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Elecciones presidenciales

Brasil se desliza hacia el populismo de extrema derecha

El candidato ultra Jair Bolsonaro encabeza las encuenstas con diez puntos de diferencia del progresista Fernando Haddad, aunque se espera que la presidencia se resuelva en una segunda vuelta

Abel Gilbert

Una simpatizante posa junto a una fotografía tamaño natural de Jair Bolsonaro.

Una simpatizante posa junto a una fotografía tamaño natural de Jair Bolsonaro. / REUTERS / ADRIANO MACHADO

Sobre la avenida Ayrton Senna, en la pudiente y blanca Barra de Tijuca, en una de las mesas de un restaurante donde, dicen, se come la mejor carne asada de esta ciudad hedonista y a la vez sufriente, un comensal levanta su jarra de cerveza y jura que “nuestra bandera nunca será roja”. Y uno añade: “siempre verde y amarilla”. El resto de clientes se suman al juramento. Todos brindan, chin-chin. ¿Hablaban en serio? ¿Se reían de si mismos o de otros? La escena podría ser la de una película de la Guerra Fría. Pero ha tenido lugar en Brasil y a pocas horas de que se abran las urnas de unas elecciones en las que el capitán en reserva, el ultraderechista, Jair Bolsonaro, parte como gran favorito, apoyado por una nueva y estentórea derecha.

Todos los sondeos indican que Bolsonaro ganará la primera vuelta y puede que se haga con la presidencia del país en la segunda vuelta, prevista para el 28 de octubre. Eso asusta a Warley. Ella vive en Itaguaí, a 73 kilómetros de la “ciudad maravillosa”, a donde viene todos los días a vender sus ilustraciones. En las calles de Río de Janeiro pide a los viandantes una contribución para poder terminar un cómic colectivo sobre hormigas interplanetarias que vienen a salvar el mundo. Las hormigas quieren empezar por Brasil. “Justamente donde a los pobres y a los negros nos pisan como insectos”.

Radicalismo religioso

Esther Solano Gallego, editora del libro colectivo “El odio a la política. La reinvención de las derechas en Brasil”, señala que, tres años atrás, y en medio del golpe institucional contra la entonces presidenta Dilma Rousseff,  una parte del país descubrió con sorpresa que había en las calles un tipo de protagonismo diferente, “militante y aguerrido”, sin “vergüenza de mostrarse”.  Se trata de un sector que “sacraliza el mercado”, abraza un fundamentalismo religioso y protagoniza un “revival” del anticomunismo en su versión más nueva: el fantasma bolivariano.

Esta derecha se manifiesta en el Parlamento, en los medios de comunicación y en las iglesias evangélicas; en el espacio público y virtual: son ases de las redes sociales. Aborrecen las cuestiones de género y la educación sexual en las escuelas, ven con malos ojos la llegada de los pobres a las universidades públicas, denuncian la “penetración ideológica” del “marxismo cultural” y están convencidos de que el Partido de los Trabajadores (PT), cuyo candidato, Fernando Haddad -sucesor de Inazio Lula da Silva, hoy en prisión- se encuentra segundo en las encuestas, a más de diez puntos de distancia de Bolsonaro, es la razón de todos los males y la corrupción del país. 

La empresa de ecuestas Datafolha ha constatado que el 60% de los electores de Bolsonaro tienen entre 16 y 34 años de edad. Ellos son consumidores de los relatos de “la recesión democrática”, como los ha llamado Tales Ab'Saber en su ensayo “Michel Temer, el fascismo común” . Para sectores de clase alta y media, pero también para gente con pocos recursos económicos, el excapitán del Ejército se ha convertido en un “símbolo de identificación juvenil masculina”. En ese Brasil que tuvo en el 2017 un récord de asesinatos (64.000), y donde un negro tiene 147% más posibilidades de ser víctima de un homicidio que un blanco, las palabras “orden”, disciplina”, “mano dura” y “autoridad” suenan a oídos de esos sectores como música celestial.

Intervención militar

En Strada da Gávea, una de las calles por las que se sube a la Rocinha, la mega favela de Brasil, un joven que no quiere decir su nombre (“por si acaso, ¿sabe?”)  ya teme lo que ve venir. Trabaja en el Grupo Cartero Amigo y entrega correspondencia a las casas de esa enorme colina donde se siente la intervención militar y la ruidosa disputa entre las bandas de narcotraficantes. Como en sus meandrosas calles existen direcciones imprecisas o se encuentran en medio de la guerra territorial de las bandas , a los habitantes de la Rocinha no les llegaban los envíos. Los “carteros amigos” entregan las cartas en mano o las dejan en asociaciones de moradores. “Se creen que van a solucionar los problemas con más balas. Claro, a ellos nunca les disparan”, masculla el cartero vocacional.

El sociólogo alemán Georg Wink, que estudia el ascenso de la nueva derecha brasileña cree que, a diferencia de  la vieja, llama la atención por su lenguaje. Profesor de la Universidad de Copenhague, asocia este movimiento a lo que ocurre en Polonia, Hungría y Estados Unidos. Lo específico de Brasil tiene que ver además con la participación militar. El activismo castrense no parece molestarle a las parejas adultas que en un bar del barrio de Leblon sorben vinos con delectación y comentan la pelea de Bolsonaro con su exesposa, que ha calificado la actitud de su exmarido mientras duró el matrimonio de “desmedida agresividad”. ¿Será una 'fake news'?, se preguntan. Ni quieren saberlo. Están convencidos de que él es lo mejor para enterrar al moderado PT y “sanear” el país.