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DESASTRE EN ASIA

Indonesia abre una fosa común para 1.200 víctimas del terremoto y el tsunami

El balance de fallecidos puede ser más elevado ya que hay numerosos desaparecidos

Adrián Foncillas

Atlas / Reuters

Faltan alimentos, faltan medicinas, falta maquinaria pesada, falta información… El seísmo y el tsunami del viernes han desbordado al Gobierno indonesio, que tres días después desconoce aún la factura del desastre natural y ha pedido ayuda internacional mientras prepara entierros masivos.

La Agencia de Gestión de Desastres Naturales ha dejado la cifra de muertos en 844 y la de desplazados en 50.000. Un grupo de voluntarios han contado ya 1.193 fallecidos tras visitar varios hospitales en la ciudad de Palu. Entre las víctimas se cuentan cinco extranjeros: tres franceses, un surcoreano y un malasio. Pero se sospecha que la cifra final será de varios miles porque Palu es sólo uno de los cuatro distritos afectados. No hay información aún de Donggala, Sigi Parigi Moutong.

Preocupa especialmente lo ocurrido en Donggala, la ciudad más cercana al epicentro. En la zona, situada a 1.500 kilómetros al norte de Jakarta, viven 1,4 millones de personas. “No hemos recibido noticias de las otras tres áreas. Las comunicaciones siguen cortadas, no hay electricidad, no sabemos cuál ha sido el impacto”, ha reconocido Sutopo Purwo Nugroho, portavoz de la agencia. Una de las escasas noticias llegadas de esas zonas asegura que 34 niños han muerto en un campamento cristiano.

Bajo los escombros

El parte de bajas en Palu incluye docenas de personas sepultadas bajo los escombros de viviendas hoteles que padecieron primero el seísmo de 7,5 grados y después una ola de seis metros de alto. También se teme que cientos de locales hayan muerto por los masivos deslizamientos de tierras que se tragaron poblados enteros. Las imágenes televisivas muestran un revoltijo de coches, árboles y restos de viviendas. 

El presidente indonesio, Joko Widodo, ha admitido que siguen los problemas para rescatar a las víctimas por la falta de maquinaria pesada. “Nos enfrentamos a muchos retos, tenemos que hacer muchas cosas lo más pronto posible pero las condiciones no nos lo permiten”, ha declarado en Palu. Las zonas devastadas necesitan urgentemente medicinas, combustible, agua potable y la presencia de expertos.

Las autoridades ya han preparado una fosa común para evitar la propagación de epidemias. Los voluntarios han excavado una superficie de diez metros de ancho por cien de largo con capacidad para 1.300 cuerpos en Poboya, en las colinas sobre la devastada Palu. La fosa será ampliada si es necesario, ha señalado Willem Rampangilei, alto funcionario ministerial. “Tiene que concluirse lo más rápido posible por razones sanitarias y religiosas”, ha añadido.

Caos

El caos se ha adueñado de las zonas castigadas. Varios supermercados han sido saqueados por turbamultas y los vecinos se agolpan alrededor de los camiones con víveres enviados por el Gobierno. Está previsto que lleguen toneladas de arroz a la provincia de Sulawesi o islas Celebes. Jakarta ha aprobado ya una partida de casi 40 millones de dólares para la recuperación del desastre.

Más de 1.200 presos han escapado de tres cárceles en Palu y Donggala, según el Ministerio de Justicia. “Estoy seguro de que huyeron por el miedo a ser víctimas del seísmo. Fue una cuestión de vida o muerte”, ha señalado el ministro, Sri Puguh Utami.

Sigue sin saberse con claridad por qué falló el sistema de alerta contra tsunamis. El país se asienta sobre el anillo de fuego, una zona donde la fricción de placas tectónicas estimula los terremotos. Una serie de seísmos ya dejó más de 500 muertos este verano en la isla de Lombok. Y en 2004, un terremoto de 9,1 grados frente a la costa de Sumatra generó un tsunami que causó casi 230.000 muertos en 13 países del sudeste asiático.

Indonesia, que sufrió más de la mitad de las víctimas, estableció un sistema de alarma que este fin de semana se demostró inútil. Nugroho ha señalado que la falta de fondos explica que las boyas, uno de los sistemas para detectar las olas gigantes, no estén operativas desde 2012. La comunidad internacional se está movilizando para atenuar las consecuencias del desastre. La Unión Europea ha anunciado una partida de 1,5 millones de euros y vecinos como Australia, Tailandia y China ya han ofrecido su ayuda.