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Inseguridad y violencia

Pandilleros violentos de El Salvador se rehabilitan mientras están en prisión

En una cárcel de El Salvador, varios presos anunciaron su retiro de las pandillas y de la vida criminal

El Periódico

Los tatuajes son signos de identidad de los pandilleros, como el de este preso de la cárcel de Quezaltepeque.

Los tatuajes son signos de identidad de los pandilleros, como el de este preso de la cárcel de Quezaltepeque. / STRINGER/EL SALVADOR (REUTERS)

Barrio 18 y Mara Salvatrucha son tal vez las pandillas más famosas y violentas de toda América Latina. Tienen presencia desde El Salvador hasta Estados Unidos y en todo el centro del continente y en un hecho que para muchos es insólito, algunos de sus miembros se han rehabilitado durante su estancia en la prisión.

Arrepentidos de su pasado criminal, unos 1.600 expandilleros recluidos en una prisión de El Salvador, oficializaron  su retiro definitivo de estas bandas delictivas para tratar de demostrar su rehabilitación y contribuir a bajar los altos niveles de violencia en la nación centroamericana.

El Salvador es uno de los países de América Latina donde se presentan mayores actos de inseguridad y según cifras de las Naciones Unidas, en 2017 se registró una tasa de 60 homicidios por cada 100.000 habitantes, una de las más altas del mundo.

Vestidos con el uniforme de la cárcel y portando sus Biblias, los exmiembros de las pandillas rivales Barrio 18 y Mara Salvatrucha participaron en un acto en el que renegaron de sus antecedentes delictivos, que van desde portación de armas de guerra hasta homicidios, para reafirmar lo que consideran una nueva vida.

Según cifras del Gobierno de El Salvador, unos 70.000 pandilleros se disputan a muerte el control de las extorsiones, la venta de droga a pequeña escala, y otros delitos en las barriadas del empobrecido país de centroamérica, por lo que las autoridades libran una batalla para contenerlos dentro y fuera de las cárceles.

Proceso de rehabilitación

Los expandilleros iniciaron en febrero de 2017 un riguroso proceso de rehabilitación participando en iglesias evangélicas y en programas de alfabetización y oficios, en donde aprendieron trabajos de sastrería y cultivo de huertos en la cárcel San Francisco Gotera, situada 166 kilómetros la capital, San Salvador.

Según las autoridades, esta prisión era considerada de alto riesgo por sus motines, por recluir a jefes de pandillas y por las numerosas órdenes de homicidios que salían desde allí. Pero la nueva actitud de los reos ha permitido que el recinto se convierta en “un ejemplo” para otras prisiones porque no registra índices de crimen.

Juraron dejar la vida de pandilleros

Los exmiembros de las llamadas “maras” ratificaron su decisión de dejar la vida de pandillas ante autoridades y líderes religiosos, y se comprometieron a respetar las leyes y normas establecidas por el sistema de prisiones como una muestra de su irrevocable cambio.

“Me comprometo a no participar ni encubrir actos ilícitos, a no coaccionar a la familia, personal penitenciario, visitas de cualquier índole para ingresar ilícitos al centro penitenciario”, decía el documento en el donde puso sus huellas el expandillero Raúl Paz, mientras que sus compañeros lo aplaudían en el patio de la prisión.

 “Debemos sentirnos contentos de haber asistido y ser testigos de un acto histórico en el país. Es una fecha que va a marcar en el futuro la rehabilitación y la reintegración de las personas privadas de libertad y de todas aquellas personas que habían estado en dinámica de violencia”, expresó el ministro de Seguridad, Mauricio Ramírez Landaverde.

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