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CRISIS POLÍTICA EN ALEMANIA

Merkel trata de convencer a los socialdemócratas para que acepten su restricción migratoria

Tras consensuar más controles fronterizos con su ministro del Interior, los conservadores ponen entre la espada y la pared a sus socios de gobierno

En 2015 el SPD se opuso a la creación de centros para solicitantes de asilo, ahora aprobados por CDU y CSU

Carles Planas Bou

Merkel advierte de que el desafío de la migración es decisivo para el futuro de la UE

Merkel advierte de que el desafío de la migración es decisivo para el futuro de la UE

En un inicio de semana inusualmente frenético para la política alemana, los conservadores de Angela Merkel (CDU) y sus aliados bávaros (CSU) se han reunido este martes en otra maratoniana jornada para tratar de limar asperezas y buscar el apoyo de los socialdemócratas (SPD), tercer pilar del gobierno de coalición, al duro acuerdo migratorio sellado la noche del lunes. Sin embargo, la falta de consenso ha hecho extender las negociaciones a este jueves.

Con la aprobación ayer de un pacto que incluye la creación de campos cerrados para migrantes y más controles en la frontera, la canciller evitaba una crisis política mayúscula que podría haber hecho caer al gobierno pero también pasaba la pelota y toda la presión a un SPD entre la espada y la pared. Sin su aprobación el pacto no puede aplicarse y el ejecutivo puede volver a tambalearse. Conscientes de que el miedo socialdemócrata a unas nuevas elecciones que certifiquen otra debacle electoral pesa mucho, los conservadores tratan de convencer a sus aliados para endurecer su política migratoria.

Pero el pacto para “ordenar y controlar la migración secundaria”, eso es la de personas ya registradas en otros estados de la Unión Europea (UE) pero que aún así solicitan el asilo en Alemania, no gusta a muchos socialdemócratas. Pesos pesados como su vicepresdenta, Natascha Kohnen, han remarcado que no aceptarán la creación de centros de detención de migrantes cerrados. Ese adjetivo puede ser clave para delimitar un posible acuerdo. El representante del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados en Alemania, Dominik Bartsch, ha asegurado que esos centros pueden “cruzar una línea roja”.

EL SPD YA SE OPUSO A LOS CENTROS

Además de despertar dudas sobre su legalidad, el SPD tiene otro argumento que tumbar la medida impulsada por el ministro del Interior, Horst Seehofer: la credibilidad. Y es que en 2015 los socialdemócratas ya se opusieron a la creación de centros para migrantes en la frontera. “Ni prisiones, ni vallas”, dijo en su momento su exlíder, Sigmar Gabriel. Aceptar el pacto puede decepcionar a aún más votantes del centro-izquierda; no hacerlo puede suponer su adiós al gobierno.

Los nuevos controles fronterizos no serán una novedad en Alemania, que tras aceptar a cientos de miles de refugiados en 2015 no tardó en volver a reforzar la presencia policial en la frontera bávara. Otros cinco estados también tienen casos que esquivan la libre circulación contemplada dentro de la UE. Tras los atentados de París, Francia impuso controles policiales en su frontera con Italia, una excepción a Schengen que sirve para agilizar la expulsión de migrantes. Noruega, Suecia, Dinamarca y Austria también la aplican. Como respuesta al movimiento alemán, la República Checa ha anunciado que seguirán los mismos pasos para rechazar inmigrantes.

PARCHE AL PROBLEMA

A pesar de haber llegado a un pacto ‘in extremis’ para salvar el gobierno, ese parche no evita nuevas crisis a medio plazo. “Merkel y Seehofer no solucionan el conflicto, solo lo traspasan: al SPD, a Austria y hasta su próxima oportunidad para humillarse”, aseguraba Stefan Kuzmany, analista político de ‘Der Spiegel’. Aunque se ha vendido como una solución a medio camino, esa decisión supone una claudicación de Merkel al discurso ultraconservador de los bávaros, un giro que daña su autoridad en el ejecutivo, certifica el adiós a su política de acogida del 2015 y que da alas a la CSU para que siga imponiendo sus propuestas a base de amenazas.

El pacto y las agónicas negociaciones que la precedieron y que pusieron en vilo a todo el país también pueden dañar a ambos partidos. Quien ya parece verse afectada es la CSU, que puso a Merkel contra la pared con el objetivo de captar el voto xenófobo fugado a la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) de cara a las elecciones regionales de Baviera del 14 de octubre. Sin embargo, un 67% de los alemanes les considera “irresponsables”, un 55% de su propios votantes criticó esa amenaza a la cancillera y su perspectiva de voto se ha hundido al 34%, el que sería el pero resultado de su larga historia.