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tensión an asia

Corea del Norte destruye su centro de pruebas nucleares

La vicecanciller norcoreana, Choe Son-hui, califica de "estúpidas" las declaraciones del vicepresidente estadounidense, Mike Pence, que afirmó que Corea del Norte podría acabar como la Libia de Gadafi

Adrián Foncillas

Kim Jong-un.

Kim Jong-un. / KCNA

Corea del Norte ha destruido su base para ensayos nucleares en un gesto que subraya su compromiso con el proceso de pacificación. Varias detonaciones han colapsado las entradas a los túneles excavados bajo la montaña en una ceremonia a la que han sido invitados dos docenas de periodistas extranjeros. Estos pudieron ver los explosivos preparados antes de ser conducidos a una distancia segura, informa la cadena estadounidenses CNN. Punggye-ri ha estado asociada a la carrera nuclear norcoreana desde su inicio. Ahí se han ejecutado sus seis ensayos, desde 2006 al año pasado, y con su desmantelamiento busca Corea del Norte un golpe de efecto. Los expertos subrayan que es más simbólico que eficaz porque al país le sobran montañas.

El anuncio se produce en un nuevo contexto de tensión, después de que hayan vuelto los insultos,  las amenazas de guerra nuclear y otros lugares comunes de la retórica norcoreana. El diálogo entre Pyonang y Washington ha recuperado su fragorosa normalidad cuando apenas quedan tres semanas para la inédita cumbre presidencial. Y esta vez es difícil culpar a Corea del Norte, que había soportado durante semanas con inusual paciencia los desplantes del otro bando.

Esa cumbre depende del cambio de actitud de la Casa Blanca, ha aclarado Choe Son-hui, viceministra de Exteriores. “Es decisión de Estados Unidos si quieren encontrarnos en una mesa de negociaciones o en una confrontación nuclear”, ha señalado en una nota publicada por la agencia de noticias oficial KCNA. Choe es un peso pesado en el régimen, negociadora con Washington en tiempos de distensión y depositaria de la entera confianza de Kim Jong-un. “Ni suplicaremos diálogo a Estados Unidos ni nos esforzaremos en convencerles si no se quieren sentar con nosotros”, ha añadido.

También desdeñó como “estúpidos e ignorantes” los comentarios del vicepresidente estadounidense, Mike Pence, quien aventuró que Corea del Norte sufriría el mismo destino trágico de Libia si no firmaba un acuerdo con Washington.

El clima se ha enturbiado en las últimas semanas después del triunfalismo que generó el anuncio de la primera cumbre presidencial de dos países enfrentados durante siete décadas. Corea del Norte ha liberado prisioneros estadounidenses y prepara el desmantelamiento de su silo nuclear.  Pero en el otro bando, Trump y sus acólitos se han atribuido el éxito de la inminente negociación y subrayado que Pionyang acude por sus eficaces presiones diplomáticas y económicas.

Acto misericordioso

Es dudosa la veracidad de la teoría, negada por la mayoría de expertos. Está muy claro, sin embargo, que presentar la cumbre como un acto misericordioso a un enemigo humillado no es la mejor estrategia para sentar las bases de una negociación amistosa y constructiva. Ningún ego soporta eso y menos uno tan inflamado como el norcoreano. Pionyang había ofrecido el diálogo desde una posición igualitaria después de los lanzamientos de misiles intercontinentales con teórico alcance de golpear suelo estadounidense y en las últimas semanas ha acumulado gestos de buena voluntad.

Su paciencia se ha agotado con las recurrentes alusiones a Libia como patrón aplicable. Gaddafi renunció a su programa nuclear a cambio de garantías de seguridad y fue depuesto y asesinado en un ataque de rebeldes amparados por la OTAN. Antes que Pence había sido John Bolton, consejero de Seguridad Nacional y viejo conocido de Corea del Norte. Bolton presionó a la Administración Bush para que finiquitara el acuerdo firmado por Bill Clinton y ha sido descalificado como “escoria humana” por Pionyang.

Las amenazas de cancelar la cumbre del día 12 en Singapur que llegan de ambos bandos deben entenderse como muestras de fuerza. La callada diplomacia sigue su curso sin atender al ruido de fondo. Funcionarios estadounidenses y norcoreanos se reunirán este fin de semana en la ciudad-estado asiática para preparar la agenda, ha desvelado la prensa de Washington. 

Corea del Norte sigue adelante con su plan de desmantelar la base donde ha practicado sus seis ensayos nucleares que había anunciado semanas atrás. Dos docenas de periodistas extranjeros se acercan a la recóndita zona montañosa del noroeste del país en una travesía de 20 horas por tren para dar fe del final de Punggye-ri.

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