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MESA DE DIÁLOGO EN NICARAGUA

Los estudiantes piden la dimisión de Ortega

La Iglesia sirve de mediadora pero también pide a Ortega un paso al costado

Abel Gilbert

“Quisiera pedirle a los sectores que nos hagan el favorcito de hacernos llegar la agenda que tienen para el diálogo”, dijo con voz angelical el cardenal Leopoldo Brenes. Pero las conversaciones que, bajo la mediación de la Iglesia de Nicaragua, iniciaron formalmente este miércoles el Gobierno, los empresarios y los estudiantes, prometen ir a ninguna parte.

 “Ríndase”, le gritó uno de los dirigentes universitarios a Daniel Ortega. El presidente tuvo que escuchar impertérrito los reclamos de jóvenes y campesinos. “Esta mesa es una farsa”, aseguró un estudiante, convencido de que las demandas de su sector, resumidas en el abandono del poder de Ortega y su esposa, Rosario Murillo, no se cumplirán. La mesa de diálogo fue formada con el intento de encontrar una salida a la crisis que estalló con el rechazo a la fallida reforma del sistema de seguridad social.

Después de un mes de movilizaciones, los adversarios de Ortega contabilizan 68 muertes. El aire adentro del seminario de Fátima sacaba chispas. Una estudiante tomó la palabra: “Ustedes pidieron lista de muertos y aquí la tienen”. Luego dio los nombres de cada una de las víctimas. La mayoría respondió a cada uno con el grito de “presente”.  “Saben que llegaron al poder en matrimonio con la empresa privada. Ahora esos aliados ya no los tiene. La empresa privada ya no los respalda. El pueblo los respetaba, escuchen el sentir del pueblo hoy”, increpó a Ortega otro estudiante.

Revolución no armada

La Iglesia juega un doble papel: sirve de mediadora pero también pide a Ortega un paso al costado. “Presidente, repiense los caminos que ha recorrido. Ha comenzado una revolución no armada”, le señaló el obispo Abelardo Mata. De acuerdo  con una reciente encuesta de Gallup, un 63% de los consultados pide que el matrimonio más poderoso de ese país abandone el Gobierno. “El pueblo exige aquí mismo que cese la represión”, dijo el académico Carlos Tünnermann.  “Así como ustedes reclaman justicia, el pueblo pide que lo dejen trabajar. La policía tiene orden de no reprimir”, le respondió Ortega, y aseguró que las protestas están lejos de ser pacíficas. “Estos que tiran balas no son angelitos”.

El presidente defendió su decisión de autorizar la presencia en Nicaragua de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). “La hemos invitado para que acompañe ese esfuerzo y que reine la justicia en nuestro país”.

Ni rastro del pasado

Ortega  aseguró que le mostrará a la CIDH “que no hay ni un solo desparecido, que no hay un solo preso”. También se mostró dolido por las víctimas. “A mí me tocó vivir esa experiencia de la represión, de las torturas", recordó sobre su lejano pasado insurgente. De todos los estudiantes que levantaron la voz, debió ser Lester Alemán el que más lo incomodó: “En un mes usted ha desbaratado el país y (el dictador) Somoza tardó años”.

Un religioso dio por terminado el primer día de diálogo y pidió que el lugar sea abandonado primero por las autoridades políticas, luego los empresarios y, por último, los estudiantes. Pero la instrucción fue interrumpida por un universitario: “De acá no sale nadie hasta que se ordene el fin de la represión”. Un grupo de curas intentó tapar sus exclamaciones con un salmo cantado en latín. El viernes debe retomarse la conversación en la que pocos parecen creer.

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