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ELECCIONES EN EEUU

Trump, con la vista en el 2020

El presidente prepara una profunda remodelación de su gabinete pensando en la campaña de reelección

Se da por segura la salida de Sessions, el fiscal general, recusado de las investigaciones del 'Rusiagate'

Idoya Noain

Trump saluda al presentador de televisión Sean Hannity en un mitin en Cape Girardeau, en Misuri, este lunes.

Trump saluda al presentador de televisión Sean Hannity en un mitin en Cape Girardeau, en Misuri, este lunes. / JIM WATSON (AFP)

Donald Trump le gusta presumir de que no sigue las reglas habituales que han marcado otras presidencias, pero hay algo en lo que no le importa ser tradicional. Este lunes, antes de participar en uno de los tres mítines que protagonizó en la víspera de elecciones, adelantó que su gabinete sufrirá alteraciones pase lo que pase en los comicios. "Las Administraciones normalmente hacen cambios tras las legislativas y probablemente entraremos en esa categoría. Creo que es la costumbre", declaró.

La sacudida de su gobierno, que se anticipaba desde hace tiempo, coincide con precedentes históricos de otros presidentes que aprovecharon las legislativas para resetear. En su caso, no obstante, será el nuevo de múltiples cambios que, en menos de dos años, han hecho ya de su Administración una de las más convulsas en la historia de Estados Unidos. Y aunque el calendario y la profundidad de las modificaciones pueden verse influidos por los resultados de estos comicios, hay algo previo que ya marca los planteamientos de su rediseño.

"Quiere el equipo A más fuerte de cara a 2020", le decía hace unos días a Politico un republicano cercano a la Casa Blanca. "Busca gente que dé mejores resultados y todas estas decisiones las está tomando en el contexto de la campaña de reelección", añadía.

Sessions y el ‘Rusiagate’

Nadie parece más destinado a buscar un nuevo empleo que Jeff Sessions, el fiscal general. Trump nunca ha ocultado, ni en privado ni en público, su indignación porque Sessions se recusara de la investigación del ‘Rusiagate’, que más allá de las pesquisas de Robert Mueller puede cobrar nueva fuerza en el Congreso si los demócratas recuperan la Cámara baja.

Y poco importa que el que fuera ultraconservador senador de la sureña Alabama haya apoyado gustoso desde el Departamento de Justicia las políticas más extremas de Trump en inmigración, la línea dura en materias de ley y orden o, este mismo lunes, las advertencias sin fundamento sobre posible fraude electoral que tienen un tufo de amenaza para desincentivar el voto de minorías. Su salida se da por hecha y no se descarta que se entere de mala manera por un tuit presidencial.

Tampoco tiene garantizado el sueldo como Secretaria de Seguridad Nacional Kirstjen Nielsen, a quien Trump no ve como suficientemente determinada en la lucha contra la inmigración. Han chocado en peleas que han transcendido y en parte Nielsen solo ha sobrevivido hasta ahora porque es una de las protegidas de John Kelly, el jefe de gabinete de Trump. Si este se marchara (aunque se ha publicado que el presidente le ha pedido que se quede hasta el 2020), Nielsen sería baja segura. Incluso si Kelly no se va posiblemente también. Según otro artículo sobre los planes en el Ala Oeste en The Washington Post, Trump ya le está buscando relevo.

Escándalos y desencuentros

Hay otros nombres en las quinielas. Aparece, por ejemplo, el de Ryan Zinke, secretario de Interior, que está bajo la sombra de una potencial investigación de Justicia. A Zinke le han sacudido revelaciones acerca de unos acuerdos sobre terrenos en Montana en los que podría beneficiarse de expansiones de perforaciones que dependen de su cartera, pero enfrenta también otros problemas éticos, desde haber intentado hacer a su esposa "voluntaria" de Interior para que viajara gratis o llevar a donantes en viajes oficiales. Hasta Trump ha dicho que estudiará las investigaciones y "no estaría feliz en absoluto" si se prueba la corrupción. Y escándalos similares ya le llevaron a verse forzado a decir adiós al Administrador de la Agencia de Protección Ambiental, Scott Pruitt, pese que era uno de sus favoritos.

Lo que Trump niega es que quiera despedir al secretario de Defensa, Jim Mattis, aunque ambos mantienen lo que una fuente de la Casa Blanca ha definido como "una relación de trabajo incómoda" y el propio presidente, en una entrevista reciente, dijera que el militar es "una especie de demócrata"”. Y aunque no ha hablado públicamente de Wilbur Ross, su secretario de Comercio, han trascendido su descontento con su estilo negociador y comentarios despectivos que ha hecho sobre él.