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CITA DIPLOMÁTICA GLOBAL

Trump se enroca en la ONU y acrecienta su aislamiento

El dirigente desdeña el plan de cooperación global y amenaza a Irán y Venezuela en un discurso de desatado patriotismo

La diplomacia se ríe de sus hipérboles y Macron le replica con una encendida defensa del multilateralismo

Idoya Noain

Donald Trump, este martes en la ONU

Donald Trump, este martes en la ONU / Bebeto Matthews (AP)

En el mundo de la diplomacia suelen mantenerse algunas formas, incluso cuando se está en profundo desacuerdo. Se hacen gestos como abandonar una sala para mostrar rechazo a un orador. Lo que no es habitual es reírse abiertamente de quien habla. Pero eso pasó este martes en la sede de Naciones Unidas en Nueva York, cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, usó en su discurso ante la Asamblea General una de sus habituales hipérboles (concretamente para defender supuestos y no demostrables logros históricos en sus primeros 19 meses de mandato). Más allá de la inusual reacción (que Trump encajó con bastante deportividad para sus parámetros de ego) hubo escasos motivos para la alegría.

En 34 minutos el ocupante de la Casa Blanca se enrocó en las posiciones aislacionistas, nacionalistas y proteccionistas de su "América primero". Construyó un discurso patriotero, o cuando menos de exaltado patriotismo, y redobló su asalto al multilateralismoAmenazó, y no solo a países concretos como Irán o Venezuela, sino a la propia ONU. Aplaudió a países que provocan dudas democráticas, como Polonia o Arabia Saudí. Y aunque discursos como el del Secretario General de la organización, Antonio Guterres, o el del presidente francés, Emmanuel Macron, demostraron su creciente aislamiento, Trump también dejó claro que no tiene ninguna intención de dar ni un paso atrás.

“La doctrina del patriotismo”

"No seremos gobernados por un órgano internacional que no rinde cuentas ante nuestros propios ciudadanos", dijo en un momento. "Rechazamos la ideología del globalismo, abrazamos la doctrina del patriotismo", explicó en otro. Hasta trató de exportar su "hacer América grande de nuevo" a otros países para justificar sus restrictivas políticas migratorias, las mismas por las que poco antes le había señalado indirectamente Guterres cuando denunció la "discriminación y demagogia que afrontan migrantes y refugiados".

A diferencia de las risas que Trump genera, los mensajes políticos reiterando la importancia de un orden mundial que él está alterando y despreciando no parecen llegarle. Y en la reunión de 193 naciones presumió de las guerras comerciales que ha abierto, en especial con China; defendió que ha sido su capacidad de negociación directa la que ha empujado a Corea del Norte hacia la desnuclearización y se mostró orgulloso de haber roto unilateralmente el acuerdo para frenar el programa nuclear de Irán que se alcanzó en el 2015 y que ratificó el Consejo de Seguridad.

Desdén por la ONU y amenazas

En su discurso no hubo ni una palabra sobre cambio climático, uno de los retos y amenazas más urgentes para la humanidad de cuyo combate a través del Acuerdo de París él descolgó a EEUU. Y el desdén por la cooperación y el orden global cobró más formas: reiteró su rechazo a reconocer el Tribunal Penal Internacional, presumió de haber abandonado el Consejo de Derechos Humanos de la ONU y no haberse sumado al Pacto Mundial de Migraciones, al tiempo que  defendió el recorte de las aportaciones estadounidenses tanto a la ayuda internacional como a las operaciones de paz de la ONU, amenazando incluso con recortarlas más. "En el futuro solo vamos a dar ayuda a quienes nos respeten y sean, francamente, nuestros amigos", anunció.

En la diana más directa de Trump esta vez estuvieron Irán y Venezuela. Llamó al mundo a "aislar" al régimen de Teherán, al que volvió a denunciar como "principal patrocinador del terrorismo" y como "dictadura corrupta", y le responsabilizó de crisis como la guerra en Siria o en Yemen (donde, con increíble descaro, aplaudió supuestos esfuerzos para la paz de Arabia Saudí). La respuesta la recibió horas después en boca del presidente iraní, Hasan Rouhani, que en ese mismo podio denunció la ilegalidad de la ruptura del acuerdo. Aunque sin citar directamente a Trump, estaba claro de quién hablaba cuando dijo que enfrentarse al multilateralismo "no es señal de fuerza sino un síntoma de debilidad intelectual" o cuando criticó a líderes populistas que usan "nacionalismo extremo, racismo" y "tendencias xenófobas que hacen recordar el nazismo". 

Respecto a Caracas, Trump dio el discurso justo después de que su Administración anunciara nuevas sanciones, pero su crítica a la “tragedia humana” que ha provocado el gobierno de Nicolás Maduro tenía un objetivo más amplio. "Virtualmente donde sea que se ha probado el socialismo ha producido sufrimiento, corrupción y decadencia", dijo. "Todas las naciones del mundo deberían resistirlo", insistió.

Aplauso a Macron

Si Guterres había dejado en el primer discurso de la jornada una especie de vacuna contra lo que anticipaba oir de Trump, fue Macron quien ofreció la más contundente respuesta, de forma y de fondo, al discurso del estadounidense. El francés denunció "cierto nacionalismo que vemos hoy, blandiendo la soberanía como forma de atacar a otros". Advirtió de que "el unilateralismo solo lleva a la confrontación de todos contra todos"” y dijo que "la ley del más fuerte solo exacerbará tensiones y violencia". "No se conviertan en indiferentes", clamó. "No acepten la erosión del multilateralismo, no acepten que se desarme nuestra historia". No hubo risas en la sala. Lo que se oyó fue el más contundente y largo aplauso de la jornada.