22 feb 2020

Ir a contenido

CONMOCIÓN EN EL PAÍS ASIÁTICO

Condenado por violación el líder de una secta surcoreana que defendía la castidad

La justicia impone 15 años de prisión al pastor Lee Jaerock por acosar y abusar de sus fieles durante años

Adrián Foncillas

El pastor surcoreano Lee Jaerock, a su llegada al tribunal de Seúl que le juzgó.

El pastor surcoreano Lee Jaerock, a su llegada al tribunal de Seúl que le juzgó. / JUNG YEON-JE (AFP)

El líder de una secta que pontificaba sobre la castidad ha sido condenado a 15 años de cárcel por acosar y violar a sus fieles. El pastor Lee Jaerock no aportó grandes novedades al libro de estilo del gremio. Subrayó durante años su carácter divino para anular las resistencias de sus víctimas. El caso devuelve el foco a la miríada de religiones tradicionales, cultos de todo pelaje y chamanes en una sociedad que busca a menudo un asidero espiritual frente a la hipertecnología competitividad extrema.

La justicia ha condenado a Lee por 42 cargos de acoso y asalto sexual a ocho miembros de la Iglesia Central Manmin. Las jóvenes, todas ellas veinteañeras, sufrieron los ataques durante años, a veces en solitario y otras en grupo. La sentencia establece que, aunque habían superado la edad de consentimiento, no pudieron negarse por su "absoluta fe en la infalibilidad" del acusado. Lee se presentaba en sus sermones como el Espíritu Santo. "No pude rechazarlo. Era más que un rey, era Dios", aclaró una de las víctimas durante el proceso. 

Las mujeres pertenecían a la organización desde su nacimiento o el colegio y habían sido educadas en la obediencia al líder. Las dudas, sin embargo, empezaron a aflorar y el movimiento global del #metoo precipitó sus denuncias a principios de año. Lee escuchó la sentencia en postura de concentración extrema mientras un centenar de sus fieles le apoyaban en la sala abarrotada. El condenado negó los cargos y acusó a las ocho mujeres de pretender vengarse tras ser expulsadas por quebrantar el código de la organización. 

Excomulgado

Lee había fundado la secta casi 40 años atrás en Guro, un distrito entonces deprimido de Seúl. Aquella docena de seguidores ha crecido hasta los 130.000 y la organización cuenta hoy con una epatante sede y un amplio auditorio. Las autoridades católicas le habían excomulgado tras clamar que había sanado cánceres y sorderas entre otros milagros.

Las creencias religiosas están muy asentadas en Corea del Sur. Es, junto a Filipinas, el país más fervientemente católico de Asia. El cristianismo y el budismo son las religiones más populares, pero entre sus pliegues abundan cultos más o menos inquietantes que se arrogan la pureza frente a las grandes ramas. Más de 60 líderes cristianos se presentan como el hijo de Dios o directamente Dios, según el Instituto Cristiano de Investigación de Herejías de Corea. Esas congregaciones han protagonizado capítulos luctuosos como el suicidio de 32 miembros de la secta Odaeyang en 1987 junto a su líder.

La luz que prometen en medio de la incertidumbre y la desolación también atrajo a la expresidenta Park Geun-hye, ahora en la cárcel por el mayor escándalo de corrupción que se recuerda en el país. Park había visto en su adolescencia los asesinatos de sus padres y acabó en la órbita de un oscuro predicador que, según las agencias de información estadounidenses, poseía un control absoluto sobre ella. Tras la muerte del predicador fue relevado por su hija, Choi Soon-sil, más conocida como la Rasputina surcoreana. La prensa nacional describió dos años atrás a un misterioso grupo esotérico comandado por Choi que decidía sobre la política de Corea del Norte y otros asuntos sensibles.

La insistencia en presentar a Choi como chamán generó la protesta del gremio. La organización nacional de chamanes lamentó la reputación de charlatanes corruptos con la que se les estigmatizaba y cientos de ellos firmaron una carta pidiendo a la prensa que abandonaran ese calificativo para referirse a Choi. Corea del Sur cuenta con 300.000 chamanes registrados, es decir, uno por cada 165 personas. Muchos surcoreanos acuden a ellos en busca de respuestas ante problemas médicos, para conocer el futuro o en busca de consejo. Durante la ocupación japonesa (1910-1945) fueron desdeñados por fraudulentos y timadores pero la transformación económica y tecnológica los ha devuelto.