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Trump ordena al FBI que investigue las acusaciones contra el juez Kavanaugh

La decisión llega después de que los votos republicanos permitieran al magistrado superar el primer trámite para alcanzar el Supremo

Ricardo Mir de Francia

Una presunta víctima de violación, a la derecha, increpa al senador Jeff Flake. 

Una presunta víctima de violación, a la derecha, increpa al senador Jeff Flake.  / EFE / JIM LO SCALZO

Como en los mejores thriller políticos, el proceso para confirmar al juez Brett Kavanaugh ha dado este viernes un nuevo giro inesperado. El presidente, Donald Trump, ha ordenado al FBI que investigue las acusaciones de abuso sexual que pesan contra el magistrado antes de proceder a su votación definitiva en el Senado. La decisión ha llegado después de que uno de los miembros republicanos del comité que examinaba su nominación para el Tribunal Supremo rompiera filas con los suyos para apoyar la investigación que reclamaban los demócratas. Ese fue el momento culminante de otra jornada de pasiones desatadas en las que los conservadores utilizaron su exigua mayoría en el comité para avalar al juez y trasladar la decisión última sobre su futuro al pleno del Senado.  

La jornada volvió a reflejar la tensión desbordada que el proceso para nominar a Kavanaugh ha generado a lo largo y ancho del país. Pero también fue un fiel reflejo de cómo el partidismo más exacerbado está destruyendo la credibilidad en las instituciones por la tendencia de la clase política a primar los intereses de partido sobre los intereses de la ciudadanía y la adhesión ideológica sobre los más elementales principios éticos. Se vio en la dramática sesión de la víspera, casi nueve horas que sirvieron para contrastar las contenidas acusaciones de Christine Blasey Ford con la agresiva defensa de Kavanaugh. “El espectáculo en el Capitolio fue una confrontación cruda y de tierra quemada entre los bandos que desgarran emocionalmente al país. Hombres contra mujeres, derecha contra izquierda y todo aderezado con una cascada de recriminaciones, explosiones de furia y horas de lágrimas y lamentos”, escribió The Washington Post.

Al final de las nueve horas, todo quedó como al principio. Los republicanos apoyando a un Kavanaugh que se presentó como la víctima de una conspiración de la izquierda para destruirle, mientras evadía preguntas y sacaba a relucir un temperamento volatil. Y los demócratas cerrando filas en torno a la doctora Ford, que, con una actitud mucho más contenida y respetuosa, expuso los traumas que aquella presunta agresión de hace 36 años dejaron en su vida

Kavanaugh: “Nunca he agredido sexualmente a nadie. Ni en el instituto, ni en la universidad / TOM WILLIAMS-REUTERS (ATLAS VÍDEO)

En defensa del juez salió también Trump. En su primera reacción dijo que las reservas expresadas por los demócratas no son más que “una estafa y un esfuerzo para retrasar, obstruir y resistir” su nominación. “Su testimonio fue poderoso, honesto y cautivador”, dijo refiriéndose a Kavanaugh. Pero hoy mismo ha cambiado de tono para decir que el declaración de Ford le pareció "una mujer estupenda" y su testimonio “muy convincente".  

Lo cierto es que como han repetido este viernes los demócratas en la sesión del Comité Judicial del Senado para votar la nominación de Kavanaugh, las medidas adoptadas para descubrir la verdad han dejado mucho que desear. Los republicanos no han permitido escuchar a ningún testigo ni han autorizado al FBI que investigue los hechos, como sí se hizo en 1991, cuando Anita Hill acusó al juez Clarence Thomas de acoso sexual. Tienen prisa. Quieren cerrar la confirmación antes de las legislativas de noviembre para evitar que un potencial vuelco en el Senado descarrile la nominación de Kavanaugh. Si lo consiguen, se asegurarán el control del Supremo, el tribunal que tiene la última palabra sobre cuestiones tan trascendentales como el aborto o la tenencia de armas.

Pero esas prisas han sido al final malas consejeras. En contra de todas las previsiones, el senador Jeff Flake se desmarcó de los suyos en el último momento para respaldar la investigación del FBI que reclamaban los demócratas, una demanda a la que se sumó después su correligionaria Lisa Murkovsky. “El país se está desgarrando”, dijo Flake con gesto contrito. “Creo que necesitamos una breve pausa”. Concretamente pidió un parón de una semana para que el FBI investigue antes de proceder con el voto en el pleno del Senado, donde los conservadores tienen una escueta mayoría de 51 a 49.

Flake es uno de los pocos senadores moderados que quedan, quizás el más combativo en su oposición a Trump tras la muerte de John McCain. Y ya no tiene que preocuparse por su futuro porque se jubilará en noviembre. Solo horas antes de que sorprendiera a todos, dos activistas se encararon con él en un ascensor del Capitolio para pedirle que reconsiderara su apoyo a Kavanaugh. Ambas dijeron haber sido víctimas de una violación. “Lo que está usted haciendo es permitir que alguien que violó a una mujer se siente en el Tribunal Supremo. Es intolerable. Usted tiene hijos. Piense en ellos”, le espetó una de las mujeres en otro momento dramático de la jornada.

En esos mismos pasillos protestaron decenas de personas y una columna de congresistas demócratas marchó hasta las puertas del comité, del que se ausentaron parte de los senadores demócratas en protesta por la decisión de sus rivales de proceder con la votación del juez. Ahora el partido respira aliviado. "El pueblo estadounidense ha quedado fracturado por este espectáculo y es necesario hacer frente a estas alegaciones de forma independendiente para que el país tenga confianza en el resultado de esta votación", dijo el senador Joe Manchin. 

Tres mujeres y una investigación

Una semana. Ese es el plazo que Donald Trump ha concedido al FBI para investigar las alegaciones contra su candidato al Tribunal Supremo antes de que el pleno del Senado decida si finalmente es confirmado. Será una misión hercúlea porque en solo siete días sus agentes tendrán que aclarar que pasó en aquella fiesta del verano de 1982 en la que supuestamente Brett Kavanaugh encerró en una habitación a Christine Blasey Ford, trató de desnudarla y le tapó la boca cuando ella quiso pedir auxilio. Todo parece indicar que esa será la única acusación que investigue el FBI, a pesar de que no es la única.

Otras dos mujeres han acusado al magistrado. Deborah Ramírez sostiene que le puso el pene en la cara durante una fiesta en Yale un año después, durante el primer año de Kavanaugh en la universidad. El relato de Julie Swetnick es más escabroso. Afirma que el juez participó en fiestas en las que se violaba a mujeres en grupo y en la que ella misma fue violada en su presencia. Nada sugiere, sin embargo, que estas alegaciones vayan a ser investigadas. El comunicado enviado por el Comité Judicial del Senado al presidente le pide solo que se investiguen “las creíbles acusaciones actuales”, por lo que se deduce que se refieren únicamente a las que Ford expuso el jueves ante el comité.