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La guerra comercial

Trump elige la opción suave para restringir las inversiones de China en tecnológicas de EEUU

De momento no usa el poder ejecutivo y se apoya en mecanismos ya existentes

Idoya Noain / Nueva York

Donald Trump y Xi Jinping se saludan, tras una rueda de prensa conjunta celebrada en Pekín.

Donald Trump y Xi Jinping se saludan, tras una rueda de prensa conjunta celebrada en Pekín. / AFP / FRED DUFOUR

Ni la Unión Europea ni Canadá ni incluso una empresa estadounidense como Harley-Davidson están teniendo con Donald Trump la misma suerte que China. Aunque la posibilidad de una plena guerra comercial con el gigante asiático sigue planeando el horizonte inmediato, este miércoles el presidente de Estados Unidos ha enterrado la amenaza de usar el poder ejecutivo para limitar drásticamente las inversiones de Pekín en empresas de tecnología estadounidenses.

En lugar de esa potencial reducción por decreto, que se especuló con que podría imponer un límite a las inversiones chinas en compañías tecnológicas en el 25% o incluso el 10% de la participación, Trump ha anunciado que apoya limitar esas inversiones a través de un mecanismo ya existente, el Comité de Inversiones Extranjeras en EEUU (CIFUS por sus siglas en inglés), que revisa esas inversiones cuando se consideran un potencial riesgo para la seguridad nacional.

El CIFUS depende del Departamento del Tesoro y actualmente el Congreso está estudiando ampliar su autoridad. La propuesta de ley, que ya ha sido aprobada en las dos Cámaras, permitiría al organismo, por ejemplo, revisar las transacciones incluso de participaciones minoritarias en compañías  estadounidenses o las inmobiliarias cerca de bases militares o de otras instalaciones de seguridad nacional. Ahora solo queda consensuar el texto de la ley, que parece tener garantizada su aprobación.

Freno en la escalada

Si la ley no se aprobara Trump se reserva el derecho de usar el poder ejecutivo. De momento, no obstante, ha pisado el freno en su escalada de amenazas a Pekín y su comunicado de hoy anunciando el paso ni siquiera cita explícitamente a China sino a “ciertos países”.

Lo sucedido representa un triunfo del sector moderado entre los asesores económicos de Trump, encabezado por el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, que había estado perdiendo batallas frente al impulso proteccionista de Peter Navarro, que dirige el Consejo Nacional de Comercio en la Casa Blanca. Algunos lo interpretan como una rama de olivo tendida a Pekín mientras prosiguen las conversaciones de comercio e inversiones bilaterales. Y en una sesión informativa este miércoles previa al anuncio un alto cargo de la Administración ha recordado que Trump “ha sido claro respecto a que está interesado en seguir en conversaciones y resolver problemas con el presidente (chino) Xi (Jinping)”.

Esas negociaciones no han salido de la zona de peligro. El 6 de julio está previsto que entren en vigor aranceles a productos chinos por valor de 34.000 millones de dólares, los primeros de los 50.000 millones que ya ha aprobado tasar la Administración de Trump y a los que Pekín respondió con idénticos gravámenes. La escalada no acaba ahí.  Trump pidió a su gobierno que ampliara la lista de productos tasables hasta sumar 200.000 millones más y, cuando China prometió igualarlos, amenazó con otros 200.000 millones.