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Aumentan enfermedades gastrointestinales

Venezuela sufre por el desabasto de agua potable que afecta la salud de los habitantes

En los hospitales el personal médico no cuenta con agua ni siquiera en los quirófanos o en los baños

El Periódico

Análisis del agua en una planta de tratamiento de Agbar.

Análisis del agua en una planta de tratamiento de Agbar. / RICARD CUGAT

La crisis por la que atraviesa Venezuela se agrava cada día más y esto se puede ver en los servicios públicos, en donde la falta de agua potable ha afectado hasta los hospitales. Esto se ha acentuado en los últimos 4 meses debido al deterioro progresivo del sistema que surte de agua a Caracas y también en el interior del país, donde las protestas se hacen cada vez más.

La falta de ese servicio se suma a una larga lista de deficiencias por las que atraviesa actualmente el país, donde los venezolanos deben enfrentar la falta de luz, escasez de comida y medicinas y una hiperinflación que altera los precios de manera diaria.

 “He llegado a la terrible realidad de ir a quirófano a operar una paciente y voy a abrir el grifo para lavarme las manos (...) y no sale nada”, dijo la doctora Lina Figueira del servicio de ginecología en el hospital.

O los letreros en el Hospital Universitario de Caracas, que en  las puertas de madera de los escusados se lee: “baño contaminado”. Esto porque el centro de salud, que alguna vez fue referencia en Latinoamérica, no tiene nada de agua.

Mientras tanto, el hospital Universitario, adquiere un hedor cuando pasa más de dos días sin agua y por eso los pacientes llevan sus propios insumos para limpiar cuando su estadía se prolongada.

A inicios de junio, las autoridades atribuyeron la falta de repuestos para tuberías y sistemas de bombeo a la denominada “guerra económica”, que incluye sanciones impuestas por Washington el año pasado a la petrolera estatal PDVSA, que provee el 95 por ciento de los ingresos en divisas del país.

El ministro de Comunicación, Jorge Rodríguez, anunció en julio “un plan especial para la recuperación en tiempo perentorio, en las próximas semanas, del aporte de agua potable a la Gran Caracas”, pero la carencia de agua levanta preocupaciones en cuanto a higiene y salud en una población, ya golpeada por el regreso de enfermedades antes controladas.

Aumentan las enfermedades gastrointestinales

Según una encuesta publicada en agosto dirigida por las no gubernamentales Fundación Tierra Viva y la coalición Clima 21, de 339 caraqueños encuestados, 75 por ciento reportó no recibir agua regularmente y 11,2 por ciento consideran que el agua que reciben les ha ocasionado enfermedades de piel o gastrointestinales.

La creciente preocupación por la falta de higiene ha llevado a especialistas a recomendar hervir toda el agua que vaya a ser consumida para evitar posibles enfermedades. En el caso de los hospitales, los pacientes han tenido que llevar su propia agua además de los insumos necesarios para asegurar su cirugía y el hospital se ha visto obligado a reducir sus actividades, reprogramar cirugías y esterilizar el material necesario en otro hospital.

La falta de mantenimiento del sistema que lleva el agua a la ciudad y la “desprofesionalización” de Hidrocapital, la compañía estatal encargada de procesar y llevar agua a los hogares venezolanos, son las causas de la actual crisis, según José de Viana, ingeniero y ex presidente de Hidrocapital. La falta de mantenimiento ha provocado la escasez del líquido en zona metropolitana, con tres millones de habitantes.

La vida diaria de los venezolanos

Al oeste de Caracas en la barriada de Catia, la profesora universitaria Mariangela González, de 64 años, dijo tener 127 recipientes distintos para almacenar agua y la entrada de su casa está rodeada por envases de varios tamaños.

González solo recibe agua algunas horas 2 veces por semana y cuando llega, debe correr a limpiar su casa, lavar la ropa y llenar sus recipientes. Muchos caraqueños han tenido que recurrir a comprar agua, pero con el sueldo mínimo mensual, equivalente a 1,7 dólares, se puede costear apenas un bote de cinco litros de agua.

En muchas zonas pobres, residentes cuentan que han tenido que dejar de ducharse con la frecuencia a la que están acostumbrados, restringir el uso de los baños y reutilizan el agua de bañarse o lavar trastes para descargar el inodoro.

En las urbanizaciones de clase alta, algunos edificios han construido pozos y tienen grandes tanques para almacenar agua. Algunos restaurantes se ven obligados a cerrar sus puertas al no poder cocinar u ofrecer un baño a clientes.

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