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NEGOCIACIONES PARA LA DESNUCLEARIZACIÓN

Kim reforma su principal reactor nuclear a pesar del acuerdo con Trump

Los expertos ya habían advertido de la falta de garantías del documento ensalzado por EEUU tras la cumbre de Singapur

Adrián Foncillas

Trump y Kim Jong-un en la cumbre de Singapur.

Trump y Kim Jong-un en la cumbre de Singapur. / REUTERS / JONATHAN ERNST

Donald Trump vaticinó en Singapur, con motivo de la cumbre EEUU-Corea del  Norte, que Kim Jong-un empezaría la desnuclearización tan pronto aterrizara en Pyongyang, y sin embargo, ya hay movimiento en las principales instalaciones de Yongbyon. Ocurre que las imágenes satelitales apuntan más a su mejora que al desmantelamiento. El episodio torpedea el discurso triunfalista que Washington ha aireado desde el histórica encuentro y confirma que la falta de garantías de aquel acuerdo no ayudará al pedregoso proceso.

Las imágenes analizadas por la web especializada 38North revelan una actividad febril. Ha sido modificado el sistema de refrigeración para la producción de plutonio y se han levantado dos edificios. Uno de ellos estaría destinado a los ingenieros del complejo y el otro, situado en las zonas de laboratorios, serviría para labores de apoyo. El vapor de agua detectado en el noroeste de las instalaciones, presuntamente originado en las seis plantas de refrigeración, sugiere que la planta de enriquecimiento de uranio está operativa. 

El informe aclara que no se puede inferir de las imágenes el grado de funcionamiento del reactor y que, en todo caso, la cantidad de vapor detectada es menor que cuando estaba a pleno rendimiento. La única certeza es que Corea del Norte no ha empezado el desmantelamiento prometido. Yongbyon ha sido el núcleo del programa nuclear norcoreano durante décadas y por su valor icónico sirve de termómetro diplomático. Después del acuerdo firmado con Estados Unidos la pasada década, Corea del Norte voló con explosivos su principal torre. Y cuando el acuerdo se rompió, volvió a levantarla.

Compromiso en entredicho

El acuerdo de Singapur fue un rutilante éxito diplomático, ha insistido Trump en las últimas semanas. Ha aclarado que la amenaza nuclear norcoreana ya no existe y que Pionyang ha empezado ya a cumplir su compromiso de desarme. Ningún gesto apuntala ese optimismo. Corea del Norte destruyó su principal silo nuclear y declaró una moratoria unilateral de ensayos y lanzamientos de misiles en las vísperas de la cumbre. Y nada más después de Singapur.

Los expertos ya anticipaban el escenario. El documento constaba de cuatro puntos con vaporosas referencias a la paz y a la desnuclearización. No contemplaba ninguna garantía de cumplimiento: ni la entrega de un listado pormenorizado de las armas e instalaciones nucleares norcoreanas, ni la fiscalización del desarme por inspectores internacionales, ni un calendario con plazos concretos.

El acuerdo certificó el doloroso derrumbe de las expectativas con las que Trump había accedido a la cumbre. Entonces aludía repetidamente a la desnuclearización completa, inmediata e irrevocable y prometía levantarse de la mesa ante la primera objeción. Por el camino rompió unilateralmente el acuerdo de desnuclearización con Irán y proclamó que enseñaría al mundo cómo se cierran esos asuntos con Corea del Norte. La insistencia de expertos en que el desarme de un país no se completa al alba, sino que requiere muchos años, le forzó a rebajar las expectativas.

Singapur se presentó finalmente como la forja de relaciones de confianza, pero pocos imaginaban esa completa falta de garantías que concede a Pionyang la libertad para dictar la hoja de ruta. Aquel acuerdo de Irán, calificado por Trump como "el peor de la historia", tenía el blindaje de Fort Knox comparado con el de Singapur.

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