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Perfil

López Obrador: un izquierdista pragmático

El político mexicano ha alcanzado la presidencia en su tercer intento

Témoris Grecko

López Obrador.

López Obrador. / REUTERS / CARLOS JASSO

Andrés Manuel López Obrador es una imagen en la que cada cual ve lo que quiere. Entre quienes lo admiran, unos dicen que es el líder radical de una revolución pacífica, otros que es un pragmático capaz de pactar con los poderes fácticos. Los que lo rechazan hacen descripciones contradictorias: es un malvado, es un puritano, es un embaucador, es un iluminado…

Sin embargo, el dirigente izquierdista ha logrado vencer las campañas de desprestigio: hace un año, los sondeos sobre su persona mostraban un rechazo superior a la aprobación. Ahora, la empresa Demotecnia difundió una encuesta en la que AMLO es el único de los cuatro candidatos presidenciales con un balance favorable: 58% de los entrevistados dijo tener una opinión positiva contra 28% negativa.

Algo parecido ocurre con los inversionistas: las advertencias de una fuga masiva de capitales por temor a López Obrador son desmentidas por el fortalecimiento de la moneda, que en dos semanas ha mejorado de 20 a 18.5 pesos por dólar. “En los mercados internacionales hay confianza y tranquilidad”, anunció la empresa financiera JP Morgan.

Acusan a AMLO de ser un Hugo Chávez encubierto. Pero el venezolano no es una de sus referencias. El caudillo de la guerra contra España, José María Morelos; el republicano que expulsó al Ejército francés y separó la iglesia del Estado, Benito Juárez; el revolucionario campesino Emiliano Zapata y el general que les arrebató la riqueza del subsuelo a las grandes petroleras extranjeras, Lázaro Cárdenas, son sus figuras de adoración. Y se asume como continuador de su obra, al prometer “la cuarta transformación de México”, después de la Independencia (1810-21), la Reforma (1857) y la Revolución (1910-19).

Giras constantes

Nacido en el sureño estado de Tabasco el 13 de noviembre de 1953, en 1991 encabezó el “éxodo de la democracia”, una marcha de 50 días y 750 kilómetros en protesta por un fraude en elecciones locales. Esa energía lo ha mantenido en giras constantes por todo el país, en contacto con la gente. En esta campaña, a sus 64 años, realizó más mítines y visitó más lugares que sus rivales José Antonio Meade (PRI, 49 años) y Ricardo Anaya (PAN, 39 años).

Como jefe de Gobierno de Ciudad de México, López Obrador recuperó el Centro Histórico, impulsó el transporte público, construyó grandes avenidas, promovió la inversión privada y mejoró la seguridad.

Su aura creció con el intento fallido, en 2005 -con el apoyo del entonces presidente Vicente Fox-, de meterlo a la cárcel y descarrilar su candidatura presidencial para las elecciones de 2006. Fue inútil y sólo perdió por lo que denunció como un fraude electoral, que lo dejó como segundo por 0.5%. En las de 2012, también Enrique Peña Nieto logró imponerse sobre AMLO montado en el impulso de las cadenas de televisión y de operaciones de compra y coacción del voto.

Dirigente social

A lo largo de la campaña, una inversión de miles de millones de pesos no sirvió para que sus rivales lograran competir con él: desde el 13 de diciembre al 26 de junio, según la encuesta de encuestas de la agencia Bloomberg, Anaya logró subir 0.9% hasta el 25.5%, y Meade cayó del 21.4% al 20.3%. AMLO, en cambio, subió 17 puntos, del 33.9% al 51.2%.

Su historia tiene semejanzas no con la de Chávez, un militar golpista, sino como el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, dirigente social que alcanzó el triunfo tras varios intentos. Como ambos, sin embargo, interpretará la suya como una victoria popular: “El pueblo no es tonto”, suele repetir. “Tonto es el que piensa que el pueblo es tonto”.

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