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una historia de cine

Hollywood llama a la cueva de Tailandia

Un museo y dos películas explotarán la gesta del rescate de los 12 niños y el monitor en la gruta del país asiático

Adrián Foncillas

Una estudiante tailandesa muestra una fotografia de su companero de clase, Duangpetch Promthep, uno de los niños rescatados de la cueva de Mae Sai.

Una estudiante tailandesa muestra una fotografia de su companero de clase, Duangpetch Promthep, uno de los niños rescatados de la cueva de Mae Sai. / EFE / RUNGROJ YONGRIT

Tensión, amistad, superación, drama y final feliz. No es raro que la gesta de los Trece de Tham Luang atrajera la atención global durante 18 días y sorprenderá que aburra en el futuro. No han salido los chicos del hospital cuando ya se amontonan los planes de explotación económica.

La propuesta de convertir la cueva en un museo ya se había aireado durante el rescate y fue enterrada por los que afeaban su escasa sensibilidad. Pero los debates éticos se extinguieron tras la última inmersión y Narongsak Osottanakorn, jefe del operativo, la confirmó en la siguiente rueda de prensa. “El área se convertirá en un museo interactivo para mostrar cómo se llevó a cabo la operación”, dijo. El museo complementará el tradicional menú tailandés de playas, templos y desmelene. “Será otra gran atracción turística”, avanzó. A la provincia de Chiang Rai no le faltan argumentos: un par de relevantes templos, paisajes naturales espectaculares y su cercanía al Triángulo de Oro (Tailandia, Laos y Myanmar), abundante en opio y prostitutas. Pero carece de la fama de la vecina Chiang Mai, Bangkok o las islas. No se le puede negar olfato a un país que saca de los visitantes el 10% de su PIB.

El museo lidiará con el mismo monzón que entorpeció las tareas de salvamento y es dudoso que pueda permanecer abierto entre los meses de julio y octubre. Sería tragicómico que los turistas se vieran sorprendidos por una súbita inundación como la que impidió el regreso de los miembros de los Jabalíes Salvajes FC. El primer ministro, Prayuth Chan-ocha, aclaró después que serán necesarias medidas de seguridad.

Una bella princesa

Los accesos a la cueva siguen cerrados y por el camino desfilaban ayer camiones cargados con las bombas de extracción. Ocupa el corazón de un parque natural que parece un manto verde de contornos dulces. Con esfuerzo se adivina en las montañas cercanas la silueta de la mujer dormida que le otorga la leyenda local: una bella princesa escapó a la cueva con su amante plebeyo, su padre envió a los soldados que le matarían, ella se suicidó y de ahí salió el nombre: Tham Luang Nang Non o la Cueva de la mujer tumbada.

Es un escenario de película más allá de la metáfora. Un par de medianas productoras ya se pelean por los derechos de una trama invencible y es improbable que no aparezcan pronto los grandes estudios. Hasta Mae Sai, la apacible localidad al pie del parque natural, han acudido trabajadores de los estudios para preguntar a los submarinistas y familiares por el rescate. Oposita a los derechos la compañía estadounidense Pure Flix, especializada en producciones cristianas como 'Dios no está muerto' o documentales ultra conservadores como 'La América de Hillary: La historia secreta del Partido Demócrata'. A su favor juegan los vínculos de Michael Scott, su socio fundador: vive en Tailandia y su esposa local estudió con el submarinista ahogado. Y en su contra, la cuestión de qué hace una productora de películas cristianas en una historia donde todos rezaban a Buda.

Célebre manga

Scott ve “una producción hollywoodiense con estrellas de primera clase”. Y ahí ha mordido el director sino-estadounidense Jon Chu, empleado en la productora Ivanhoe Pictures. Chu quiere rodar la película para evitar el enésimo blanqueamiento en la interpretación de roles asiáticos por caucásicos. Es un asunto que descompone cíclicamente a Asia desde aquel improbable Gengis Khan de John Wayne. Muchos se han preguntado últimamente qué pintaba el rubiales Matt Damon en la Gran Muralla durante el siglo XI o por qué Scarlett Johansson fue la heroína de un célebre manga. “Me niego al blanqueamiento del recate tailandés. Ni en broma. Eso no ocurrirá o los mandaremos al infierno”, clamaba en Twitter Cho, quien promete que ha conseguido los derechos del Gobierno. Este desenlace necesitará más de 18 días.