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RIDICULIZACIONES

Un programa satírico sueco tensa las relaciones entre Pekín y Estocolmo

El espacio televisivo presentaba a los turistas chinos con sombreros de campesinos y los conminaba a no defecar en las instalaciones turísticas ni confundir a las mascotas con su cena

Adrián Foncillas

Una familia china expulsada de un hostal en Estocolmo. Imagenes publicadas por The Guardian.  / THE GUARDIAN

Una familia melodramática, un humorista sin gracia y los inevitables trogloditas de las redes sociales han elevado una reserva de hotel errónea a crisis diplomática. Las relaciones entre China y Suecia pasan por turbulencias que incluyen amenazas de boicot y exigencias de respeto. El amontonamiento de ingredientes aconseja un orden cronológico.

Un joven y sus padres acudieron a un hotel de Estocolmo una medianoche de principios de septiembre. Se habían adelantado un día a la reserva y pidieron esperar en el lobby las 14 horas siguientes. Los recepcionistas se opusieron y la policía acudió para evacuarlos. Las imágenes virales muestran a los agentes cargando de pies y manos a la familia, al hijo denunciando la comisión de un asesinato y a la madre pidiendo ayuda con gritos desgarradores. La tragedia griega parece incompatible con la pulcra intervención policial.

En las redes sociales chinas se alternaron los que denunciaban la indelicadeza de dejar en la calle a medianoche a una familia y los que afeaban su sobreactuación. La embajada china en Estocolmo se alineó con los primeros y acusó a la policía de “violar los derechos humanos básicos de ciudadanos chinos”.

Tormenta de verano

El asunto languidecía como una tormenta de verano cuando fue avivado por un informativo satírico de la televisión nacional sueca. El programa presentaba a los turistas chinos con sombreros de campesinos y los conminaba a no defecar en las instalaciones turísticas ni confundir a las mascotas con su cena. Los chinos, aclaraba, son racistas. “Porque en Suecia creemos en los principios de los valores humanos universales, aunque ese principio no se aplique a los chinos”, continuaba el narrador. La cadena subtituló el video en mandarín y lo acabó en Youku, una célebre plataforma china. Las reacciones esta vez fueron unidireccionales: no era un ataque hacia una familia sino a los chinos. Muchos exigen el boicot a Ikea, H&M, Volvo o cualquier producto que suene a sueco.

El asunto protagonizó la rueda de prensa del Ministerio de Exteriores en tiempos de fragorosa guerra comercial con Estados Unidos. El portavoz, Geng Shuang, condenó con firmeza el programa y lo definió como “un insulto grosero y un ataque agresivo a China y al pueblo chino”. La embajada en Estocolmo acusó a la cadena de defender el racismo y la xenofobia y Pekín exigió una disculpa formal a Suecia y desaconsejó visitarla por motivos de seguridad. La cadena ha intentado achicar el agua justificando el obvio perfil cómico del programa.

Clichés y prejuicios

No es la primera vez que China se solivianta por la contumaz representación de clichés y prejuicios en las televisiones globales. Tampoco es la primera vez que sus autores aluden 'alanimus iocandi'. Pero ninguno ha explicado aún por qué esa manga ancha con los chinos en tiempos de asfixiante corrección política. Pongamos que un programa televisivo recomienda no defecar en público a negros o judíos y entenderemos las denuncias chinas de discriminación.

El asunto ha agitado la marejada previa. El Dalai Lama había visitado recientemente Estocolmo y China mostró su acostumbrada inquietud a pesar de que ningún político relevante le dio audiencia. Y aún colea el caso de Gui Minhai, un librero de Hong Kong con nacionalidad sueca que fue arrestado por la policía el pasado año por publicar contenidos salaces sobre líderes chinos. Esa familia hiperventilada eligió un mal momento para equivocarse en la reserva del hotel.

Temas: Suecia China

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