GEOPOLÍTICA Y SEGURIDAD

Europa ya ha levantado 1.000 km de muros contra la inmigración

El discurso ultra del miedo lleva a la mitad de estados comunitarios a erigir barreras físicas y virtuales

Inmigrantes subsaharianos celebran haber superado la valla fronteriza que separa Marruecos de Ceuta, el pasado julio.

Inmigrantes subsaharianos celebran haber superado la valla fronteriza que separa Marruecos de Ceuta, el pasado julio. / periodico

Víctor Vargas Llamas

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Muros de alambrada. Muros de piedra y hormigón. Muros por tierra, mar y aire. Muros de miedo, que ni siquiera se ven, pero se hacen notar. La obsesión de Europa por fortificarse y evitar la llegada masiva de inmigrantes se materializa en la construcción de cerca de 1.000 kilómetros de barreras, físicas y virtuales. Casi tres décadas después de que cayera el Muro de Berlín y crecieran las esperanzas de un mundo que no volviera a sufrir las secuelas de la segregación, el Viejo continente parece más decidido que nunca blindar su territorio soberano.

Al dictado de una política internacional dominada por la desconfianza y el temor ante una amenaza exterior en forma de personas, se fomentan las bases de esa "Europa fortaleza", que se describe en el estudio Levantando muros, realizado por Ainhoa Ruiz Benedicto y Pere Brunet e impulsado por el Centre Delàs d’Estudis per la Pau, el Transnational Institute y Stop Wapenhandel. "Se equipara a los refugiados con criminales para justificar la adopción de medidas de control y vigilancia con los que segurizar el movimiento de personas", destaca Ruiz Benedicto.

Exuberancia

El análisis destaca que Europa ha pasado de tener dos muros en la década de los 90 a una quincena registrados el año pasado. Y subraya el año 2015 en el calendario como un periodo clave para entender esta escalada en la estrategia de blindaje del continente. Solo ese año, se elevaron siete nuevas barreras. Casi la mitad de los 28 estados miembros de la UE han fortoficado sus delimitaciones territoriales: España, Grecia, Hungría, Bulgaria, Austria, Eslovenia, Reino Unido, Letonia, Estonia y Lituania. A ese listado se suma Noruega, fuera de la organización comunitaria, pero miembro del espacio Schengen. En esa nómina, destacan España y Hungría, que han alzado muros para controlar migraciones, así como Austria y el Reino Unido, que han delimitado el espacio en sus fronteras compartidas con países del espacio Schengen. También Eslovaquia ha optado por esta medida, en su caso con fines de segregación racial.  

En el contexto de esa exuberancia defensiva deben contabilizarse también las barreras marítimas, especialmente en el Mediterráneo. El informe pone el foco en el dispositivo comunitario en alta mar para evidenciar que la mayoría de esas operaciones han tenido como mandato principal la disuasión y la lucha contra la criminalidad "pero no el rescate de personas". "Solo una de las siete operaciones marítimas de la UE, la del Mare Nostrum que coordinó el Gobierno italiano, incluyó a organizaciones humanitarias en su flota, pero acabó reemplazada por la operación Tritón, con un presupuesto menor", detalla Ruiz Benedicto.

Amenaza

Y para culminar el recuento de esa logística ultrapotectora, los muros mentales, aquellos que no se aprecian, pero van calando en el imaginario colectivo a lomos de la narrativa del miedo que difunden los partidos de extrema derecha. Formaciones políticas en auge, que señalan a los inmigrantes como amenazas potenciales para el equilibrio y el bienestar futuro de las sociedades autóctonas. Ya son 10 los estados de la UE que tienen partidos xenófobos con presencia representativa en el panorama político local, la que les avala un mínimo de medio millón de votos en citas electorales en los últimos ocho años.

A raíz de esta tendencia, se justifica la aparición de programas de restricción de la circulación  de personas y aquellos que se centran en la recogida de datos biométricos. Información que engrosa las bases de datos del EURODAC (el centro europeo de control de huellas dactilares para identificar a los solicitantes de asilo y a los inmigrantes irregulares), y que se emplea en el establecimiento de "pautas y patrones de los movimientos de personas". Aumentan las sospechas sobre el recién llegado, el desconocido, que en este escenario pasa a convertirse en una amenaza. El informe pone el foco en cómo se fomenta la sensación de inseguridad, la irrupción del "miedo".

La situación ideal para legitimar una carrera de obstáculos "sociales, políticos y físicos" acoplados a un engranaje de políticas xenófobas que si de algo son garantía es de consolidar "problemas estructurales de violencia global  y desigualdad económica". "La extrema derecha manipula a la opinión pública para crear temor y recelos irracionales hacia las personas refugiadas –revelan Brunet y Ruiz Benedicto--. Se establecen así muros mentales en las personas que, más adelante, exigirán la construcción de muros físicos”.