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LAS TORMENTAS POLÍTICAS DE WASHINGTON

Dimite por sorpresa la embajadora de Trump ante la ONU

El presidente ha aceptado la renuncia de Nikki Haley, que se hará efectiva a final de año

La exgobernadora no consigue evitar la especulación sobre sus aspiraciones a la Casa Blanca

Idoya Noain

Nikki Haley, embajadora de EE.UU en la ONU, presenta su dimisión a Trump

Nikki Haley, embajadora de EE.UU en la ONU, presenta su dimisión a Trump

El historiador y filósofo Will Durant escribió que “no decir nada, especialmente cuando se está hablando, es la mitad del arte de la diplomacia”. Y este martes, cuando ha saltado por sorpresa la noticia de la dimisión de Nikki Haley, la embajadora de Donald Trump ante Naciones Unidas, ha quedado en evidencia que la exgobernadora de Carolina del Sur, que llegó a la ONU sin experiencia en política exterior, ha perfeccionado, cuando menos, esa mitad. Su adiós está lleno de interrogantes sobre motivos e intenciones y sacude de nuevo una Administración en constante mutación y cuya política exterior crea tanto desconcierto como sacudidas globales.

Según la propia Haley no hay motivos personales en su decisión, que comunicó a Trump la semana pasada en una carta de dimisión en la que se ofrece a mantenerse en el cargo hasta enero del 2019 para facilitar la selección y confirmación de un sucesor. Según la misiva y las declaraciones que ha hecho este martes junto al presidente en el Despacho Oval, tampoco hay motivos políticos ni discrepancias ideológicas. Pero el inesperado anuncio, que ha pillado por sorpresa a buena parte de la Casa Blanca, de Washington y a los círculos diplomáticos, ha disparado análisis y especulaciones que van más allá de las buenas palabras que han cruzado ante las cámaras Haley y Trump, que ha asegurado que la embajadora ha hecho un trabajo “increíble” y “fantástico”.

Adalid del enfoque agresivo

Desde su llegada a la ONU Haley, que durante la campaña electoral del 2016 no había escatimado críticas directas e indirectas a Trump, se demostró dispuesta a defender el agresivo enfoque del presidente en política exterior en general y hacia Naciones Unidas en particular. En su primer día en la sede del organismo en Nueva York, por ejemplo, Haley amenazó con “apuntar los nombres” de los países que no apoyasen a EEUU o votasen en su contra.

Haley fue también quien encabezó los esfuerzos de la Administración por impulsar la reforma de la ONU y recortar la aportación financiera de EEUU, un terreno en el que ella y presidente aseguran que han logrado ahorrar 1.300 millones de dólares. Ha sido férrea en la defensa de polémicas posiciones y acciones de Trump, como el abandono del Acuerdo de París para combatir el cambio climático o la ruptura unilateral del pacto con Irán para frenar su programa nuclear militar. Y su voz se ha alzado con especial fuerza y contundencia en temas referentes a Israel, ya fuera defendiendo el controvertido traslado de la embajada a Jerusalén o denunciando el supuesto trato discriminatorio que el país recibe en la ONU, uno de los argumentos que EEUU esgrimió para abandonar el Consejo de Derechos Humanos.

Su disposición a hacer avanzar esa agenda acercó a Haley a Trump, especialmente cuando ocupaba la Secretaría de Estado Rex Tillerson, el antiguo empresario petrolero que tuvo numerosos roces y discrepancias con el presidente. Pero la estrella de Haley empezó a perder brillo en la Casa Blanca este año, cuando el ultraconservador Mike Pompeo relevó a Tillerson y John Bolton, un extremista ideológico que siempre ha mirado y tratado con desdén a la ONU, fue nombrado asesor de seguridad nacional.

Estrella menguante

Haley empezó a perder batallas. Aunque ella trabajó para lograr un consenso con China y Rusia en el Consejo de Seguridad que logró imponer sanciones a Corea del Norte y presionar, quedó fuera de la misión que viajó a Singapur para el histórico encuentro entre Trump y Kim Jong-un. Su voz ha sido más crítica que la del presidente al lidiar con Rusia pero ha chocado con la Casa Blanca. En abril, por ejemplo, fuentes de la Administración dijeron que se había precipitado al anunciar sanciones contra Moscú por su ayuda a Siria y lo atribuyeron a “confusión momentánea”, a lo que Haley replicó airada y públicamente defendiendo “yo no tengo confusión”. También, recientemente, otro de los asesores más ultras del presidente, Stephen Miller, impuso sus ideas frente a las de Haley y logró que Trump limite a 30.000 el número de refugiados que aceptará EEUU.

Como pueden atestiguar palestinos, venezolanos o iranís, entre otros, Haley está lejos de ser una paloma. Ha logrado, no obstante, conseguir que algunos sigan viéndole como una representante de la moderación en un Partido Republicano cada vez más radicalizado. Y por eso muchos analistas y observadores ven en la decisión de dimitir en este momento un cálculo político de alguien a quien siempre se han atribuido ambiciones de llegar a la Casa Blanca.

Especulación política

Una de las pocas mujeres en la Administración, Haley comunica su dimisión después de que tomara posesión el nuevo juez del Tribunal Supremo, Brett Kavanaugh, y antes de las elecciones de noviembre, dos hechos en que cuestiones de género juegan un papel fundamental.

Tanto en la carta de dimisión como ante la prensa ella ha insistido en que no tiene intenciones de presentarse a las elecciones presidenciales en 2020. De hecho, ha asegurado que hará en esos comicios a favor de Trump, de cuya política exterior ha vuelto a hacer una encendida defensa. “Ahora los EEUU son respetados. A los países puede no gustarles lo que hacemos, pero respetan lo que hacemos”, ha dicho. “Entienden que el presidente va en serio”.

Cinco nombres para el relevo

Donald Trump ha asegurado que maneja una lista con cinco nombres para elegir a su nuevo embajador o embajadora ante la ONU, un puesto que con Haley tuvo categoría de miembro del gabinete y que el presidente ha asegurado que la embajadora saliente ha hecho "más glamouroso y más importante". Trump ha confirmado que uno de esos nombres es el de Dina Powell, que trabajó como asesora de la Casa Blanca en cuestiones estratégicas de seguridad nacional. "Le encantaría", ha dicho Trump, que ha asegurado que podría tomar su decisión en dos o tres semanas "o incluso antes".

Otros dos nombres que se barajaron inicialmente tras el anuncio de Haley se han descartado en las siguientes horas total o parcialmente.  Ivanka Trump, hija y asesora del presidente, ha negado ir a ser el reemplazo de Haley en un tuit, en el que ha definido como "un honor servir en la Casa Blanca". 


Trump también ha declarado que su hija "sería dinamita" pero ha alejado la posibilidad de escogerla, diciendo: "Sería acusado de nepotismo, aunque no creo que haya nadie más competente en el mundo".

 Otro potencial candidato para el puesto es Richard Grenell, actual embajador de EEUU en Alemania. Y aunque Trump se ha mostrado abierto a considerarlo, también ha dicho que prefiere "mantenerlo donde está. Está haciéndolo tan bien que no quisiera moverlo", ha asegurado.