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CONTROVERSIA EN FRANCIA

El escándalo del escolta de Macron paraliza la política francesa

Los partidos mantienen bloqueada la revisión de la Constitución mientras no se esclarezcan los hechos

La falta de explicaciones del ministro del Interior en la comisión de investigación subleva a la oposición

Irene Casado Sánchez

Benalla (derecha) junto a Macron, en un acto en París, el pasado 24 de febrero.

Benalla (derecha) junto a Macron, en un acto en París, el pasado 24 de febrero. / REUTERS

El escándalo está lejos de apaciguarse. El revuelo alrededor de la agresión del responsable de seguridad de Emmanuel Macron a dos manifestantes ha alcanzado cotas de asunto de Estado y ya no solo ocupa la primera plana mediática, sino que está paralizando la vida política francesa. La comisión de investigación habilitada por la Asamblea Nacional para esclarecer la violencia ejercida por Alexandre Benalla el pasado 1 de mayo, cuando se hizo pasar por policía, ha comenzado este lunes con la comparecencia de Gérard Collomb, ministro del Interior. Una situación que ha alcanzado tal magnitud que ha obligado a suspender hasta nuevo aviso un proceso de enorme calado como es el debate sobre la reforma constitucional.

La oposición no parece dispuesta a dar tregua al Ejecutivo francés, sumido en una verdadera crisis política, ni al mismo presidente de la República que, por ahora, se mantiene alejado de los focos, limitándose a condenar estos hechos "escandalosos" e "inaceptables" a través de varios miembros de su Gobierno. Los adversarios de Macron parecen firmes en su decisión de no abordar la revisión de la Carta Magna mientras no se esclarezca plenamente este asunto. 

Sanciones

Sabedor de que se encuentra en el centro de todas las críticas, Collomb ha tratado de limitar su responsabilidad apuntando sin rodeos al Elíseo y a la jefatura policial de París. Según el responsable de Interior, ambas instituciones ya se ocuparon de sancionar al entonces jefe de la seguridad presidencial. Benalla recibió una escueta sanción que acarreaba la suspensión de empleo y sueldo durante 15 días.

Y justo en ese punto reside buena parte del escándalo. Tras la inhabilitación, Benalla continuó ocupando sus funciones, disfrutando incluso de un apartamento propiedad del Elíseo y de una acreditación de alto rango para acceder a la Asamblea Nacional de la que dispone desde julio del año pasado. El revuelo mediático llegó despué de que el diario Le Monde publicara las imágenes que muestran a Benalla luciendo distintivos policiales golpeando con una violencia incontestable a unos manifestantes. El impacto llevó a presidencia a despedir al responsable de seguridad de los desplazamientos de Macron.

Alboroto

¿Conocía el ministro del Interior los hechos? ¿Por qué no se comunicó lo ocurrido a la fiscalía, como prevé la legislación francesa? ¿Quién facilitó los distintivos policiales a Benalla? ¿Por qué no intervinieron las fuerzas del orden para evitar la agresión del guardaespaldas? Estas son solo algunas de las cuestiones planteadas al ministro del Interior, que ha optado por marcar distancias con el polémico escolta.

Collomb ha asegurado no conocer personalmente a Benalla, con quien simplemente habría coincidido en varias ocasiones. Ha sostenido que tampoco ha discutido el asunto con el mismo Macron, pese a que ambos estuvieron reunidos este mismo fin de semana. Respuestas que han despertado el alboroto entre los diputados presentes en la comisión, poco satisfechos con las vagas respuestas del ministro.

Así, en plena debacle política, Collomb ha explicado que nunca fue informado de la autorización que permitió a Benalla y a su acólito Vincent Crase, responsable de seguridad del partido de Macron, acompañar como "observadores" a las fuerzas del orden durante las manifestaciones del Primero de Mayo.

Indignación

Durante su alocución, el máximo responsable de Interior ha condenado con insistencia los hechos, que ha calificado de "inadmisibles". Unos hechos ahora en manos de la fiscalía, que ha anunciado la imputación de Benalla por cargos de violencia contra manifestantes, uso ilegal de distintivos policiales y acceso indebido a imágenes de seguridad pública.

Paralelamente a esta investigación judicial, la Asamblea Nacional continuará ocupándose de la comisión de investigación. Ni la audición de Collomb, ni la del prefecto de la Policía de París, Michel Delpuech, interrogado horas después, han conseguido calmar los ánimos de la oposición. Jean-Luc Mélenchon, jefe de filas de Francia Insumisa, calificaba las declaraciones de Collomb de "espantosas" y le ha acusado de mentir sin reparo. Mélenchon ha estimado indispensable que el propio Macron sea interrogado por la comisión: "todo lleva a Macron (…), que lo sabe todo".

"El ministro del Interior no estaba al corriente de nada, tampoco el jefe de la Policía de París, que pasa por ser uno de los hombres mejor informados de Francia. Nos toman por imbéciles", ha proclamado exaltado Nicolas Dupont-Aignan, presidente de Debout la France. Escuchando las alocuciones en la comisión queda claro que el escándalo de Benalla ha conseguido algo inédito: unir a todas las fuerzas de la oposición. Mientras, Macron y su Ejecutivo continúan atrapados en un torbellino político y mediático con consecuencias, por ahora, imponderables. 

La popularidad de Macron, en sus horas más bajas

Tras apenas un año y dos meses en el Elíseo, la popularidad de Macron pasa por sus horas más bajas: el 59% de los franceses tiene una opinión negativa o muy negativa de él, según un sondeo realizado el 18 de julio, en buena medida por su controvertidas reformas política y comentarios inoportunos.

La construcción de una piscina desmontable, valorada en 34.000 euros, en la residencia estival de Bregançon, o la renovación de la vajilla del palacio del Elíseo por un coste de 500.000 euros son algunos de los lujos presidenciales que crispan a los franceses. Tampoco han ayudado desacertados comentarios como "los bretones son la mafia francesa", "la locura de pasta" que cuestan las ayudas sociales, o la lección de moral poco amable que Macron dio a un joven estudiante por llamarle "Manu", también le pasan factura.

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