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CORRUPCIÓN POLÍTICA Y EMPRESARIAL EN EXTREMO ORIENTE

La expresidenta surcoreana es condenada a 25 años de cárcel

El tribunal de apelación aumenta la multa de Park hasta 15 millones de euros

La sentencia es un mal indicio para Lee Jaewong, hombre fuerte de Samsung

Adrián Foncillas

Una pantalla muestra la cara de la expresidenta surcoreana, Park Geun-hye, en la estación de trenes Seúl.

Una pantalla muestra la cara de la expresidenta surcoreana, Park Geun-hye, en la estación de trenes Seúl. / AHN YOUNG-JOON (AP)

Un tribunal condenó ayer a 25 años de cárcel a la expresidenta surcoreana, Park Geun-hye, por el mayor escándalo de corrupción de un país que los colecciona. La corte de apelación ha elevado en un año la pena que había dictado cuatro meses atrás un tribunal inferior al concluir que el volumen de los sobornos supera los cálculos previos. También ha aumentado la multa hasta los 20.000 millones de wons (unos 15 millones de euros). A Park se le acumulan los reveses desde que el pasado año le estalló el denominado escándalo de la Rasputina.

El tribunal concluye que Park y su amiga de juventud, Choi Soon-sil, se aliaron para ordeñar a los conglomerados empresariales. «Esos tratos carentes de ética entre el poder político y el financiero daña la esencia de la democracia y distorsiona el orden de una economía de mercado, da al pueblo una sensación de pérdida y lo hunde en la desconfianza», razona la sentencia. «Un castigo severo es inevitable», concluye. La sentencia alude a un menú delincuencial que incluye sobornos, extorsión y abuso de poder. 

La fiscalía había apelado la primera sentencia por considerarla insuficiente. Park ha desistido de su defensa como medida de protesta de lo que considera un juicio político. A la expresidenta le ofendió que se prorrogara la cárcel preventiva y su tenaz boicot al proceso desencadenó el cese en cascada de sus abogados. Park alega que los pagos respondían a la consuetudinaria vía para engrasar amistades en el ecosistema surcoreano y que no esperaba nada a cambio.

Park encadena sentencias condenatorias. El mes pasado ya fue sentenciada a ocho años de cárcel por violar las leyes electorales y usar ilegalmente fondos del poderoso servicio de inteligencia nacional, cuya misión principal es escrutar todo lo que pasa al norte del paralelo 38.

El agravamiento de la condena de Park es un mal indicio para Lee Jae-wong, presidente de facto de Samsung. Lee fue liberado en febrero a pesar de la condena a cinco años de prisión después de que el tribunal de apelación concluyera que los sobornos habían sido menores. La sentencia de ayer contradice aquella versión. 

El despacho de la Rasputina

La justicia ya condenó a 20 años de cárcel a Choi, la tenebrosa muñidora de una trama que cubrió a las principales compañías que sustentan la economía nacional y al fondo de pensiones. 

La Rasputina, sin cargo ni oficina oficial, dictó a Park las directrices que iban desde su vestuario a la política hacia Pionyang. El escándalo fue desatado cuando una televisión nacional examinó sus ordenadores y trascendió que escribía discursos presidenciales y recibía informes confidenciales. Las investigaciones revelaron el desfile de los empresarios más rutilantes del país por el despacho de Choi para cambiar sobornos por favores gubernamentales.

Miles de personas pidieron cada fin de semana la dimisión de Park hasta que fue cesada por el Parlamento e ingresó en prisión en marzo del 2017. 

Reconstructor o dictador

La cárcel es el corolario de una biografía instalada en el frenesí. Park Geun-hye es hija de Park Chung-hee, quien presidió el país durante décadas y es aún hoy una figura divisoria: para la derecha es el responsable de la milagrosa reconstrucción y modernización de un país devastado por la guerra; para la izquierda, un dictador que aplastó cualquier expresión disidente. Park perdió primero a su madre y después a su padre en atentados. Buscó apoyo en el oscuro líder de una secta que defendía una confusa mezcolanza de budismo, cristianismo y chendoísmo local.

Choi Tae-min, autoerigido como el futuro Buda, convenció a Park de que podría comunicarse con su madre en el más allá y ejerció de mentor hasta su muerte en 1994. Park estrechó entonces su relación con la hija del predicador. 

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