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GOLPE AL MEDIOAMBIENTE

Trump presenta su polémico plan para relajar las regulaciones contra la contaminación

Congela las reglas de Obama que obligaban a fabricar coches más eficientes y limita el poder de los estados

La propuesta va más allá de lo que pedían los fabricantes de automóviles y puede derivar en batallas legales

Idoya Noain / Nueva York

Coches entrando en Nueva York.

Coches entrando en Nueva York. / Frank Franklin II

La guerra de Donald Trump contra el medioambiente, y contra el legado de su predecesor en la lucha contra el cambio climático, suma un nuevo y trascendental capítulo. Este jueves la Administración del republicano que sacó a Estados Unidos del Acuerdo de París ha presentado un plan por el que se congelarán las reglas de eficiencia de vehículos que aprobó Barack Obama. Aunque se abre un periodo de consultas de 60 días y la normativa final podría tener modificaciones, la presentación oficial de la propuesta confirma el impulso de Trump a la desregulación que va incluso más allá de lo que pedían los fabricantes de automóviles. Ratifica también el enfrentamiento con estados, gobernados por demócratas, que se rigen por políticas medioambientales más estrictas que las de Washington. Y augura una ola de batallas legales.

El eje central del plan, presentado conjuntamente por la Agencia de Protección Ambiental (EPA) y el Departamento de Transporte, es anular una regla de Obama del 2012 que exigía a los fabricantes de automóviles doblar la eficiencia de los coches, todoterrenos y furgonetas para 2025, logrando un consumo de unos 23 kilómetros por litro. La Administración Trump, en cambio, congelará a partir de 2021 y durante seis años el requerimento de eficiencia en 15 kilómetros por litro.

Otro de los ejes de la propuesta es revocar el derecho de los estados a establecer normas contra la contaminación más exigentes que las del gobierno federal. California fue el único que obtuvo ese permiso legal, logrando que se le diera la exención en la Ley de Aire Limpio de 1970, pero en esa misma norma se permitió a otros estados aplicar las regulaciones californianas y en la actualidad las siguen otros 13 estados, con lo que las leyes más restrictivas de contaminación de vehículos cubren a un tercio de los que circulan por el país.

Batalla legal segura

Trump ha ido más lejos incluso de lo que querían los fabricantes de coches, que aunque inicialmente se opusieron a las regulaciones de Obama también consideran excesiva la propuesta de la actual Administración y pidieron inútilmente en mayo a Trump que negociara con California antes de presentar un plan. Parte del temor de los fabricantes es que se alargarán durante años las seguras batallas legales, creando incertidumbre sobre la regulación que afectará a su producción o incluso, si los estados llegan a ganar en los tribunales, puede crear un doble mercado con dos tipos de estándares de eficiencia. 

El combate en los tribunales es ya un hecho. California y otros 16 estados ya presentaron una demanda preventiva en mayo asegurando que quitarles su derecho a aplicar normas más estrictas sería ilegal. Y este jueves el gobernador californiano, Jerry Brown, que ha denunciado el plan de Trump como "una trama temeraria bajo la que los conductores pagarán más en la gasolinera, obtendrán menos eficiencia y respirarán aire más sucio", ha avisado en Twitter de que "California combatirá esta estupidez en todas las formas concebibles". El estado podría también bajo el plan de Trump ver invalidado el mandato que le permite obligar a que se venda un número determinado de vehículos eléctricos. 

Pruebas débiles

La presentación del plan se ha retrasado por las discrepancias dentro de la Administración, donde ha acabado imponiéndose la línea dura aunque hay quien teme que los datos usados para argumentar la regulación propuesta son débiles y no soportarán el escrutinio legal. El gobierno de Trump afirma que mantener las normas de Obama dispararía los muertos en las carreteras, fatalidades que ha llegado a cifrar en casi 13.000 en una década, pero llega a ese número basándose en un triple razonamiento que cuestionan muchos expertos.

Uno de los argumentos de la Administración es que con vehículos más eficientes la gente conduciría más, aumentando la posibilidad de accidentes, y otro que los coches tendrían que ser más ligeros y por lo tanto menos seguros. Pero en el 'Los Angeles Times' Luke Tonachel, del Consejo de Defensa de Recursos Naturales, ha explicado que "la flota de nuevos vehículos es la más eficiente que ha habido nunca y se han hecho más seguros cada año. Los argumentos (del gobierno) no son nuevos y han fracasado antes", ha dicho. 

La propuesta de Trump también se apoya en la idea de que la producción de los coches eficientes dispararía los precios y llevaría a más gente a conducir vehículos viejos y más peligrosos, pero datos federales recopilados por la Administración de Obama apuntaban a que los incrementos de precios palidecen frente a lo que se ahorraría en gasolina, lo que sí podría animar a adquirir los coches más caros.

Nuevos asaltos contra Obamacare

No solo es en el terreno de medioambiente donde Donald Trump está deshaciendo el legado de Barack Obama. Esta semana ha atacado otra vez la reforma sanitaria de su predecesor, que no logró que tumbara el Congreso pese a que los republicanos controlan las dos cámaras, dando luz verde a la venta de seguros a corto plazo que no tienen que cumplir los requisitos de Obamacare.

Se trata de un golpe regulatorio más a la reforma, no el primero, y la arremetida ha llevado a cuatro ciudades a presentar una demanda en los tribunales este jueves. Baltimore, Chicago, Cincinnati y Columbus denuncian que el gobierno está actuando de forma inconstitucional, “librando una campaña para sabotear y acabar anulando la ley”.

El acceso a seguros a corto plazo, que Obama limitaba a tres meses, se anunció el miércoles. Permitirá comprar polizas de hasta un año, prorrogables hasta tres, en las que las aseguradoras no tienen que cumplir requisitos a los que obligaba Obamacare, como aceptar asegurar a individuos con problemas médicos ya existentes, cubrir prestaciones específicas o no poner límites a pagos anuales. El temor es que esas polizas atraerán sobre todo a gente sana, a la que la normativa de Obama quería mantener en los mercados de seguros para equilibrar costes.

Ya antes la Administración de Trump y los republicanos han golpeado Obamacare con otras acciones ejecutivas y legislativas. Estás incluyen la anulación del mandato indivual que obligaba a asegurarse y el recorte de financiación para grupos que ayudan a publicitar, explicar e incentivar que los estadounidenses se aseguren a través de la ley de Obama. El gobierno de Trump, además, anució el año pasado que pondría fin a subsidios para aseguradoras que ayudaban a millones de personas de bajos ingresos a tener seguro, lo que ha disparado los pagos que esa gente tiene que hacer de su propio bolsillo.

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