus servicios secretos "nadie sabe nada de ella", y solo se la conocía en el "Consejo de la Federación", donde "había trabajado para un senador".

Su padre, Valeri Butin, ha aparecido en la cadena RT negando todos los cargos contra su hija y adelantando que ella "no acusará a nadie falsamente" ni se declarará culpable de "delitos que no ha cometido". Con anterioridad, el 'caso Butina' ya había sido abordado al menos en dos ocasiones por los ministros de Exteriores de ambos países, Serguéi Lavrov y Mike Pompeo, y motivó una frenética actividad de representantes diplomáticos rusos en EEUU, algo que no siempre sucede con los prisioneros de este país en el extranjero.

Algunos analistas piensan que todo este interés de Moscú en airear el caso darle publicidad responde a que el Kremlin considera que los cargos contra ella son "débiles" y que gracias al 'caso Butina' podría anotarse un tanto propagandístico frente a EEUU si finalmente los fiscales no logran probar sus acusaciones contra Butina.    

  

Conservadora y amante de las armas

En su país de origen, Butina demostró ser una mujer que encajaba perfectamente con valores predominantes entre la clase dirigente rusa. Profúndamente conservadora, y amante de las armas, intentó lanzar una carrera política como lobista del derecho a portarlas, en un país donde los ciudadanos mayores de 18 años pueden obtener una licencia tras pasar exámenes sobre seguridad y sobre su pasado. Hace tres años, abandonó sus actividades en Rusia y se traslado a EEUU, donde conoció a importantes personalidades vinculadas a la ANR y al Partido Repúblicano, incluyendo a su pareja, Paul Erickson, casi 30 años mayor que ella y defensor del derecho a llevar armas como ella.

De ser ciertos los cargos contra ella, Butina estaría muy lejos del estereotipo de espía que intenta pasar desaperciba en un país hostil. Durante su estancia en EEUU, ha mantenido siempre una frenética actividad en las redes sociales, publicando fotos posando con armas, o con importantes personalidades del mundo conservador norteamericano, incluyendo a Donald Trump jr, hijo del presidente Trump, y gobernadores republicanos. Es cierto que mantuvo una relación muy estrecha con Aleksándr Torshin, exvicegobernador del Banco Central ruso y miembro vitalicio de la ARN. Sin embargo, se han desestimado algunas de las acusaciones que se hicieron en su día y que capturaron la atención de la prensa sensacionalista, como que intercambió favores sexuales a cambio de información política.

Butina fue arrestada en el marco de una operación de contraespionaje en EEUU el pasado verano al margen de la investigación que desarrolla el fiscal especial Robert S. Mueller III sobre la colusión Trump-Rusia. Desde entonces ha permanecido aislada en una cárcel de Alexandria, en Virginia, donde precisamente se halla encerrado el exjefe de campaña de Trump, Paul Manafort. Una vez haya cumplido la pena de prisión que le será asignada, muy probablemente será deportada a su país de origen. La intensidad con la que se la ha defendido desde instancias oficiales rusas hace pensar que a si retorna, será presentada, no solo como una víctima de la justicia de EEUU, sino también como una héroe, al igual que lo fue en su día Anna Chapman, la modelo rusa detenida por el FBI y devuelta en el 2010 a su país en un intercambio de espías.