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UN DOLOR DE CABEZA PARA EL RÉGIMEN

Los militares jubilados en China siguen dando guerra

Casi 60 millones de exsoldados reclaman empleos, pensiones y coberturas sociales al Gobierno

Adrián Foncillas

Soldados chinos durante un desfile.

Soldados chinos durante un desfile. / JOE CHAN

La última amenaza a la estabilidad social china entona cantos maoístas, ondea banderas con la hoz y el martillo y viste ajados uniformes con medallas al valor. Miles de militares ocuparon durante cuatro días una plaza de Zhenjiang (provincia de Jiangsu) el mes pasado hasta que la policía los sacó con más delicadeza de la acostumbrada. Denunciaban las promesas olvidadas sobre empleos, pensiones y coberturas sociales.

Las protestas de esos militares retirados anticipa la complejidad de las audaces reformas que afronta Pekín. El presidente, Xi Jinping, recortará 300.000 de los 2,3 millones de sus soldados para transformar un Ejército mastodóntico en otro más ágil, racional y adecuado a las demandas bélicas actuales. Desde medios de comunicación militares se ha alertado del riesgo de inestabilidades no solo en el estamento sino en la sociedad si no se hacen bien las cosas. Los casi 60 millones de militares retirados son un caldo de cultivo potencialmente fatal.

Décadas reclamando

Sus reclamaciones empezaron décadas atrás y se han intensificado en los últimos tiempos. En el 2006 se juntaron frente al Ministerio de Defensa en un desafío inesperado por su simbolismo. Hay miles de protestas en China cada año, pero el quién y el dónde de aquella sorprendió al Gobierno. Este año se han registrado varias y no todas fueron sofocadas con tacto, lo que aumentó el sentimiento de injusticia. Muchos son detenidos antes de pisar las oficinas del partido, los más conspicuos están bajo vigilancia y se recurre a la represión como última opción, señala Neil Diamant, profesor del Dickinson College de Pensilvania y estudioso del fenómeno. "Arrestos, promesas de ayudas materiales si regresan a casa... Pekín sabe que sus demandas no son siempre irracionales sino legítimas y son leales al partido. No es raro que los líderes negocien con los funcionarios locales al margen de los lugares de protesta", añade. Son un peculiar problema para Pekín: no son liberales reclamando reformas democráticas a los que criminalizar como enemigos del país sino tipos que cantan el himno nacional, portan retratos de Xi o Mao y exudan patriotismo.

La ola de protestas justificó la creación en marzo del Ministerio de Asuntos de Veteranos. Fue presentado con mucha pompa, pero no existen aún detalles sobre sus fondos o jurisdicción ni sobre cómo lidiará con la problemática. Por ahora solo es una dirección a la que dirigir las quejas (20.000 hasta julio, según cifras oficiales) y el entusiasmo inicial ha virado hacia el temor de que no sea más que una medida cosmética.

Recolocados en las grandes empresas estatales

Pekín solía resolver su tránsito de los cuarteles a la vida civil empleándolos en las paquidérmicas empresas estatales o los sectores del acero y el carbón que hoy se esfuerza en adelgazar por cuestiones medioambientales. Algunos se han reciclado en un sector tan moderno como la economía compartida: Didi Chuxing, el análogo de Uber en China, emplea a casi cuatro millones. Pero es improbable que el sector privado pueda absorber a muchos más cuando la economía ha dejado atrás sus crecimientos espectaculares y compiten con millones de graduados universitarios anuales. El problema radica en que Pekín delega su bienestar en los gobiernos provinciales pero sin dotarles de fondos. 

Fang Yongxiang, segundo del Ministerio de Asuntos de Veteranos, pidió recientemente mesura en las reclamaciones y el fin de las protestas masivas. "Espero que cada exmilitar respete la ley", dijo en la víspera del Día del Ejército con la intención de que no la reventaran con movilizaciones. También prometió que serían prioritarios en las adjudicaciones de empleo.

Sensación de desamparo

El gremio abriga la sensación de que Pekín no retribuye con justicia sus servicios. El Partido Comunista ha apuntalado su legitimidad en la épica militar. Episodios como la Gran Marcha o la victoria contra los japoneses son aún glosados aunque los historiadores menos entusiastas tienden a rebajar la primera y a atribuir a los nacionalistas de Chiang Kai Shek el grueso de la segunda. Ocurre que las últimas contiendas chinas son escasamente épicas y tercamente ignoradas por la prensa oficial. Ni la breve guerra fronteriza con India de 1962 ni la vergonzante derrota ante la extenuada Vietnam de 1979 trajeron ninguna gloria que urja recompensar.

Diamant es escéptico con las reformas. "Para que los programas funcionen tendrían que estar vinculados con las organizaciones de veteranos, instituciones legales, sociedad civil y contar con la ayuda del Estado. Todo eso falta ahora. Ni siquiera hay una ley de veteranos y los tribunales son reticentes a fijar una política e incluso a aceptar sus casos", sostiene.

Poca simpatía popular

Reciben poca simpatía popular y tampoco han contado con representantes en las altas esferas políticas, ni en el Comité Permanente ni en el Politburó. Los veteranos se sienten abandonados y solos. Ven a su presidente en uniforme militar pasando revista a las tropas y escuchándole hablar de la prosperidad del país y de la necesidad de un Ejército fuerte mientras ellos pelean por unas migajas. En juego no solo está la sacrosanta estabilidad social sino los incentivos a los jóvenes para alistarse.

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