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SALUD DELICADA

¿Qué le pasa a Juncker?

El presidente de la Comisión Europea tuvo que recibir ayuda para caminar antes de la cena de gala de la cumbre de la OTAN

Su portavoz confirma que sufrió un "doloroso ataque de ciática acompañado de calambres" que ya está controlado

Silvia Martinez / Bruselas

 Jean-Claude Juncker recibe la ayuda del primer ministro holandés, Mark Rutte.

 Jean-Claude Juncker recibe la ayuda del primer ministro holandés, Mark Rutte.

Las imágenes de un tambaleante Jean claude juncker (63 años) durante la foto de familia que los líderes de la OTAN se hicieron el miércoles en el parque del Cincuentenario en Bruselas empezaron a recorrer como la pólvora en las redes sociales. En ellas se veía al presidente de la Comisión Europea perdiendo el equilibrio y muy afectado. ¿Está gravemente enfermo o iba bebido?, se empezaron a preguntar muchos. ¿Qué le pasa a Jean Claude Juncker?.

Su portavoz no ha tenido más remedio que salir a aclararlo y su respuesta ha sido que ni lo uno ni otro. El luxemburgués sufrió un "particularmente doloroso ataque de ciática acompañado de calambres" que ya está controlado y que no le impiden trabajar con normalidad. “El presidente ha declarado públicamente que la ciática afecta a su habilidad de andar como fue el caso del miércoles y quiere agradecer públicamente al primer ministro Rutte (Holanda) y a Antonio Costa (Portugal) sus asistencia”, ha explicado Margaritis Schinas sobre una revelación que el propio Juncker hizo en junio pasado:  "Tengo alguna dificultad para caminar. No estoy bebido. Tengo ciática. Preferiría estar borracho", explicó ante el Parlamento irlandés

Agenda normal

Rutte y Costa fueron algunos de los varios mandatarios que le dieron el brazo y le prestaron ayuda para bajar las escaleras del escenario montado para foto de familia y ayudarle a caminar después en dirección a la cena de líderes. Según ha explicado Schinas, poco después el dolor le desapareció y se pudo sumar a esa cena sin problemas. Desde entonces, ha mantenido una agenda de trabajo normal a la que seguirá una intensa actividad en los próximos días que le llevará a Tokio previa parada en Pekín y antes de poner rumbo a Estados Unidos.

Su portavoz ha admitido, que está bajo medicación -una medicación estándar- aunque ha rechazado entrar a discutir públicamente sus problemas de salud en sala de prensa. “No le deseo a nadie que sufra dolores como ese. Pero está bien y está siguiendo su programa con normalidad”. Ante las preguntas de si el presidente del Ejecutivo comunitario estaba borracho, su portavoz ha explotado. "Es de muy mal gusto que determinados medios hagan titulares insultantes explotando el dolor del presidente. No es elegante ni justo", ha recordado. ¿Pero mezcló alcohol y medicación?, le han interrogado. "No, no lo hizo. Al menos que yo sepa", ha respondido.

Berlín sale en su defensa

La prueba de que este episodio no ha pasado desapercibido es que hasta Stefen Seibert, portavoz de la cancillera alemana Angela Merkel ha tenido que salir a dar explicaciones y cerrar filas en torno a Juncker. Según ha dicho desde Berlín, el Gobierno alemán tiene “un nivel de confianza muy alto” en Juncker. No es la primera vez que los achaques de Juncker saltan a las páginas de los medios de comunicación. En 2015 admitió en una entrevista con Politico que sufría de cálculos renales. Unos meses antes saltaban a la palestra sus supuestos problemas con el alcohol de la mano de unas declaraciones del ex presidente del Eurogrupo, el holandés Jeroen Dijsselbloem, que le sucedió en ese puesto. Algo de lo que también se ha echo eco la prensa británica.

"Tengo un problema de equilibrio con la pierna izquierda que me obliga a tomar la rampa cuando estoy en una escalera. Un ministro holandés, a quien agarré del brazo después del almuerzo dijo que estaba borracho. Este problema se remonta a un grave accidente automovilístico. En 1989, pasé tres semanas en coma y después seis meses en una silla de ruedas", se justificó en una entrevista con el diario 'Libération' en 2016. El único “problema personal”, insistió entonces, es “la fatiga”. Dos años después al presidente de la Comisión, que ya ha anunciado que no se presentará a la reelección, aquella "fatiga" sigue haciédole mella.

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