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Elecciones en EEUU

Beto O'Rourke, la esperanza demócrata

Progresista, civilizado, mediático y viral, el aspirante a desbancar a Ted Cruz en el Senado inyecta la ilusión de cambio más allá de Texas

Idoya Noain

El candidato demócrata para senador por Texas, Beto ORourke, posa junto a dos seguidoras en la localidad de Waco.

El candidato demócrata para senador por Texas, Beto ORourke, posa junto a dos seguidoras en la localidad de Waco. / LARRY W. SMITH (EFE)

En Texas ser progresista muchas veces se lleva en silencio. Es lo que suelen hacer Sam y Janet, un matrimonio blanco de jubilados que vive en una comunidad para mayores de 55 años en San Antonio. Cuentan que "con los vecinos no se puede hablar de política, de sanidad, control de armas, cambio climático o inmigración porque no se puede razonar". Él, que fue empleado de una aseguradora, descarga sus opiniones solo en Facebook , cuando ya no puede más. Ella, que trabajó en un gran bufete de abogados que entre sus socios contaba con alguien que ahora es asesor de Donald Trump, ni siquiera eso. "Es todo demasiado deprimente", sostiene.

La semana pasada los dos encontraron un oasis. El Cowboy Dancehall, un bar de conciertos y bailes de espíritu Tex-Mex, con toro mecánico incluido, acogía un rally de Beto O’Rourke, el congresista desde el 2012 que enfrenta la ardua misión de arrebatar el escaño en el Senado a Ted Cruz en un estado que hace un cuarto de siglo no envía a un demócrata a la Cámara alta. Y Sam y Janet se fundieron con otras 3.500 almas en un paraíso de causas progresistas, una fiesta de música, diversidad y civilizado discurso. "No queremos definirnos por aquello a lo que nos oponemos, sino por lo que defendemos", clamó O’Rourke, para sus seguidores solo Beto. "Vamos a trascender la mezquindad, el partidismo, el rencor y las pequeñeces de este momento", añadió.

Mensaje positivo

Ese mensaje positivo y de civismo es uno de los elementos que define a un político de 46 años que se ha convertido en la segunda figura más mediática de este ciclo electoral a nivel nacional, solo por detrás del presidente. Nunca ha ido por delante en las encuestas pero ha llegado a estar extremadamente cerca de Cruz, a menos de cuatro puntos en septiembre. Y la campaña de un político al que algunos han llamado el Obama blanco marca un camino de esperanza para muchos demócratas, no solo en Texas sino en todo el país.

Convencido de la importancia de hablar directamente con los votantes, Beto ha visitado los 254 condados del estado. Sin dejar que contribuyan comités de acción política ni grupos de intereses especiales, ha recaudado más que nadie, 70 millones de dólares, que con los 40 de Cruz convierten esta carrera al Senado en la más cara de la historia. Blandiendo en un estado conservador una agenda marcadamente progresista por la que Trump, Cruz y otros políticos y votantes republicanos le definen de "radical de izquierdas" ya ha dado señales de estar movilizando a los votantes, especialmente a los jóvenes, de forma inédita en un estado que es el penúltimo en las listas de participación.

Y si consiguiera ganar en un territorio que tendrá más de 50 millones de habitantes en 2050, donde las minorías raciales son mayoría y los hispanos son el 40% de la población, se podrían extraer lecciones importantes para un país de demografía cambiante y donde Trump y los republicanos se han refugiado en el tribalismo identitario.

Entender la frontera

Nativo de la localidad fronteriza de El Paso y con profundas raíces irlandesas, Beto ha conseguido ser identificado como uno de los suyos por la comunidad hispana, a la que puede dirigirse en perfecto español. Antiguo bajista en una banda de punk (Floss) y maestro en el uso de las redes sociales, conecta como pocos candidatos con los jóvenes. Sus vídeos desenfadados patinando en el aparcamiento de una hamburguesería, haciendo la colada en una lavandería o con su esposa y sus hijos y, sobre todo, uno de la encendida defensa que hizo de los futbolistas negros que protestan durante el himno y a los que Trump insulta y ataca, se han hecho fenómenos virales.

