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'MIDTERMS' EL 6 DE NOVIEMBRE

El 'efecto Kavanaugh' sacude las elecciones de EEUU

Trump y los republicanos arengan a sus bases para frenar la 'ola azul' de los demócratas

La polémica confirmación del juez del Supremo marca las campañas para las legislativas

Idoya Noain

Brett Kavanaugh jura su cargo como nuevo juez del Tribunal Supremo de EEUU junto a su familia.

Brett Kavanaugh jura su cargo como nuevo juez del Tribunal Supremo de EEUU junto a su familia. / AP

En política estadounidense tres semanas son una eternidad, más en los volátiles e impredecibles tiempos de Donald Trump. Pero a esa distancia de las elecciones legislativas del 6 de noviembre, en las que se renueva la Cámara de Representantes y un tercio del Senado además de a 36 gobernadores, la tormentosa, polémica y trascendental confirmación del juez Brett Kavanaugh para el Tribunal Supremo ha prendido fuego a la campaña. Los republicanos la han transformado en una auténtica guerra tribal, y se esfuerzan por mantenerla viva hasta la cita con las urnas.

Esa cita se planteaba desde hace tiempo como un referéndum sobre la presidencia de Trump, un factor que ha inyectado grandes dosis de energía entre los votantes progresistas y hacía anticipar una “ola azul’, con los demócratas listos para recuperar al menos la Cámara Baja. La rabia y la indignación crecieron con la confirmación de Kavanaugh pese a las acusaciones en su contra de abuso sexual, el talante que mostró en su testimonio, la insuficiente investigación del FBI y el desprecio y hasta la mofa de Trump de Christine Blasey Ford, la mujer que acusó a Kavanaugh.

En unos comicios en los que la participación es la clave y en los que históricamente el partido en el poder es castigado, no obstante, el presidente y los republicanos han encontrado en la resistencia demócrata a la confirmación del juez un camino. Y lo confirman los sondeos, que apuntan a un acercamiento en los niveles de entusiasmo de votantes de los dos partidos.

Avivar guerras culturales

Trump y los suyos arengan a sus bases incendiariamente y con lenguaje apocalíptico sobre qué representaría la reconquista de una o las dos cámaras por los demócratas, retratados como “radicales”, “extrema izquierda”, “locos” o, en palabras del propio Trump, “gente mala” que abriría un proceso de ‘impeachment’ al juez Kavanaugh y al presidente. Pero además agitan los fantasmas de guerras culturales, muchas de las cuales acaban librándose en el Supremo, sabiendo que eso moviliza a algunos de los conservadores que hasta ahora han sido escépticos con Trump.

Como le explicaba a ‘The New York Times’ el ultraderechista Steve Bannon, “esto ha unido al aparato del partido y a la extrema derecha por primera vez en años”, cerrando la brecha que abrió hace una década la irrupción del Tea Party. Y también Mitch McConnell, líder de la mayoría conservadora en el Senado y cerebro y ejecutor de las estratagemas políticas que han permitido a Trump inclinar a la derecha y por décadas el Alto Tribunal, ha apuntado a esa realidad. “No hay nada que unifique más a los republicanos de todos los colores que una batalla por el Supremo”, ha dicho. “Estúpidamente los demócratas nos han dado el mejor tema que podían de cara a las elecciones”.

Nadar contra corriente

El debate sobre Kavanaugh se ha nacionalizado, aunque hay más ruido sobre el proceso de confirmación que conversación sobre problemáticas posturas extremas de un juez con una visión expansiva del poder ejecutivo (que podría blindar a Trump en la investigación del ‘Rusiagate’) y reductiva de derechos civiles y avances sociales. Y salpica casi todas las carreras, incluyendo las más discutidas para el Senado en estados de fuerte peso del voto rural como Dakota del Norte, Misuri o Montana, donde los candidatos demócratas habían intentado centrarse en temas de impacto local como los efectos de los aranceles impuestos por Trump en su guerra comercial.

Los demócratas enfrentan problemas propios como el escollo para movilizar el voto hispano o la lucha interna entre progresistas y moderados. Y aunque se ven arrastrados por la marea nacional, muchos hacen esfuerzos por nadar contra la corriente, seguir recomendaciones de estrategas, alejarse de las guerras culturales y redirigir la conversación. En Ohio, por ejemplo, el senador Sherrod Brown hace campaña recordando que Kavanaugh tiene “historia e historial de poner el dedo en las escalas de la balanza” a favor de “Wall Street sobre los consumidores” y de “aseguradoras sobre pacientes”.

La última mención no es casual. La sanidad, según confirman abrumadoramente los sondeos, es la principal preocupación de los estadounidenses en estos comicios, por encima de la economía. Y a Trump y los republicanos, pese a engañosas campañas y mensajes, les persigue el fantasma de haber intentado sin éxito tumbar la reforma sanitaria de Barack Obama, que finalmente goza de popularidad.

El juez del Supremo enfrenta una investigación ética sin precedentes

Pocos magistrados antes de Brett Kavanaugh habían llegado al Supremo de EEUU con un apoyo tan ajustado como el suyo (50 votos a favor y 48 en contra). Pero lo que ningún nuevo juez del Alto Tribunal había enfrentado antes que él es empezar en el cargo con una investigación ética por quejas que ponen en duda su falta de honestidad y su temperamento judicial.

Esta semana el presidente del Supremo, John Roberts, ha enviado a un tribunal de apelaciones de Colorado 15 denuncias que se han planteado contra Kavanaugh por actuaciones durante su proceso de confirmación. Aunque la corte podría desestimarlas, pues las reglas de conducta que rigen al estamento judicial en EEUU no se aplican a los magistrados del Supremo, algunos expertos advierten de que merecen ser investigadas.

Las quejas no tocan el trabajo judicial previo de Kavanaugh, un juez extremadamente conservador que, dados sus 53 años y la condición vitalicia del cargo, podrá dejar durante décadas su huella en las decisiones del Supremo. Empezó sus funciones el martes y los primeros casos en que ha participado afectan a cuestiones como armas, pena de muerte, inmigración y poder ejecutivo.

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