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tensión diplomática

Un juez rechaza la apelación para liberar al pastor estadounidense en arresto domiciliario en Turquía

Ankara anuncia el aumento de aranceles a varios productos de EEUU, como el tabaco, el arroz, las nueces, los vehículos, el carbón y los cosméticos, entre otros

La justicia turca ha liberado, este miércoles, el presidente de Amnistía Internacional en el país, en la cárcel desde hace más de un año

Adrià Rocha Cutiller

Dos policía custodian el domicilio donde permanece detenido el pastor evangélico estadounidense Andrew Brunson.

Dos policía custodian el domicilio donde permanece detenido el pastor evangélico estadounidense Andrew Brunson. / AP / Emre Tazegul

Cuando el pastor evangélico estadounidense Andrew Brunson fue detenido en octubre de 2016, Turquía lo acusó de intentar desestabilizar el país: de colaborar con el intento de golpe de estado y de, además, ayudar a la guerrilla kurda del PKK.

Ahora, casi dos años después, lo que precisamente desestabiliza el país es su detención, que está causando una debacle en la economía turca. Donald Trump está, según la Casa Blanca, furioso con las acciones del gobierno de Recep Tayyip Erdogan, aliado de la OTAN desde la década de los cincuenta. Erdogan acusa a Trump de intentar meterse en los asuntos internos de otro país y, mientras, Brunson sigue detenido: hasta el 25 de julio de este año en la cárcel; desde entonces en arresto domiciliario.

Lo seguirá, como mínimo, hasta el 12 de octubre, cuando se celebrará la siguiente vista del caso, porque este miércoles un juez turco ha rechazado, otra vez, su puesta en libertad. Brunson llevaba una pequeña comunidad cristiana evangélica de unas 30 personas en la ciudad de Izmir.

Quién sí que ha quedado libre este miércoles ha sido el presidente de Amnistía Internacional en el país, Taner KiliçLlevaba 14 meses en la cárcel por motivos parecidos a los de Brunson.

Problemas económicos

El arresto del pastor evangélico ha causado estragos: la economía turca no está en muy buen estado —la inflación interanual se sitúa en el 15% y la deuda privada es altísima— y la crisis con los EEUU no ha hecho ningún favor. La lira turca, la moneda del país, ha perdido el 20% de su valor en un mes. El 15 de julio, un euro equivalía a cinco liras. Ahora equivale a siete y es, en gran medida, gracias a Trump.

La semana pasada, la lira caía desesperada cuando, temprano por la mañana en Washington, el presidente estadounidense entró en Twitter y anunció una subida de los aranceles al acero y aluminio turcos. Trump empujó la lira turca, ya en caída libre, al fondo del foso.

«Guerra comercial»

Erdogan catalogó la medida de Trump de guerra comercial y subió la apuesta. Este martes llamó a los turcos a boicotear los productos electrónicos estadounidenses y a cambiar dólares por liras. «Hay un ataque económico abierto contra Turquía. Si ellos tienen el iPhone, al otro lado está Samsung. Tomaremos medidas», dijo este martes el presidente turco. Sus seguidores, estos días, se dedican a deshacerse de sus dólares y oro y, los más fervorosos, queman billetes estadounidenses.

Turquía, hoy, ha incrementado las tasas de importación de tabaco, nueces, arroz, vehículos, alcohol, cosméticos y carbón estadounidenses. En el caso de las bebidas alcohólicas, la subida de aranceles llega al 140%. Erdogan, como siguiente paso, estudia poner sanciones a miembros del Gobierno estadounidense; Trump, restringir los vuelos a los Estados Unidos de Turkish Airlines.

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