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Los aliados de Merkel se preparan para perder su hegemonía en Baviera

Los sondeos apuntan a que la CSU se verá privada de su histórica mayoría absoluta

Carles Planas Bou

Markus Soeder (Izquierda), primer ministro de Baviera, y Horst Seehofer, ministro del Interior federal. 

Markus Soeder (Izquierda), primer ministro de Baviera, y Horst Seehofer, ministro del Interior federal.  / AP / CRISTOF STACHE

Baviera es probablemente el bastión más singular de los conservadores alemanes. El segundo estado más rico de Alemania es también el que tiene una identidad nacionalista más marcada. Así, se entiende la existencia de la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), un partido regional que desde 1962 tan solo ha perdido la mayoría absoluta en una ocasión. Sin embargo, esa indiscutible hegemonía apunta a desmoronarse este domingo, cuando se celebran unas elecciones que marcan el pulso del país.

El batacazo para los conservadores está asegurado. Según apuntan todo los sondeos, la CSU pasará del 47,7% de los votos obtenido en el 2013 a alrededor de un 35%, una caída que no impedirá que siga siendo la fuerza más votada pero que la forzará a negociar para encontrar un socio de coalición de gobierno.

Fundada tras la segunda guerra mundial por un amalgama de corrientes derechistas que aglutinó a antiguos nazis, la CSU selló su alianza federal con la Unión Demócrata Cristiana (CDU), que concurría en el resto del territorio sin meterse en Baviera. Ahora, ese pacto vive sus momentos más críticos debido a la irrupción de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), que apunta a entre el 10% y 14% de los votos.

Giro ultra

Los comicios en los 'länder’ alemanes suelen contar con factores regionales difícilmente extrapolables a escala federal. No obstante, y como avisó el primer ministro bávaro Markus Söder, estos serán "una advertencia para Berlín". En un estado con relativamente pocos problemas como Baviera — los salarios más altos y la tasa de desempleo más baja del país — la campaña ha estado marcada por la crítica a la política migratoria de la cancillera Angela Merkel, otro logro ultraderechista.

Las elecciones federales del año pasado fueron la primera alerta. El voto para la CSU en Baviera cayó un 10,5% respecto al 2013, algo que capitalizó AfD creciendo 8,1 puntos. Söder no dudó en mimetizar el discurso de la formación xenófoba para intentar recuperar el voto fugado e impulsó una campaña en la que ha aprobado la ley policial más dura de Alemania y se ha servido del populismo nacional-católico para volver a colocar cruces cristianas en los edificios públicos.

Esa misma estrategia se coló en el debate nacional con Horst Seehofer, líder de la CSU y ministro del Interior. Además de sus exabruptos contra el Islam, amenazó con cerrar las fronteras del país si no se establecían controles más restrictivos y arrancó un pacto para crear centros de detención de migrantes. Incluso celebró entre risas su 69 aniversario con la deportación de 69 afganos.

Fracaso estratégico

En ambos casos la estrategia ha sido un fracaso. El votante más anti-inmigración indignado con Merkel apunta a la ultraderecha como voto de castigo a la CSU. "Votarán antes al original, AfD, que a la copia", explica Stefan Wurster, profesor de análisis político de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Múnich. Así, del 47% de bávaros que está contento con la labor del gobierno un 14% no votará a la CSU.

Por otro lado, ese giro a la derecha ha dejado un vacío en el centro político del que la CSU se nutría. Para parte del electorado conservador más moderado el viraje nacionalista de Söder es inaceptable y, así, se espera que como castigo abandone el barco hacia las posiciones centristas de Los Verdes, el partido regional Votantes Libres o los liberales. Estos tres partidos apuntan al 18%, 11% y 6% de los votos respectivamente. Los socialdemócratas (SPD), que con un pronóstico del 10% de los votos, también van a experimentar un fuerte retroceso.

“La CSU ya dominaba ese debate identitario pero, erróneamente giró su discurso demasiado a la derecha, dejando huérfanos al sector conservador cristiano que tiene como límite moral la asimilación con AfD”, señala Franco Delle Donne, consultor en comunicación. Así, parte de esa fuga se dio cuando la Iglesia católica bávara cargó abiertamente contra la instrumentalización política de la religión de Söder y el chantaje al Gobierno de Seehofer, el político peor valorado del país a excepción de los dirigentes ultraderechistas.

Con una sangría de votos en ambos flancos, los conservadores bávaros apuntan ahora a los que podrían ser sus peores resultados desde 1950. Un cisma que, según apunta Wurster, forzará a la CSU a moderar su tono para llegar a un pacto de coalición pero que no evitará que crezcan las tensiones dentro del partido que afecten a la estabilidad de Berlín.