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UN PESO PESADO DEL RÉGIMEN NORCOREANO

Kim Yong-chol, de apestado a estrella invitada

EEUU agasaja al hombre de confianza de Kim Jong-un en su visita a Nueva York con vistas a la cumbre de Singapur

Adrián Foncillas

Kim Yong Chol y Mike Pompeo, secretario de Estado de EEUU. 

Kim Yong Chol y Mike Pompeo, secretario de Estado de EEUU.  / REUTERS / MIKE SEGAR

Un buen filete, maíz y queso, brindis con whisky escocés y vistas al 'skyline' neoyorquino. El proceso de pacificación coreano deja escenas tan improbables como una cena pagada por Washington a Kim Yong-chol, aún en la lista negra por sus continuados desmanes. Se la ofreció a Mike Pompeo, secretario de Estado, poco después de que el alto negociador norcoreano aterrizara para aceitar las áridas conversaciones del día siguiente.

El viaje de Kim, un  peso pesado del régimen, subraya el interés de Pionyang por la cumbre presidencial de Singapur. Antes había liderado el aparato del espionaje y hoy es vicepresidente del Partido de los Trabajadores, con la carpeta de Corea del Sur y miembro de la Comisión de Asuntos Estatales y de la Comisión Militar Central. Seúl y Washington lo acusan de dirigir las acciones más hostiles de las últimas décadas como el hundimiento en el 2010 de la corbeta Cheonan, que dejó 46 marineros surcoreanos muertos. Pionyang siempre ha negado la autoría y varios expertos independientes también disienten de la versión oficial. Otros sucesos suscitan menos dudas. El bombardeo sobre la isla de Yeonpyeong, el ciberataque a Sony por la satírica película 'The Interview' o el asesinato fallido de desertores en Seúl. Estados Unidos ha firmado una dispensa para que pudiera desembarcar.  

Solo superado por la 'hermanísima'

Solo la hermasíma del líder, Kim Yo-jong, le supera en jerarquía. Kim es un caso infrecuente de longevidad en un régimen de cíclicas purgas. Aún conserva su protagonismo a los 72 años: fue sentado junto a Ivanka Trump en la clausura de los recientes Juegos Olímpicos de Pyeongchang y ha acompañado a su presidente en sus dos viajes a Pekín. Centenares de surcoreanos se manifestaron frente al estadio olímpico de Seúl para protestar por su presencia.

Kim es un hombre hecho a sí mismo que ha trepado en el escalafón sin pertenecer a la aristocracia roja. Estudió en la Universidad Militar de Kim Il Sung, fue guarda fronterizo, siguió como guardaespaldas de Kim Jong-il (padre del actual dictador) y entró en la carrera diplomática. El general acumula cuatro estrellas en la pechera y del 2009 al 2016 lideró la Oficina General de Reconocimiento, principal órgano de inteligencia.

Diplomático y políglota

Kim es políglota, no se le conocen corruptelas en un régimen que las colecciona y sus interlocutores subrayan su acentuada inteligencia. También un ácido sarcasmo y una arrogancia sin bridas. Se presentó este año a la comitiva surcoreana con un “Hola, soy el hombre al que culpáis del hundimiento del Cheonan” y en una negociación previa preguntó si traían otra maleta con propuestas diferentes.

La soberbia también le ha provocado problemas en su país. Kim fue enviado a un campo de reeducación  para castigar su “actitud autoritaria”, un sarcasmo en un país como Corea del Norte. Es el único tachón en su expediente en medio siglo de fiel servicio a la dinastía Kim.

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