Ir a contenido

RECUERDOS DEL HORROR NAZI

La historia del tatuador de Auschwitz

La escritora Heather Morris publica la historia verídica sobre un hombre que marcó la piel a las víctimas del campo de concentración nazi

Carles Planas Bou

Algunos de los 600 niños que sobrevivieron a las penalidades del campo de concentración de Auschwitz-Birkenau muestran los números tatuados en sus brazos.

Algunos de los 600 niños que sobrevivieron a las penalidades del campo de concentración de Auschwitz-Birkenau muestran los números tatuados en sus brazos.

Era abril de 1942 cuando Ludwig Eisenberg, un joven checoslovaco judío de 25 años, fue internado en el campo de concentración y exterminio nazi de Auschwitz, al suroeste de Polonia, bajo el número 32.407. Los azares del destino lo llevaron a convertirse en el responsable de tatuar a los nuevos internos de la prisión, una profesión que le permitió salvar su vida y encontrar a quien dibujaría su futuro.

En medio del horror y la muerte, Lale Sokolov — su nombre después de la guerra — tatuó a la que sería el amor de su vida, Gita Fuhrmannova, presa en el campo de mujeres de Birkenau y con quien mantendría una relación en secreto. Tras sobrevivir al horror nazi y reeconcontrarse en la Checoslovaquia comunista, la pareja huyó de la persecución soviética por su apoyo económico al Estado de Israel y se embarcaron hacia Melbourne, donde vivieron el resto de sus días escondiendo ese pasado.

Tras pasar tres años investigando el caso y entrevistándose con Lale, la autora australiana Heather Morris recopila ahora esa desgarradora historia de amor en El tatuador de Auschwitz, libro cuya edición en castellano sale a la venta este martes, dos de octubre, publicado por Espasa.

- Pocos secretos pueden ser tan trascendentales… Y aun así Lale solo habló tras la muerte de su mujer, mantuvo el secreto por respeto a ella. Ni su hijo lo sabía.

- ¿Qué le llevó a conocer a Lale Sokolov y su historia? El azar. Un amigo nos puso en contacto después de que Gita muriese. Él quería hablar con alguien que no fuese judío, distanciado de esa historia. Estuve meses a su lado, conociéndolo, le presenté a mi familia, hasta que decidió que era la persona adecuada para contarle todas las cosas terribles que había vivido en el campo y que había escondido durante más de 60 años.

- ¿Cómo llegó a convertirse en el tatuador del peor campo de exterminio nazi de la Historia? "Pura suerte". Así describió su camino. Es la palabra que usan todos los supervivientes del Holocausto que he conocido. Cuando Lale llegó al campo contrajo tuberculosis. Dio la casualidad de que quien le ayudó era el tatuador del campo y al curarse él paso a ser su aprendiz. Todos los prisioneros tuvieron que interpretar algún papel desagradable en esta historia.

- Supongo que la carga emocional para Lale de tatuar a cientos de miles de personas que morirían le acompañó toda la vida. La gente a la que se tatuaba era la que no enviaban directamente a las cámaras de gas. El tatuaje era una primera opción para sobrevivir. Creo que Lale trató de racionalizarlo así para seguir haciéndolo. Es una locura, pero fue así. La vida en Auschwitz se mesuraba en horas.

- En el libro detalla como Lale llegó a conocer a Josef Mengele, apodado el doctor de la muerte por los experimentos que llevaba a cabo con los presos de los campos… Mengele era a quien más temía, siempre que iba a seleccionar presos para sus barbaridades le decía "algún día te tocará a ti". Lale era un hombre muy clínico, poco emotivo, pero cuando fuimos al museo del Holocausto en Melbourne y vio la foto de Mengele se puso a llorar mientras gritaba "puto bastardo". No hay manera de tener una reacción física así 60 años después sin haber sufrido tanto.

- Con su cargo, siendo considerado parte del brazo político de las SS, Lale tuvo pequeños privilegios con los que traficó para dar comida a otros prisioneros del campo, entre ellos a Gita. ¿Era una manera de expiar esa colaboración forzada con los nazis? Su instinto de supervivencia era tan aplastante que pasó por delante de todo, dejando la razón atrás. Después de tatuar a Gita y quedarse prendado de ella tuvo más motivos para seguir. Aunque nunca pudimos confirmarlo, Lale nos explicó que en más de una ocasión cambió de la lista de las SS el número de presos jóvenes que iban a asesinar por otros más viejos que se sacrificaban voluntariamente.

- ¿Le persiguieron los cargos de conciencia? Todos los supervivientes del Holocausto también sobrevivieron a la culpa. Lo enterró muy dentro de su ser. Cuando me lo explicó todo pude ver como le afectaba física y psicológicamente, como tuvo que revivir el horror para poder sacarlo. Hablar fue lo que le permitió revisar lo que había callado durante años, una carga mayor al haber tenido el cargo más icónico de Auschwitz.

- ¿Fue ese miedo a que lo viesen como un colaborador de los nazis lo que hizo que, tras la guerra, se mantuviese en silencio? Sí, no quería tener que defenderse. No fue un héroe sino un hombre ordinario que hizo todo lo que le tocó para poder sobrevivir. A la gente le cuesta entender qué supone vivir en un campo de concentración y el miedo que tuvo en la Checoslovaquia comunista al saber lo que hacían con los antiguos colaboradores. Por eso se cambió el apellido.

- ¿Cómo puede existir el amor en un lugar de tanta desesperación y muerte? Lale era un galán. Siempre me dijo que nunca miraba a quien tenía que tatuar pero la primera vez que levantó la cabeza, al ver los ojos de Gita, supo que no amaría a nadie más. Ella nunca verbalizó su amor por él estando en el campo, no le dijo ni su apellido. Tuvieron la esperanza suficiente para saber que podían ayudarse mutuamente. La vida para las mujeres en Auschwitz era otra cosa.

- Su relación fue, en parte, gracias al a colaboración de un oficial de las SS. A quién Lale pudo manipular, fingiendo una buena relación para que le dejara hacer cosas que los otros presos no podían.

- Es increíble que tras ser separados tras la liberación del campo el azar los reencontrase de nuevo en Checoslovaquia. Sé que suena a un guión de Hollywood pero así fue. Lale fue un oportunista, supo reconstruir su vida creando un comercio muy exitoso pero cuando lo pillaron sacando dinero del país para apoyar la fundación del Estado de Israel tuvo que escapar a Australia.

El tatuador de Auschwitz es un canto a la esperanza en tiempos oscuros. ¿Qué espera que reciban sus lectores? No es la historia del Holocausto sino una historia del Holocausto. No espero cambiar a la gente ni al mundo, eso es ingenuo, pero quiero que recuerden lo que sucedió y lo tengan presente en sus vidas. Los humanos no aprendemos pero leerlo quizás haga pensar a alguien. Eso sería suficiente.