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EMERGENCIA HUMANITARIA

El futuro de los rohinyás sigue incierto, un año después de su éxodo masivo

La minoría musulmana, víctima de persecuciones en Birmania, se refugió hace un año en el vecino Bangladés, uno de los países más pobres y densamente poblados del mundo

La ONU denuncia el caso como uno de "limpieza étnica" y pide fondos para ayuar a los refugiados

AFP

Refugiados rohinyás.

Refugiados rohinyás. / RICARD GARCIA VILANOVA

Un año después de su éxodo masivo de Birmania para huir de la persecución, el futuro de los rohinyás sigue siendo muy incierto. Mientras que esta minoría musulmana está amparada en grandes campos en Bangladés, las financiaciones para satisfacer su necesidades están acabando y el acuerdo sobre su repatriación se encuentra en un punto muerto. El pasado 25 de agosto, unos ataques fronterizos de los rebeldes rohinyás desencadenaron una ola de represión por parte del ejército birmano en una escala sin precedentes. Las Naciones Unidas (ONU) denuncian el caso calificándolo de "limpieza étnica". 

700.000 rohinyás se han refugiado en el vecino Bangladés, estableciéndose principalmente en la región sureste de Cox's Bazar. Birmania había comunicado aceptar el regreso de la comunidad y el pasado enero firmó un acuerdo con Bangladés. Casi ocho meses después el pacto está estancado y menos de 200 rohingyas han sido repatriados. La líder birmana, Aung Sn Suu Kyi, que ha recibido muchas críticas por su manera de manejar la crisis, ha responsabilizado al fracaso del acuerdo a Dacca, la capital de Bangladés, la responsable de "decidir con qué rapidez" los refugiados pueden regresar. 

Garantías personales 

Los múltiples retrasos y los temores de nuevas violencias hacen que sea difícil elegir de volver. Los rohingyas quieren recibir una compensación financiera por sus tierras, quemadas o requisadas por el ejército birmano desde su partida. Además quieren garantías personales, ya que el país les niega la ciudadanía desde el 1982, privándolos así del acceso a la educación y de la atención sanitaria. "No regresaremos porque (las autoridades birmanas) no son sinceros con nosotros", dijo Nay Lin Aung, un refugiado en uno de los campamentos.

Sin embargo, Bangladés, uno de los países más pobres y más densamente poblados del mundo, se está ahogando por el cargo: en total, casi un millón de rohinyás se han refugiado en el país durante las últimas décadas y Dacca ahora les amenaza con estacionarlos en una isla expuesta a inundaciones. Mientras tanto, la vida en los campos de acogida se está haciendo más difícil. La ONU hizo el pasado marzo una solicitud de fondos de 1000 millones de dolares para responder a las necesidades diarias de los rohinyás en Bangladés, pero hasta ahora solo se ha recaudado un tercio del dinero, lo que preocupa a los observadores. 

Presión internacional

"Generalmente hay donaciones importantes el primer año tras la demanda, después de que son mucho más difíciles de encontrar", ha dicho Peter Salama, director del Programa de Manejo de Emergencias de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Si bien las epidemias de difteria, cólera y otras enfermedades hasta ahora han sido bien controladas, podrían surgir por falta de una importante inyección, agregó Salama. 

Por su parte, el Banco Mundial anunció en junio que desbloquearía ayuda económica por casi 500 millones de dolares en apoyo a Bangladés. Mientras tanto la presión internacional va aumentando en Birmania. A mediados de agosto, Estados Unidos anunció sanciones contra 2 unidades y 4 comandantes birmanos, acusados de estar implicado en un caso de "limpieza étnica". La próxima semana el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se reunirá para discutir el tema. Birmania cuenta con el apoyo de su poderoso aliado, China, que es un miembro permanente del Consejo. Muchas oenegés están reuniendo testimonios en los campos para presionar a la Corte Penal Internacional (CPI) a denunciar al ejército birmano. 

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