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comicios presidenciales

El temor a un pucherazo planea sobre las elecciones mexicanas

El 53% de los votantes tiene poca o nada confianza en el Instituto Nacional Electoral (INE), el órgano responsable de organizar los comicios

Las trampas en las urnas es un mal endémico en el país y no se limita al escrutinio sino a la compra de votos o a las coacciones en la campaña

Témoris Grecko

El canditato izquierdista por el Movimiento Regeneracion Nacional, Morena, Andrés Manuel López Obrador, favorito en las enncuestas, en plena campaña electoral.

El canditato izquierdista por el Movimiento Regeneracion Nacional, Morena, Andrés Manuel López Obrador, favorito en las enncuestas, en plena campaña electoral. / Mario Guzman

El video fue grabado clandestinamente por una beneficiaria de Prospera -el mayor de los programas públicos de asistencia a familias en pobreza extrema- en una reunión en Chimalhuacán, un municipio del extrarradio de la Ciudad de México. Aparece una vocal de Prospera que les exige a las mujeres que firmen una hoja comprometiéndose a votar por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), el partido del presidente Enrique Peña Nieto. Si no lo hacen serán expulsadas del programa.

“¿Cómo van a estar ustedes seguras de que nosotras votemos por el PRI?”, pregunta una persona. “Mis compañeras van a estarlas viendo”, le responde, “y en el sistema de cómputo va a aparecer”. “¡Pero el voto es secreto!”, replica alguien. “Aunque ustedes hagan trampa, va a aparecer”, les advierten.

Este tipo de grabaciones de audio y video han inundado las redes sociales, con ciudadanos registrando todo tipo de actos de compra y coacción del voto: con dinero en efectivo y regalos o con amenazas de agresión física o represalias, se pretende influir en la decisión de los votantes a favor de las alianzas encabezadas por el PRI y por el Partido Acción Nacional (PAN).

El 53% de los mexicanos tiene poca o nada de confianza en el Instituto Nacional Electoral (INE), el órgano responsable de organizar los comicios bajo los principios de certeza, legalidad, independencia e imparcialidad. Además, según la encuesta del diario 'Reforma' publicada este miércoles, un 73% considera que es algo o muy probable que en las elecciones presidenciales del domingo haya fraude.

Esa posibilidad fue descartada de tajo la semana pasada por Lorenzo Córdova Vianello, presidente del Consejo General del INE. “No hay posibilidad alguna”, afirmó. Sin embargo, candidatos, analistas y ciudadanos alertan de lo contrario.

Credibilidad perdida

Y como revelan declaraciones de Córdova en una entrevista publicada esta semana en la revista 'Proceso', no queda claro que todos comprendan lo mismo que él: “Entiendo por fraude una manipulación masiva de los resultados electorales, de modo tal que lo que los ciudadanos expresan en las urnas no es respetado”. El periodista de la revista advierte a Córdova "que la gente tiene claro que el fraude no se gesta en la casilla (punto de votación), sino que empieza antes, con la compra y coacción del voto o con el uso electoral de programas sociales”.

Desde 1977, cada presidente tiene que negociar con los partidos al menos una gran reforma electoral, con el fin de aliviar la crisis de credibilidad producida por los fraudes endémicos que plagan los comicios a todos los niveles. En 1996, el Gobierno dejó de organizar las elecciones y le pasó la responsabilidad al Instituto Federal Electoral, que desde entonces y hasta 2003 estuvo bajo la presidencia de José Woldenberg.

Ésa fue la época dorada en la que se lo consideraba el organismo público más profesional y confiable del país. Para sustituir a Woldenberg y los otros ocho consejeros, sin embargo, los partidos desestimaron la importancia de mantener la imparcialidad y se repartieron las posiciones de acuerdo a su peso en el Congreso.

Los sucesores, Luis Carlos Ugalde (quien operó e hizo validar las elecciones presidenciales de 2006, que muchos consideran fraudulentas en contra de Andrés Manuel López Obrador, quien oficialmente perdió por 0.5%) y Leonardo Valdés, fueron criticados por deshacer lo ganado en beneficio del PRI.

Hijo de un muy respetado intelectual de la izquierda democrática mexicana, el difunto Arnaldo Córdova, el joven Lorenzo fue designado consejero presidente en 2013, con la tarea de recuperar la credibilidad del Instituto.

Marcado por pifias

A nivel personal, su desempeño ha estado marcado por pifias, como la de mayo de 2015, cuando fue filtrado un audio en el que, en diálogo con el secretario ejecutivo del INE, Edmundo Jacobo, se burla del líder indígena Hipólito Arriaga: “Yo jefe, gran nación chichimeca, vengo Guanajuato”, se ríe Córdova, “no sé si sea cierto que hable así ese cabrón, pero no mames. Sólo le faltó decir ‘yo gran jefe toro sentado’, no mames, está de pánico, cabrón”.

Su trabajo al frente del INE (para remontar el desprestigio, en 2014 se sustituyó la palabra “federal” por “nacional”) tampoco ha ayudado: el Instituto ha sido acusado de despilfarrar recursos públicos en proyectos faraónicos, de ser comparsa en nuevos fraudes (de manera marcada, en las elecciones locales del Estado de México y Coahuila en junio de 2017, ganadas por el PRI en medio de gruesas impugnaciones) y, sobre todo, de cerrar los ojos ante flujos financieros ilegales y masivos, amplias maniobras de compra y coacción del voto, y el uso de programas públicos de asistencia social para condicionar el voto.

En sus declaraciones públicas, Córdova es optimista, insistiendo en que “mi aspiración es que esta institución, después de este proceso electoral, recupere la credibilidad pública”.

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