Pero, sobre todo, ha hecho a sentirse "empoderados" a jóvenes como Amber, una muchacha negra a punto de cumplir 18 años. "Tiene empatía. Trabaja por la gente de clase baja, por la comunidad LGTBI, por los ignorados, por quien está bajo el radar. Soy parte de eso y lo entiendo", decía la joven en el Cowboy Dancehall.

Ahí radica buena parte de la conexión habitual que se suele haber entre O’Rourke y Bobby Kennedy, el candidato que en 1968, cuando era Richard Nixon y no Trump quien azuzaba los miedos de la población blanca, decidió hacer una campaña con el foco en la justicia social. Beto hace algo similar medio siglo después. "Es la neta [expresión mexicana de admiración], nada en la calle con la gente y con todas las razas; es un hombre sencillo que atrae a la gente común", explicaba Alicia Conde, una mujer de 37 años cuyos padres llegaron a EEUU sin papeles desde México.

Con su guión

Conde defendía también que "eso no se puede fingir" para responder a la crítica que ha lanzado Trump personalmente contra Beto, al que ha llamado "un absoluto farsante", y que también suelen hacer Cruz y otros republicanos. A estos les gusta hablar de los orígenes privilegiados de O’Rourke, del padre que como juez del condado pudo ayudarle a que eludiera consecuencias legales tras un accidente de coche en el que iba borracho o del matrimonio con la hija de un rico empresario inmobiliario.

Beto, casi siempre, evita entrar en el discurso de ataque. Prefiere seguir su guión. Y con ello da esperanzas a gente como Sam y Janet, "desesperados" ante un presidente que "no hace más que dividir al país" y en el que "la gente se ha acostumbrado a las mentiras". "No estamos hechos para ser desagradables--  aseguraba ella--. Beto es una señal de esperanza de que el país podría volver al civismo, a discutir de los temas”.

"La inmigración nos hace más fuertes, más seguros"

Beto O’Rourke demostraba en San Antonio que le hacen falta solo 15 minutos para presentar una ambiciosa agenda que incluye la reforma del sistema de justicia penal, la legalización de la marihuana y la limpieza de los historiales criminales por ofensas y delitos menores en ese terreno por el que se encarcela sobre todo a minorías.

Era también tiempo suficiente para que tocara el tema en el que el Partido Demócrata se está concentrando en estas elecciones, la sanidad, pero poniéndole el acento local. “Texas es el estado con más gente sin seguro”, decía en referencia a los 4,3 millones de desprotegidos, entre los que se incluyen más de 600.000 niños. “El mayor proveedor de sanidad es el sistema de cárceles del condado y la gente con esquizofrenia o desorden bipolar se hace arrestar a propósito para tener su medicación”.

En un estado petrolero hablaba también con su estilo a veces desenfadado de cambio climático (“Nadie entiende esa mierda mejor que los texanos”) y alzaba su voz a favor de los derechos de la personas transgénero y de cualquier orientación sexual, por la que todavía, recordaba, es “perfectamente legal en Texas despedir a alguien”.

Si algo, no obstante, marca su discurso era la defensa de la inmigración y de los inmigrantes. “Nos hace más fuertes, más exitosos, más seguros”, decía, antes de explicar en español: “No hay nada de lo que tener miedo. No tenemos que mirar a las fronteras como una amenaza. Es una oportunidad. No necesitamos un muro”.

Es una retórica radicalmente opuesta a la del presidente Trump, al que Beto no suele criticar directamente, aunque sí lo hizo este martes en otro acto en Houston. “La invitación a odiar abiertamente, sin disculpas; llamar a los inmigrantes mexicanos violadores y criminales; llamar animales y una plaga a quienes buscan asilo; describir a nacionalistas blancos, gente del Ku Klux Klan y neo nazis como buena gente... Eso ha contribuido al ambiente que vemos en este país en este momento”, denunció. Y aunque opinó que Trump “no es capaz” de promover la unidad, también dio a sus palabras el 'toque Beto'. “Eso no tiene que limitar quiénes somos. Somos más que el presidente de EEUU”.