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COMICIOS EN ORIENTE PRÓXIMO

Irak vota atrapado en plena crisis entre EEUU e Irán

Las autoridades han cerrado el tráfico en las grandes ciudades por miedo a atentados yihadistas

Adrià Rocha Cutiller

Un soldado iraquí vigila un centro electoral situado en un edificio semiderruido de Mosul.

Un soldado iraquí vigila un centro electoral situado en un edificio semiderruido de Mosul. / AP / MAYA ALLERUZZO

Las calles de las grandes ciudades del país han estado todo el día vacías. Por el asfalto no ha transitado ni un solo coche: quien ha votado en las elecciones de Irak de este sábado ha tenido que hacerlo a pie. Según las estimaciones, lo han hecho cerca del 40% de los electores, una cifra más baja que la habitual.

Hace unas semanas, el Estado Islámico (EI), que ya no controla ningún territorio en Irak, emitió un comunicado en el que pedía a sus miembros que atacasen a todo el que se acercase a las urnas. El Gobierno, ante la amenaza, ha cerrado las calles pero ha incentivado el voto, los primeros tras la derrota del EI.

Entre los iraquís no reina el optimismo, pero, aún así, estas elecciones se presentan distintas a todas las anteriores. «El Gobierno actual es corrupto y, en el fondo, no está haciendo tanto para superar las divisiones étnicas y sectarias que tenemos en Irak. Pero lo está intentando, y eso no lo puede decir ningún otro gobierno anterior», dice Emir, un iraquí de 40 años que vive en Estambul.

País dividido

Irak es un mosaico de comunidades. Su mayoría es árabe chií, pero también hay comunidades árabes sunís, árabes cristianaskurdasturkmenas —de origen y habla turcas— y yazidísSaddam Husein (suní), en sus últimos años, avivó las tensiones entre los distintos grupos. Al ser depuesto por los estadounidenses en 2003, Nuri al Maliki, chií, llegó al poder, e hizo poco por evitar el enfrentamiento sectario que entonces provocó los grupos armados ligados a Al Qaeda.

Ahora Maliki es vicepresidente, y el primer ministro, Haider al Abadi, también chií, es el primero que ha intentado limar diferencias: su plataforma para estas elecciones, Alianza de la Victoria, es la única que tiene candidatos de todos los grupos étnicos y religiosos.

«Hace 20, 30 años todas las comunidades estaban unidas. Convivían juntas. Mi padre es turkmeno y mi madre árabe suní. Pero tras estos años de guerra hay mucho resentimiento y miedo. La sociedad iraquí está completamente polarizada», dice Emir, con el dedo mojado en tinta azul tras haber votado en Estambul. Emir, sin embargo, ha apostado por un pequeño partido de Kirkuk, su ciudad natal. En esta formación solo  hay candidatos turkmenos.

Carrera apretada

El primer ministro Abadi es visto, según las encuestas, como el favorito, pero los resultados se prevén ajustados y el futuro, incierto. Sus dos mayores rivales son Maliki, antiguo aliado, y un excomandante de las milicias chiís, las Fuerzas de Movilización Popular (FMP)  -controladas por Irán-, Hadi al Amiri.

Amiri luchó con Irán en la guerra contra Irak en los años ochenta, y vivió allí exiliado hasta que EEUU ejecutó a Saddam. Sus oponentes en estas elecciones le consideran una marioneta de Teherán, pero sus seguidores, chiís, le ven como un héroe. «He votado a Amiri porque es un líder limpio -dice Raid, un taxista de la ciudad iraquí de Basora, de mayoría chií, a la agencia Reuters—. Sin él y las FMP, el Estado Islámico habría llegado hasta aquí. Abadi no hizo absolutamente nada».

Equilibrios

Abadi, en cambio, ha apelado a todas las comunidades del país. Y es, además, el candidato preferido de Occidente. Durante su mandato, el actual primer ministro ha intentado reconciliar a sunís y chiís, y mantener un difícil o casi imposible equilibrio entre los intereses regionales de IránArabia Saudí y Estados Unidos.

Como novedad, para estos comicios, el Gobierno de Bagdad compró un sistema de voto electrónico a Corea del Sur. Antes, los resultados oficiales tardaban semanas en hacerse públicos. Esta vez, según las autoridades, serán solo unas horas.

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