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Baja en la Casa Blanca

Dimite el jefe de la Agencia de Protección Medioambiental de EE UU

Scott Pruitt se enfrentaba a una larga lista de escándalos de corrupción

Ricardo Mir de Francia

Scott Pruitt.

Scott Pruitt. / REUTERS / AL DRAGO

Los escándalos han podido con Scott Pruitt, el bulldozer que estaba desmantelando con eficiencia prusiana las leyes para salvaguardar el medioambiente y combatir el cambio climático en Estados Unidos. Pruitt ha presentado este jueves su dimisión al frente de la Agencia de Protección Medioambiental (EPA, de sus siglas en inglés) tras haberse convertido en uno de los miembros más cuestionados del gabinete de Donald Trump, que ha acabado aceptando su renuncia por recomendación de sus asesores más cercanos. Pruitt había convertido la EPA en su cortijo personal hasta erigirse en la antítesis del funcionario intachable con el que Trump prometió “drenar el pantano” de corrupción de Washington. Le perseguían una docena de investigaciones federales y su nombre era sinónimo de las corruptelas en la era Trump.

El antiguo fiscal general de Oklahoma era uno de los altos cargos más próximos y fieles al presidente. Y como administrador de la EPA estaba cumpliendo, por más que hubiera retorcido la misión de la agencia para ponerla al servicio de los intereses de los combustibles fósiles y los negacionistas del cambio climático. Pilotaba una agenda agresiva para desregular el medioambiente y destruir el legado de Barack Obama. Pero sus excesos personales le han acabado perdiendo. A Pruitt le gustaba el lujo y no lo disimulaba. Y como ya hizo en Oklahoma, mantuvo una relación incestuosa con las industrias a las que supuestamente debía vigilar. Una combinación que ha ido dejando una larga lista de grandes y pequeños escándalos. 

Entre otras cosas se gastó 43.000 dólares para insonorizar una parte de su despacho, ya de por sí uno de los más grandes y lujosos de Washington. No lo notificó al Congreso, a pesar de que cualquier gasto superior a los 5.000 dólares tiene que ser consultado. También viajaba frecuentemente a su casa, siempre en clase business y con billetes pagados por el contribuyente. "Búsquenme algo que hacer", les pedía a sus asesores para no tener que dar explicaciones. En un viaje de trabajo a Marruecos, se dejó agasajar por un lobista. Y a dos de sus asesores, cargos políticos nombrados por él mismo, les subió espectacularmente el sueldo. Quizás lo más embarazoso de todo fue saber que estaba viviendo de alquiler en casa de otro lobista de las multinacionales petroleras que le hacía un precio ventajoso y solo le cobraba por las noches que pasaba en el apartamento. Pagaba únicamente 50 dólares por noche en una ciudad que está entre las más caras del mundo. 

Mala publicidad

Trump siempre le defendió públicamente, pero sus colaboradores concluyeron que se había convertido en una rémora. Una fuente permanente de mala publicidad. "Con este hombre es una cosa después de la otra", llegó a decir el presidente a sus colaboradores. Eso ha hecho que haya aceptado finalmente su dimisión. No sin antes agradecerle su "trabajo sobresaliente". Le sustituirá en el cargo su número dos, Andrew Wheeler, un antiguo lobista de la industria del carbón que comparte con Pruitt su desinterés por el cambio climático y la protección del medioambiente.