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cumbre europea

La reforma del euro vuelve a quedar en la cuneta

Olga Grau

Angela Merkel conversa con Donald Tusk y Pedro Sánchez, hoy en Bruselas.

Angela Merkel conversa con Donald Tusk y Pedro Sánchez, hoy en Bruselas. / AFP / LUDOVIC MARIN

Los líderes de la eurozona no solo han llegado a un acuerdo de mínimos vacío y sin profundidad en un tema tan espinoso como la inmigración que llega a Europa. También han dejado la reforma del euro incompleta y sin fecha de finalización en la enésima pirueta para evitar compartir un presupuesto común, mutualizar los riesgos y crear un Fondo Monetario Europeo.

Resulta incomprensible que tras una crisis financiera que ha durado una década, ha estado a punto de hacer implosionar la eurozona, ha acrecentado la desigualdad y ha generado un coste elevado para los contribuyentes, los políticos no hayan aprendido la lección. La estructura que sostiene al euro es todavía frágil y la resiliencia ante futuras crisis depende de que esta arquitetura se complete. El documento pactado este viernes deja fuera la mención a crear un presupuesto de la zona euro y esquiva el tercer pilar de la Unión Bancaria: el fondo europeo de garantía de depósitos .

El jueves al mediodía, antes de que empezara la reunión de los Jefes de Estado y de Gobierno, las conversaciones informales con fuentes europeas y diplomáticas ya apuntaban a un fracaso en todo. Los ánimos de los países se resumían en un bloque de líderes pilotados por Hungría, Polonia, Eslovaquia y República Checa (el denominado bloque de Visegrado) que venía dispuesto a bloquear cualquier avance en materia de inmigración con el concurso del flamante Gobierno populista de Italia.

En paralelo, otro bloque de once países pilotado por Holanda llegaba dispuesto a torpedear cualquier intento de mutualización de los riesgos, los eurobonos, el presupuesto común y el fondo de garantía de depósitos europeo. Ámsterdam ha contado con los nórdicos (Dinamarca, Finlandia y Suecia), los bálticos (Estonia, Letonia y Lituania) e Irlanda como sus más fieles aliados.

La Cumbre en la que se ha estrenado el presidente del Gobierno español Pedro Sánchez estaba llamada a ser la gran Cumbre del euro. Pero ha sido la gran decepción. En ella se ha presenciado como una Italia envalentonada, la del nuevo Gobierno de Giuseppe Conte, dirigida en verdad por su ministro de interior, el fascista Matteo Salvini, llegaba a Bruselas a exigir un blindaje de las fronteras. Alemania, un país que acudía a las Cumbres históricamente con el rol de tener la última palabra, ha participado con un único objetivo: evitar que el Ejecutivo caiga por la presión de la extrema derecha en Alemania.

Según fuentes gubernamentales, España hubiera querido un calendario más claro para crear un fondo de garantía de depósitos europeo y poner en marcha el presupuesto de la zona euro. Sánchez ha reconocido al finalizar la Cumbre que el resultado estaba muy lejos de satisfacerle.

Con todos estos mimbres, las conclusiones finales no podían ser más decepcionantes en materia económica, que era el objetivo inicial superado después por la inmigración. Los líderes europeos han dado una patada para delante y se han emplazado a diciembre para volver a retomar la reforma del euro. 

La Cumbre europea, como suele ocurrir cuando se tratan temas complejos y sobre los que los países están divididos, se prolongó el jueves hasta las cinco de la madrugada. Durante todo ese tiempo, el debate estuvo monopolizado por el debate migratorio.La reforma del euro y el posicionamiento sobre el brexit se trató en la mañana del viernes, después de una noche en vela. Y cuando se empezó ya se sabía que era un simple trámite para darle carpetazo, otra vez, para más adelante. Y a la espera de mejor ocasión.

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