Ir a contenido

INICIATIVA MEDIOAMBIENTAL

Palaos declara la guerra a las cremas solares

La pequeña isla asiática las prohibirá para proteger sus corales y el ecosistema marino

Adrián Foncillas

Un hombre bucea en  aguas de la República de Palau.

Un hombre bucea en  aguas de la República de Palau. / EFE / David Barbeler

Un diminuto país del sudeste asiático ha prendido la guerra mundial contra las cremas solares que los informes científicos habían azuzado. La República de Palaos ha aprobado una ley que las prohibirá a partir del 2020 para salvaguardar sus icónicos corales, impondrá su confiscación a los turistas y multas de mil dólares (unos 900 euros) a los establecimientos que las importan o vendan.

Palaos es un elitista destino turístico de aguas prístinas a la derecha de Filipinas y a medio camino entre Japón y Australia. A la isla acuden miles de turistas en busca de esos jardines subterráneos de alambicada arquitectura y explosivo cromatismo. Se entiende, pues, el interés nacional por preservarlo.

Un ecosistema en peligro

El mar recibe unas 14.000 toneladas anuales de crema solar. Varios estudios científicos ya habían alertado de los riesgos para el ecosistema marino en general y los corales en particular. El portavoz presidencial, Tommy Remengesau, recordó su toxicidad incluso en pequeñas dosis tras exponer sus cálculos: los cuatro barcos cargados de turistas que reciben cada hora los puntos de buceo más célebres suponen litros diarios de crema solar. “El riesgo de confiscación debería ser suficiente para detener su uso y las sanciones son un inteligente equilibrio entre educar a los turistas y asustarlos”, explicó.

La ley empezó a gestarse en el estudio del 2017 que detectó las altas concentraciones de componentes tóxicos en el famoso Lago de las Medusas. La alarmante desaparición de esos invertebrados forzó su cierre durante más de un año.

Los mayores peligros vienen de la oxibenzona y el octinoxato, frecuentes en las lociones por su eficacia contra los rayos ultravioletas. Estudios de laboratorio han demostrado que aceleran el blanqueamiento del coral, reducen su resistencia ante el cambio climático, detienen el crecimiento de los ejemplares más jóvenes y extienden sus efectos en un radio de cinco kilómetros. Palaos ampliará la prohibición a una decena de componentes que contienen más de la mitad de las cremas del mercado.

Críticas a la industria

Algunos fabricantes ya anuncian sus cremas como “amable con los corales” tras sustituir esos elementos por otros menos dañinos como el dióxido de titanio y el óxido de zinc. Los ecologistas, sin embargo, han lamentado que el grueso de la industria justifique su inmovilismo en la presunta inconsistencia de las evidencias científicas.

El contexto sugiere un cambio de estrategia forzoso. La sensibilidad global contra las lociones se ha disparado en los últimos años. Hawaii aprobó su prohibición en marzo, aunque la ley no entrará en vigor hasta 2021 y permitirá excepciones con prescripción médica. También las ha prohibido México en sus reservas naturales.

Una isla reivindicativa

La pequeña isla del sudeste asiático es una admirable defensora del medioambiente. Fue el segundo país en ratificar el acuerdo climático de París del 2016 y ha aprobado una escrupulosa legislación contra los usos agrícolas, pesqueros y turísticos que amenazan su ecosistema. Creó el primer santuario para tiburones en el 2009, proscribió la pesca comercial en todas sus aguas y el pasado año introdujo la “Promesa de Palaos”: es un compromiso firmado por todos los turistas a respetar la naturaleza grapado al pasaporte.