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CRISIS POLÍTICA

El apoyo electoral no certifica la formación de Gobierno en Italia

Las promesas políticas del M5S y de la Liga desatan muchas dudas

Rossend Domènech

Di Maio.

Di Maio. / AP / ANGELO CARCONI

En estas horas sucede algo bastante curioso en Italia: cada día que pasa hay más personas, analistas, comentaristas y políticos que manifiestan su convicción de que, a casi tres meses de las elecciones generales, el gobierno de los dos partidos populistas que ganaron las elecciones no nacerá, a pesar de contar con más de la mitad de los electores.

Los militantes de la base de los indignados del Movimiento 5 Estrellas (M5S) están votando desde el viernes el programa finalmente consensuado con la Liga, cuya base se expresará en mil plazas de Italia durante el sábado y domingo. El lunes, Matteo Salvini, secretario de la Liga, y Luigi Di Maio, líder político del M5S, subirán el collado del Quirinale para comunicar a Sergio Mattarella, presidente de la República, que tienen un programa y un candidato a primer ministro, cuyo nombre aún no se conoce, aunque podría ser el mismo Di Maio.

Promesas milagrosas

Los últimos tres sondeos de opinión dan al líder de la Liga, Matteo Salvini, en aumento de consensos en todo el país, aunque solo para las promesas milagrosas hechas en campaña electoral: edad de jubilación más baja, reducción de la precariedad laboral, expulsión de los inmigrantes clandestinos, jardines de infancia gratuitos aunque solo para los niños italianos. Hoy le votarían el 25%, es decir, un italiano de cada cuatro (eran el 17% en marzo), según los institutos Demos y Swg. Y su consenso personal ha subido al 36%, según el centro Pieppoli.

Sin embargo, el mismo Salvini, que siendo un “animal político” como lo definen en Italia, debe olfatear algo que se escapa a los comunes electores. “Ya vale de mentiras en los diarios, televisiones, la realidad es esta, el programa, ¿os gusta?”, ha preguntado desde Facebook, añadiendo ante las cámaras: “El lunes, por respeto, iremos a ver al presidente de la República, ya que, se cierre como se cierre, hemos hecho todo lo posible”. “Si no funciona, habremos elaborado un programa de gobierno que será útil para otros”, había dicho el jueves. Mientras se espera la llegada del lunes, Mattarella sigue manteniendo en un cajón del palacio presidencial el otro gobierno, de carácter técnico, que podría entrar en función hasta el próximo año.

Torpedo económico

El torpedo más importante contra el programa de los populistas es económico. El “obervatorio sobre las cuentas públicas italianas”, dirigido por Carlo Cottarelli, exdelegado de los gobiernos progresistas para la reducción de gastos, ha publicado el viernes sus estimaciones. El acuerdo Liga-Indignados costaría a la colectividad entre 108.000 millones y 125.000 millones, lejos de los 60.000-80.000 millones barajados hasta aquí. Frente a este gasto, Liga y M5S ofrecen entradas por 500 millones de euros. “Cuentas del mayordomo”, ha espetado Di Maio, según el cual la diferencia entre salidas e ingresos debería ser cubierto por “los márgenes que tenemos que retomar a Europa”.

Es decir, de acuerdo con el programa de gobierno, creando más déficit, congelando parte de la deuda comprada por el Banco Central Europeo (BCE), imponiendo la renegociación de los Tratados de la UE y obligando a los 27 a aceptar inmigrados aparcados en Italia. Todo ello, según Di Maio, “en nombre de los 20.000 millones que Italia ingresa anualmente a la UE”.  “Abandona”, sugiere a Salvini el partido de los Hermanos de Italia, tercera formación de los conservadores. “Salvini habla solo en su nombre, no de la coalición”, remata Silvio Berlusconi, que ya ha anunciado que no votará a favor de un Ejecutivo semejante.

Putin, el más contento

Sondeos de opinión aparte, los únicos que aplauden en estas horas son Vladimir Putin (el programa populista comprende la supresión “inmediata” de las sanciones a Rusia) y Casa Pound, la ultraderecha italiana. “Si decidís que es el camino correcto, yo firmaré este contrato que pondrá finalmente en marcha el gobierno del cambio”, afirma el último tuit de Di Maio.

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