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CONFLICTO DIPLOMÁTICO

Riad quiso convencer a la Casa Blanca de que Khashoggi era un islamista peligroso

Turquía afirma que el cuerpo descuartizado del periodista fue disuelto en ácido

EEUU reimpone todas las sanciones a Irán mientras busca un alto en fuego en Yemen

Ricardo Mir de Francia

Acto de homenaje de este viernes a Khashoggi en Washington.

Acto de homenaje de este viernes a Khashoggi en Washington. / AFP / JIM WATSON

No parece que iba demasiado desencaminado Donald Trump cuando dijo que “el encubrimiento saudí del asesinato de Khashoggi es el peor en la historia de los encubrimientos”. Así se desprende de las versiones que ha ido dando el Reino de lo sucedido hace un mes en el consulado de Estambul. Primero dijo que el periodista salió por su propio pie de la legación; luego aseguró que había muerto tras una pelea dentro del consulado; y, más tarde, certificó tras una investigación que su asesinato fue “premeditado”. A esa desastrosa gestión de la crisis desde un punto de vista de las relaciones públicas se añade ahora un nuevo elemento. En una conversación con altos cargos de la Casa Blanca, el príncipe Mohamed Bin Salman describió a Khashoggi como un peligroso islamista días después de su asesinato, según publica ‘The Washington Post’.

La llamada del todopoderoso heredero al trono se produjo cuando el columnista saudí del Post, residente en Virginia, estaba todavía oficialmente desaparecido. Al otro lado de la línea le escuchaban el asesor de seguridad de la Casa Blanca, John Bolton, y Jared Kushner, yerno del presidente y punto de contacto de la monarquía saudí en Washington. Bin Salman les dijo que Khashoggi era un peligroso islamista afiliado a la Hermandad Musulmana, una afirmación que ha negado tajantemente la familia del periodista. La Hermandad es una de las bestias negras de Riad, pero también de la Administración Trump, que ha intentado sin éxito ilegalizarla en el Congreso aduciendo que es un grupo terrorista.

Lamento público

El aparente intento saudí de criminalizar a Khashoggi contrasta con el lamento público expresado la semana pasada por Bin Salman, al que prominentes columnistas de la prensa estadounidense describían hasta hace poco como “un reformista”. “Lo que ha sucedido es muy doloroso para todos los saudís”, dijo entonces el príncipe heredero. Sus diplomáticos han negado que la conversación se produjera en los términos publicados. 

Desde Turquía siguen llegando nuevos detalles escabrosos sobre la muerte de Khashoggi. Las últimas informaciones aportadas por su Gobierno apuntan a que el cuerpo del periodista fue disuelto en ácido para hacerlo desaparecer, el mismo método que utilizan el narco y otras organizaciones criminales.

Ante la indignación que ha despertado el caso en Estados Unidos, la Administración Trump se ha visto obligada a hacer varios gestos para contentar al Congreso, donde crecen las voces que abogan por suspender la venta de armas a Riad. Esta misma semana, los jefes del Pentágono y la diplomacia han pedido a Arabia Saudí que detenga la devastadora guerra que libra en Yemen y busque un alto el fuego con los hutis, un movimiento al que ambos países acusan de estar respaldado por Irán. Pero todo indica que sus llamamientos han sido ignorados. Varias fuentes sostienen que la coalición saudí bombardeó el viernes varias posiciones en Yemen, el país más pobre de Oriente Próximo, donde la hambruna provocada por el conflicto está haciendo estragos.

Sanciones a Irán

Los llamamientos estadounidenses para el alto el fuego tienen una cosa en común: todos reclaman que sean primero los hutis los que dejen de disparar. Una condición que se ha vuelto este viernes más complicada, después de que la propia Casa Blanca reimpusiera todas las sanciones contra Irán que fueron levantadas tras el acuerdo nuclear del 2015. Y es que si Teherán tiene verdaderamente influencia sobre los huthis, cuesta pensar que cuente ahora incentivo alguno para apoyar el alto el fuego, a menos que opte por la capitulación.

El paquete de sanciones es masivo y busca estrangular la economía persa. Afecta al petróleo, pero también a su sector financiero, sus puertos, sus aseguradoras o sus compañías de transporte marítimo. También se cebará con las compañías extranjeras que hacen negocios con Teherán, ya que quedarían excluidas del sistema financiero estadounidense si no cortan todos los lazos con la economía iraní.