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¿Por qué crecen los partidos islamófobos en la Alemania Oriental?

El Este de Alemania, campo abonado para la ultraderecha

La desigualdad económica, la poca experiencia histórica con el multiculturalismo y la mayor presencia de hombres explican parte del éxito de AfD en la antigua RDA

Carles Planas Bou

Manifestantes del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) en Chemnitz. 

Manifestantes del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) en Chemnitz.  / MARTIN DIVISEK (EFE)

“Ciudadanos de segunda”. Así es como se sienten muchos ciudadanos del Este de Alemania que, tras ser golpeados por la decepción de una Reunificación que fue menos exitosa de lo prometido, se han abocado a los brazos de la extrema derecha. La latente desigualdad económica entre los dos bloques que dividen el país abrió la puerta a un malestar que se ha traducido en el terreno político. Así, se entiende que en las pasadas elecciones el partido anti-inmigración Alternativa para Alemania (AfD) capturase el 21,9% de los votos, más del doble que en el resto del territorio.

Más pobreza, precarización laboral, envejecimiento demográfico y paro. Ese cóctel surgido tras el ‘shock’ provocado por la desaparición de la RDA condenó al Este a depender de la ayuda externa, estigmatizando a sus ciudadanos como subsidiados. Así, un 56% de los ‘ossies’ — como se conoce a los ciudadanos orientales — reprocha la “arrogancia” de sus vecinos del Oeste, un 38% cree que la relación con ellos no ha mejorado y un 22% incluso que ha empeorado.

Pero si todo se debe a eso, ¿cómo se entiende que AfD obtuviese un 27% de los votos en Sajonia, un Estado que a pesar de tener uno de los índices de riqueza per capita más bajos del país también fue el que más creció en 2016? Aunque hay correlación con la inestabilidad económica, el auge ultraderechista también responde a un complejo abanico de factores históricos, sociales y culturales.

Menos inmigración, más votos

A pesar de que en el Este hay mucho menos migrantes (un 4,2% excluyendo Berlín) y que los niveles de paro se han reducido, AfD ha sabido instrumentalizar la protesta de los ciudadanos contra las consecuencias de la globalización y el miedo a que los extranjeros llegados con la política migratoria de la canciller Angela Merkel les hagan perder lo logrado. La exageración mediática del terrorismo y el Islam radical alimentan aún más ese temor. Además, esa estrategia se suma a una mayor tendencia de rechazo al inmigrante en el Este, debido a que la RDA fue más étnicamente uniforme y menos multicultural que el Oeste.

Según un estudio del Instituto para la Investigación de la Democracia de Göttingen, el Este vive en un círculo vicioso: los inmigrantes no quieren ir ahí porqué hay una mayor percepción de que son “parásitos sociales” pero, a su vez, esa falta de inmigración alimenta esos prejuicios. El documento apunta a que “la cultura política dominada por la CDU ha cultivado la defensa contra lo extranjero”, negando el problema neonazi incluso durante los años de sangre del grupo terrorista NSU y normalizando así desde hace años ese discurso xenófobo.

Territorio neonazi

Palizas con martillos, incendios intencionados contra refugios y pintadas de esvásticas. El año pasado se registraron hasta 2.219 agresiones contra refugiados, una cifra que a pesar de caer sigue siendo un lastre. Especialmente para el Este del país, pues es en los seis ‘länder’ de la antigua RDA donde se producen la mayoría de ataques.

Como se apreció en los disturbios racistas provocados en Chemnitz, la ultraderecha también se reúne y manifiesta mucho más en Estados orientales como Turingia o Sajonia, de donde nace el movimiento islamófobo PEGIDA. Aunque es un veneno que recorre toda Alemania, la escena neonazi es especialmente fuerte en esta área, donde el declive económico tras la caída del muro la convirtió en tierra fértil para la exacerbación de las tendencias pardas.

Cuestión de hombres

“Las jóvenes mujeres calificadas se van al Oeste y los hombres se suelen quedar, lo que es un fermento para el extremismo de derechas”. Durante el año de la Reunificación el escritor alemán Günter Grass señaló un factor que 28 años después sigue vigente. En las pasadas elecciones AfD fue el partido más votado por los hombres del Este (26%) mientras que en el antiguo bloque oriental cayó al 13%.

¿Se puede hablar pues de una frustración del hombre blanco? Un estudio elaborado en 2007 detectó que el Este alemán era la región con una menor proporción de mujeres de Europa. Para los sociólogos, esa falta femenina fue un golpe psicológico que, mezclado con la precariedad económica y la llegada de migrantes — también mayormente varones —, alimenta el chovinismo del Bienestar y el nativismo de la extrema derecha, que señala a los de fuera como amenaza del sistema social y da preferencia a los autóctonos.