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ESCANDALO EN FRANCIA

El exguardaespaldas de Macron niega haber traicionado al presidente

El exjefe de la seguridad del presidente francés Emmanuel Macron golpeó a un manifestante durante la manifestación del 1 de mayo

Irene Casado Sánchez

El presidente francés Emmanuel Macron y el ex jefe de la seguridad, Alexandre Benalla en una manifestación el día nacional de Francia. 

El presidente francés Emmanuel Macron y el ex jefe de la seguridad, Alexandre Benalla en una manifestación el día nacional de Francia.  / PHILIPPE WOJAZER (REUTERS)

Protagonista del escándalo que ha desatado la primera crisis política del mandato de Emmanuel Macron, Alexandre Benalla no ha perdido la oportunidad de dar a conocer su versión de los hechos. En una larga entrevista concedida al diario Le Monde, el polémico guardaespaldas evoca un ajuste de cuentas cuyo principal objetivo sería «atacar al presidente de la República».

«Los hechos [su contestada intervención en una manifestación del Primero de Mayo] los asumo, no formo parte de la teoría del complot, es la realidad. Sobre lo que sucedió después, soy mucho más reservado. La primera voluntad era atacar al presidente (…), eso es seguro». Benalla se refiere así a la publicación del vídeo, por el periódico Le Monde, donde aparece golpeando a un manifestante, portando distintivos policiales. Tales revelaciones han desencadenado una investigación judicial y una administrativa, la creación de una comisión de investigación en la Asamblea Nacional y su propio despido como responsable de seguridad de los desplazamientos de Macron. 

Origen de la filtración

Quien fuera el guardaespaldas de confianza del presidente, ahora acusado de actos de violencia y usurpación de funciones, estima que las personas que divulgaron las imágenes, con su correspondiente identificación, «son de un nivel importante», señalando vagamente al gabinete del ministro del Interior. Según Benalla, él no sería más que «el eslabón más débil», un «punto de entrada para alcanzar» al presidente, en un contexto donde ciertas personas «no soportan que pertenezcas al club».

Un club que le habría proporcionado numerosos privilegios: un apartamento a cargo del Elíseo, un coche oficial, una acreditación de alto rango para acceder a la Asamblea Nacional, un sueldo estimado por los medios de comunicación franceses en 10.000 euros o una habilitación para acceder al «secreto de defensa». Estas prerrogativas, desconocidas por el gran público antes de que saltase el escándalo, se encuentran ahora en el centro de la investigación abierta por la Cámara Baja.

Trato de favor

Interrogado sobre estas nada desdeñables ventajas, Benalla rechaza haber recibido un trato de favor por parte del jefe de Estado, justificando o aclarando uno por uno sus polémicos privilegios. «Por necesidad absoluta de servicio», le fue atribuido un apartamento de «80 metros cuadrados», y no de 300 como informaron varios medios de comunicación, explica. Respecto a su sueldo como encargado de misión del gabinete del presidente de la República, no menos polémico, Benalla asegura que su remuneración asciende a 6.000 euros netos al mes.

Sobre su acceso de alto rango al hemiciclo de la Asamblea Nacional, dispensa que levantó la cólera de la oposición, el exguardaespaldas argumenta que fue él mismo quien solicitó el acceso. «Simplemente porque me gusta ir al gimnasio de la Asamblea (…)», dijo, admitiendo que  «quizá se trate de un capricho».

Invitación

Más allá de estos contestados privilegios, una de las cuestiones más mediáticas es, sin duda, quién le facilitó los distintivos policiales que portaba el pasado día 1 de mayo. Benalla responde sin reparos al interrogante: dos días antes del evento, «un oficial de enlace con el Elíseo (…)  me entregó una bolsa con un casco, un cinturón de cuero, una máscara de gas, un brazalete policial y una chaqueta azul con distintivos policiales y el grado de capitán». Sostiene, además, que su presencia en la manifestación no fue una iniciativa propia. El propio jefe del Estado Mayor de la prefectura de Policía, Laurent Simonin, le habría «invitado», tratando así de acallar las voces de aquellos que le acusan de haber actuado al margen de las autoridades policiales.

A lo largo de la entrevista, Benalla denuncia las riñas entre los distintos servicios de seguridad del Estado que, a su parecer, nunca le habrían aceptado en el entorno de Macron por su perfil atípico: con tan solo 26 años, sin formar parta de ninguna institución de la élite francesa, ni pertenecer a ningún cuerpo policial, consiguió formar parte del círculo más cercano del presidente.

Un presidente que, tras seis días de silencio, terminó asumiendo su responsabilidad en el escándalo, calificando los hechos como «una traición». Por su parte, Benalla niega haber traicionado al presidente, si bien asume «haber cometido una gran tontería (…) un error especialmente desde un punto de vista político». Un análisis matemático a la vista de los acontecimientos: el error dio paso al escándalo, y este desató la primera crisis de gran calibre del mandato de Macron, paralizando, todavía hoy, la vida política francesa.