30 mar 2020

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crisis en berlín

Merkel aparta al jefe de la inteligencia alemana por sus vínculos con la ultraderecha

Maassen, quién acusó a la prensa de inventarse las agresiones racistas de Chemnitz, será ascendido a secretario de Estado del Ministerio del Interior

Carles Planas Bou

Hans-Georg Maassen.

Hans-Georg Maassen. / AFP / ODD ANDERSEN

Punto y seguido para el máximo responsable de los servicios de inteligencia domésticos alemanes, Hans-Georg Maassen. Tras convertirse en el centro de todas las críticas por sus polémicos comentarios sobre las protestas de Chemnitz, en los que negó las persecuciones de neonazis a ciudadanos extranjeros, el presidente de la Oficina Federal de Protección de la Constitución (BfV) ha sido destituido de su cargo este miércoles.

Sin embargo, Maassen seguirá formando parte del gobierno, pues a partir de ahora ocupará la secretaría de Estado del Ministerio del Interior, quedando así bajo el paraguas de su principal defensor en el ejecutivo, Horst Seehofer, un ascenso que ha indignado a la oposición. Este cambio de butaca ha sido consensuado por la cancillera alemana y presidenta de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), Angela Merkel, la presidenta del Partido Socialdemócrata (SPD), Andrea Nahles y el propio Seehofer, presidente de la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU). Su sustituto aún no ha sido acordado.

Sospecha parda

Con esta decisión el ejecutivo alemán consigue apagar el fuego originado la semana pasada por el propio jefe de los servicios secretos, quien aseguró que no hubo “cacerías" de inmigrantes y acusó a los medios de comunicación de fabricar esa historia. “Hay buenas razones para pensar que este es un caso de desinformación deliberada para distraer la atención pública sobre el asesinato”, explicó en una entrevista al tabloide ‘Bild’, el diario más vendido del país.

Aunque posteriormente tuvo que retractarse, las palabras de Maassen y su falta de pruebas fueron vistas como una intromisión política inaceptable para gran parte del arco parlamentario alemán. Socialdemócratas, ecologistas, la Izquierda y los liberales pidieron su cabeza mientras que, según explicó el diario ‘Welt’, Merkel hizo saber a los suyos que también era partidaria de la destitución. Seehofer lo defendió.

Con un largo historial polémico a sus espaldas, la salida de tono de Maassen se entendió como una muestra de su “buena disposición” con el partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), formación con la que ya se le había vinculado anteriormente. La sombra de la sospecha creció este agosto cuando un libro escrito por una antigua directiva de las juventudes xenófobas, Franziska Schreiber, destapaba que Maassen había dado consejos a la ex-líder de AfD, Frauke Petry, para que esquivase el control de la agencia que hasta hoy ha dirigido.

Tensión en el gobierno

El pacto fraguado esta tarde en Berlín pretende evitar conflictos mayores en un gobierno ya desgastado por sus peleas internas. La recolocación de Maassen en la secretaría de Estado del Ministerio del Interior, para la Construcción y la Patria — en la que ya figuran otros ocho hombres — es una fórmula que permite satisfacer parcialmente a las tres partes. Los socialdemócratas consiguen tumbar al jefe de la inteligencia, los bávaros le mantienen protegido y Merkel se asegura la continuidad del gobierno.

Aún así, la tensión en el seno del cuarto ejecutivo de la era Merkel es más que evidente. Golpeado por su segunda crisis interna en apenas medio año de gobierno, nada asegura un cese real de las hostilidades y fricciones entre los socios de la Gran Coalición. El SPD se niega a convivir con el tono populista y electoralista de la CSU en materias de inmigración y lamenta que la cancillera, presionada internamente por los bávaros, no actúe como les gustaría.

Prueba de ello son las duras declaraciones del expresidente del Parlamento Europeo y exlíder socialdemócrata, Martin Schulz, quien este martes no ha dudado en cargar contra la retórica “vergonzosa e inquietante” de Seehofer, de quien ha asegurado que “es cuestión de tiempo que sea reemplazado”. “Siempre llega a las conclusiones erróneas”, ha explicado Schulz al muniqués ‘Süddeutsche Zeitung’. Palabras como las de este peso pesado del SPD ilustran un malestar que, según ven los expertos, augura que Merkel no llegará a final del mandato.

Influencia ultraderechista

La primera gran crisis de gobierno estalló a finales de junio cuando el ministro del Interior a Merkel amenazó con un cierre unilateral de las fronteras alemanas si ésta no lograba acuerdos migratorios con sus socios europeos sobre la devolución de refugiados. Con ese chantaje abierto, Seehofer guiñaba el ojo a AfD en un intento para evitar la fuga de votos de la CSU a la formación ultraderechista que apuntan todos los sondeos de cara a las elecciones bávaras del próximo 14 de octubre.

Nervios, caras largas y copas de vino. La amenaza de Seehofer y el temor a una fractura que hundiese al gobierno planearon sobre reuniones interminables que durante días se alargaron hasta última hora de la madrugada. Merkel logró pactos bilaterales con hasta 16 países de la UE para que aceptasen la devolución de migrantes expulsados por Berlín. Tras ofrecer su dimisión, los halcones bávaros le convencieron para seguir al frente del ministerio y el día siguiente acordó con la CDU abrir centros para migrantes en la frontera y agilizar las deportaciones, un pacto al que, tras aplicar matices, se sumó el SPD.

Esa primera crisis disparó el descontento ciudadano con el gobierno, acentuó la tendencia a la baja de los tres socios del ejecutivo y reforzó la posición de AfD, que observó como la pelea entre los principales partidos del país por la cuestión migratoria les hacía la campaña sin tener que desgastarse. Zanjada la crisis al frente de los servicios secretos estas tres consecuencias siguen vigentes. La otrora estable Alemania ha cambiado su rumbo desde que la ultraderecha condiciona y marca los pasos de la agenda política del país.

Indignación por el ascenso

El cese del máximo responsable de los servicios secretos alemanes no ha sido lo que muchos esperaban. El acuerdo alcanzado este martes por conservadores y socialdemócratas en el gobierno incluye la destitución de Hans-Georg Maassen pero también su reubicación a otro puesto de más alto rango, la secretaría de Estado del Ministerio del Interior, un cambio que ha indignado a la oposición.

“Esto es inconcebible. Han perdido todo sentido de la decencia”, ha lamentado Katrin Göring-Eckardt, líder parlamentaria de Los Verdes. Y es que lo que debía ser un castigo a Maassen por su negligencia se ha convertido en una recompensa en forma de ascenso. Con esa promoción el jefe de la inteligencia alemana pasa del rango B9 al B11, lo que supone un aumento de salario de hasta 2.000 euros para superar los 13.000 mensuales.

Ese cambio será difícil de explicar para el SPD, que, como ha les ha recordado la ecologista, había prometido echarle. “No se puede simplemente reciclarlo”, la dirigente de La Izquierda, Sahra Wagenknecht. Esa preocupación también la han compartido liberales como el diputado Marco Buschmann, que ve como la tensión y los equilibrios internos del gobierno han llevado a premiar el mal comportamiento de Maassen: “Cualquiera que cause problemas seguirá adelante”.