14 ago 2020

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guerra fría

La vida y casi muerte del espía Skripal

Un libro cuenta la misteriosa vida del doble agente ruso al que el Kremlin quiso asesinar en Inglaterra

Begoña Arce

Sergei Skripal cuando fue juzgado en Moscú en agosto del 2006.

Sergei Skripal cuando fue juzgado en Moscú en agosto del 2006. / AFP / YURI SENATOROV

Sergei Skripal era un perfecto desconocido. Un jubilado sin historias, residente en la apacible ciudad de Salisbury, al sur de Inglaterra. Un hombre del que nadie había oído hablar hasta el 8 de marzo de ese año. Ese día, en el que casi pierde la vida, su nombre dio la vuelta al mundo. Skripal y su hija Yulia habían sido envenados con novichov, una sustancia química de fabricación rusa. La identidad del jubilado de 67 años hizo sonar todas las alarmas. Se trataba de un antiguo espía ruso. Un doble agente, que antes de ser descubierto y encarcelado, había pasado información a los británicos del MI6 durante ocho años. En el 2010 salió de la cárcel para instalarse en el Reino Unido en un canje de espías. ¿Por qué el Kremlin tenía interés en acabar con alguien que llevaba tiempo fuera de la vida activa?

Dos viajes previos 

“Era una operación a largo plazo. Le estaban vigilando desde hacía dos años. Agentes rusos viajaron a Salisbury en el 2016 y el 2017”, señala el escritor y periodista de la BBC, Mark Urban, en la presentación de, 'Los documentos de Skripal. La vida y casi muerte de un espía ruso', un libro lleno de interrogantes sobre un caso que está lejos que haber concluido. “El correo electrónico de  Yulia estaba intervenido desde el 2013. Sabían que iba a ver a su padre. Es posible que decidieran actuar y aprovechar ese viaje”.  Cuatro meses después del ataque un frasco de perfume con novichov, abandonado en una papelera causó una víctima mortal. “Nadie ha explicado todavía dónde estuvo esa sustancia durante ese tiempo. En la papelera desde luego no”.   

Traición por dinero

El pasado año Urban entrevistó a Skripal, poco dado a hablar con la prensa, para un libro sobre espionaje al final de la Guerra Fría. Se encontró con un patriota, que veía a diario el canal de la televisión rusa más fiel al Kremlin y compartía muchas de las decisiones de Vladimir Putin, incluida la invasión de Crimea. Si traicionó a su país fue por dinero, no por motivos ideológicos.    

Skripal no ha querido volver a hablar con el periodista, ni con otros medios de comunicación desde que salió del hospital. Él y su hija se hallan en algún lugar secreto, viviendo bajo protección. Yulia había venido para dos semanas y querría volver a Rusia. “Allí tiene su novio, su perro, al que tiene mucho cariño”. Le será difícil que pueda retornar a su vida del pasado.  Sergei ya había descartado por completo volver. “No sé dónde están”, repite Urban, “quizás en otro país. Sólo sé que, en los meses posteriores al ataque los dos se encontraban en el Reino Unido”