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DISTENSIÓN EN LA PENÍNSULA ASIÁTICA

Un tren surcoreano cruza la frontera con Corea del Norte por primera vez en una década

Técnicos de Seúl inspeccionarán las anticuadas líneas ferroviarias del país vecino para cooperar en su modernización

La iniciativa es un nuevo avance en el proceso de paz impulsado en la histórica cumbre presidencial del año pasado

Adrián Foncillas

Un tren traslada a funcionarios surcoreanos por territorio norcoreano.

Un tren traslada a funcionarios surcoreanos por territorio norcoreano. / KIM HONG-JI (AFP)

El proceso de paz en la península coreana sigue sumando mojones. Un tren del sur se ha adentrado por primera vez en más de una década en territorio del norte. A bordo viajan docenas de funcionarios e ingenieros para calibrar el desastre ferroviario vecino y las reformas que serán necesarias para modernizar las infraestructuras. Es el paso previo para unir a Corea del Norte y del Sur por tren, uno de los proyectos pactados en la histórica cumbre presidencial del pasado año.

Los seis vagones han partido este viernes desde la estación de Dorasan, en el norte de Seúl, y atravesado la zona desmilitarizada que sirve de frontera. El convoy portaba una pancarta presentándose como un caballo de acero que galopa hacia una era de paz y prosperidad. Los técnicos inspeccionarán durante los próximos 18 días unos 1.200 kilómetros de dos líneas ferroviarias que cruzan el país de este a oeste. La misión ha requerido el visto bueno de la ONU porque violaba el embargo internacional.

Kim Jong-un había reconocido en aquella cumbre de Panmunjon que el estado de la red nacional es "vergonzoso" en un raro gesto de humildad de un régimen que ensalza su poderío comunista. El contraste a ambos lados del paralelo 38 es doloroso. Corea del Sur dispone de trenes de alta velocidad y las refulgentes infraestructuras que se esperan de uno de los países más tecnificados del mundo. Los trenes del norte son desesperantemente lentos e impuntuales y el grueso de su red data de principios del siglo pasado, antes de la guerra que devastó el país. Su modernización necesitará una inversión millonaria que partirá del sur, lo que genera indignación en la oposición conservadora.

Economía estrangulada

Moon Jae-in, presidente surcoreano e incansable luchador por la paz, incluyó el proyecto ferroviario en su plan de colaboración económica con el que pretende amansar a Pionyang. La economía norcoreana, estrangulada por las sanciones internacionales, necesita de divisas extranjeras y ha apremiado a Seúl para que reabra complejos de explotación mixta como Kaesong. Moon avanza en la pacificación pero sin violar el embargo de la ONU ni boicotear la línea dura de Washington, su tradicional aliado.

El equilibrio es complicado. El Ejército estadounidense, al cargo de la zona desmilitarizada, impidió en agosto que un tren surcoreano siguiera hacia el norte alegando unos improbables vicios de forma en la solicitud. Unos días antes ya había bloqueado la apertura de una oficina surcoreana en el complejo de Kaesong.

El buen ritmo del proceso de paz en la península contrasta con el estancamiento de las negociaciones para la desnuclearización del norte entre Pionyang y Washington. La segunda cumbre entre Donald Trump y Kim Jong-un ha sido pospuesta para algún momento sin determinar del próximo año.