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CONSECUECIAS DE UNA PRÁCTICA ILEGAL

Muertes, violaciones e hipocresías en Argentina

Muchas mujeres, la mayoría adolescentes, abortan clandetinamente en el país sudamericano donde se contabiliza un aborto cada 90 segundos

Abel Gilbert

Manifestantes a favor de legalizar el aborto, ante la embajada de Argentina en Madrid.

Manifestantes a favor de legalizar el aborto, ante la embajada de Argentina en Madrid. / EFE / Emilio Naranjo

Cada 90 segundos se practica un aborto clandestino en Argentina, como el que tuvo que atravesar este mismo miércoles, en la provincia de Mendoza, una mujer de 34 años, madre de cinco hijos. Quedó internada en grave estado y tuvieron que extirparle el útero. Su vida pendía de un hilo mientras el Senado discutía la ley de interrupción legal del embarazo con la férrea oposición de los legisladores mendocinos. Los senadores de la paupérrima provincia de Santiago del Estero también están en contra. Allí acaba de morir una mujer de 22 años, madre de dos hijas. El Hospital Regional no pudo contener la infección generalizada en su cuerpo. Lo mismo ocurrió con otras dos mujeres días atrás.

Las historias se multiplican e iluminan los pliegues ocultos de una situación aberrante, como la que tuvo que sufrir en mayo una niña de 12 años. Llegó a un hospital de la localidad bonaerense de Avellaneda con un embarazo de 10 semanas. Una vez que venció sus pudores, pudo contarle a la médica Fabiana Reina que la habían violado. La niña y la madre quisieron abortar. En esos casos excepcionales, la ley permite la interrupción. Sin embargo, el director del hospital se declaró objetor de conciencia y quiso disciplinar a sus subordinados. Reina obró según dicta el Código Penal para esos casos. De inmediato, comenzaron a hostigarla en las redes sociales y en su casa.

El violador, en casa

En Salta, otra menor de 10 años fue con su madre al hospital infantil. En la guardia quisieron saber qué le pasaba. “Es el estómago”, dijo. Los médicos no se demoraron en comprobar que estaba embarazada de 19 semanas. La había violado la pareja de la mamá. Pero en la muy conservadora Salta, el gobernador Juan Manuel Urtubey no se había adherido a la ley del 2015 que contemplaba el aborto en esas situaciones aberrantes. Semanas atrás, Urtubey  debió volver sobre sus pasos. Sin embargo, fue un giro a medias. El gobernador, divorciado y vuelto a casar con una modelo, con autorización eclesial, le informó a los salteños que la niña y la mama habían aceptado “continuar con el embarazo”.

Frente a los senadores, la salteña Milagros Peñalba, de 16 años, contó esta y otras historias en los días previos a la votación. “Un cuarto de los embarazos son adolescentes, pero te sancionan por estar a favor de la ley. La verdadera rectora de la educación en Salta es la Iglesia”. Sobre este trasfondo de muertes en quirófanos improvisados y violaciones, y con el respaldo de las provincias más conservadoras y a la vez las más golpeadas por los flajelos, el “No” al aborto legal se imponía en el Senado.