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TENSIÓN MIGRATORIA

Trump endurece la frontera y amenaza con disparar contra los inmigrantes

En un paso de dudosa legalidad permite que los soldados puedan usar "fuerza letal"

Tiene a punto un plan para obligar a los solicitantes de asilo a quedarse en México

Idoya Noain

Agentes de la patrulla de fronteras de EEUU, junto a la valla que les separa de Tijuana.

Agentes de la patrulla de fronteras de EEUU, junto a la valla que les separa de Tijuana. / AP

Quedarse en México” no es la idea con la que han llegado hasta Tijuana los cerca de 3.000 integrantes de la caravana que salió de Honduras en octubre a la que sumaron otros centroamericanos, ni los otros 2.000 migrantes que ya esperaban en la ciudad de Baja California su turno para pedir asilo en Estados Unidos, ni los cientos más que siguen intentando llegar. Eso es, no obstante, lo que tiene en mente para ellos el presidente Donald Trump, cuyo Departamento de Seguridad Nacional tiene preparado un plan bautizado precisamente así que pretende cambiar las reglas del proceso y obligar a los solicitantes de asilo a esperar en el país vecino y no, como hacían hasta ahora, en EEUU.

El plan, a cuyos borradores ha tenido acceso The Washington Post, podría entrar en vigor en los próximos días, aunque puede chocar con batallas legales dentro de EEUU y deberá superar también complicadas negociaciones con México, donde la ley no contempla la obligación de acoger a solicitantes de asilo en otro país.

Es solo una de las medidas con las que Trump y sus asesores más extremistas en cuestiones de inmigración han endurecido en los últimos días su actuación en la frontera, con el presidente especialmente furibundo tras la decisión de un juez federal de frenar otro de sus intentos de cambiar las leyes de asilo, concretamente la proclamación que firmó el 9 de noviembre vetando la opción de solicitarlo a quienes cruzaran sin papeles la frontera.

Fuerza letal

El paso más duro en esta nueva fase del proceso se dio el martes cuando John Kelly, jefe de gabinete de Trump, firmó a instancias del presidente una directiva que da autorización para usar “fuerza letal” a los 5.800 soldados en activo desplegados en la frontera, donde también Trump ha colocado a unos 2.100 miembros de la Guardia Nacional. Ese poder es legalmente cuestionable según numerosos expertos. Aunque la Administración la justifica como una opción para defender a los agentes fronterizos, choca frontalmente con la Posse Comitatus, una ley federal que desde 1878 prohíbe a las fuerzas armadas de EEUU actuar como agentes de la ley dentro de sus fronteras.

Incluso Kelly se oponía a firmar la autorización, que pilló por sorpresa al secretario de Defensa, James Mattis, que el miércoles negó categóricamente que los soldados fueran a usar armas de fuego en sus tareas de apoyo a las fuerzas fronterizas. El jefe del Pentágono insistió en que incluso con la directiva él tiene la última palabra y dijo que, por ejemplo, si los agentes fronterizos fueran atacados con piedras los soldados podrían actuar y detener al agresor, pero aclaró que los militares “no estarán armados con un arma de fuego”.

Turbulencias internas

Trump sigue actuando movido por el mensaje a su base, a la que siempre ha arengado usando un discurso de mano dura en la frontera y de criminalización del inmigrante. Es una retórica que mantiene con la caravana, a la que en la campaña para las legislativas describió como “invasión”. Ahora asegura, sin dar pruebas, que hay 500 criminales. El jueves llegó a decir que si la situación llega a un nivel en que pierda el control,  optaría por "cerrar toda la frontera".

Trump se mueve también, no obstante, por las turbulentas corrientes enfrentadas dentro de su equipo. Asesores extremistas como Stephen Miller, uno de los principales arquitectos de la férrea política migratoria, gozan de influencia en el presidente. Mientras, han perdido su confianza altos cargos como Kirstjen Nielsen, la secretaria de Seguridad Nacional y una protegida de Kelly, y el propio KellySe da por hecho que Trump sacará muy pronto a ambos de su gabinete. Y el lunes, cuando se discutió la autorización del uso de fuerza letal en la Casa Blanca en una reunión “explosiva” según el relato de Politico, Kelly y Nielsen se opusieron a una decisión que también desaconsejaba el principal abogado de la Casa Blanca, advirtiendo de su dudosa constitucionalidad. Acabaron teniendo que ceder.