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crisis en un país centroamericano

Jaque a Daniel Ortega en Nicaragua

El presidente nicaragüense cede en el pulso con la calle pero continúa el malestar social

La magnitud de la protesta sorprende y desborda al Gobierno

Abel Gilbert

Manifestantes sostienen carteles contra el presidente Ortega, en Managua, el 22 de abril.

Manifestantes sostienen carteles contra el presidente Ortega, en Managua, el 22 de abril. / AP / ALFREDO ZUÑIGA

Al menos 30 muertos, decenas de heridos, saqueos y daños materiales a lo largo de cinco días de protestas obligaron a Daniel Ortega a un ejercicio inédito en 11 años de Gobierno: volver sobre sus pasos y abandonar su proyecto de reforma de la seguridad socialBarricadas y adoquines, símbolos de la insurrección que acabó hace 39 años con la tiranía de Anastasio Somoza, se utilizaron esta vez contra Ortega. El rechazo a los cambios en el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), por el cual las pensiones se iban a retraer un 5% y aumentaban a la vez las contribuciones patronales, activó en las calles una fuerza política inédita e inorgánica que sorprendió al Gobierno y a la misma oposición.

Al igual que los turbulentos días de 1979, las iglesias abrieron sus puertas para proteger a estudiantes perseguidos. Bastiones del sandinismo como Estelí, Matagalpa, Masaya y en la periferia de Managua fueron escenarios de choques entre manifestantes y la policía. No faltaron denuncias de grupos paramilitares. Sectores opositores aseguraron que Ortega copió los procedimientos utilizados en Venezuela para silenciar al antichavismo. Pero desde el Gobierno atribuyeron la muerte de Ángel Eduardo Gahona López, periodista del Canal 6, a un francotirador asociado a un supuesto proyecto de desestabilización.

El propio Ortega no se privó de hablar de pequeños grupos financiados por Estados Unidos. Más allá de las hipótesis conspirativas, el mandatario reconoció que su iniciativa para financiar un INSS en bancarrota no tuvo “viabilidad” y creó una “situación dramática”. Ortega invitó al cardenal nicaragüense Leopoldo Brenes y a los obispos para que sean garantes de un diálogo entre el Ejecutivo, el sector privado y los trabajadores. El Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) y de la Cámara de Comercio Americana de Nicaragua (AmCham) condicionaron su presencia. Anunciaron que solo conversarán con las autoridades si cesa la represión y el despliegue del Ejército. También pidieron que se les permita a los manifestantes expresarse libremente.

Escenario inesperado

Ortega, quien a lo largo de 11 años casi no encontró dificultades para administrar el país y deslizarse hacia al autoritarismo, ha descubierto algo que debe preocuparle. El rechazo a la reforma terminó por canalizar un descontento colectivo mayor. “¿Quiénes son estos jóvenes y por qué protestan? Nacieron después de la guerra y la revolución, escuchando y creyendo que Nicaragua era una democracia, y que los ciudadanos tenemos derechos”, señaló la socióloga Elvira Cuadra. En un artículo publicado en el portal de Confluencia, Cuadra aseguró que los partidos opositores no están detrás de estos acontecimientos y, en rigor, son rechazados por sus protagonistas. “Otra gran sorpresa es el papel que han jugado las redes sociales en estas movilizaciones”.

Desde el Vaticano, el papa Francisco expresó su “preocupación” por los sucesos. “Me uno a los obispos en el llamamiento a que cese toda violencia, se evite un inútil derramamiento de sangre y las cuestiones abiertas se resuelvan pacíficamente y con sentido de responsabilidad”. Humberto Ortega, hermano del presidente y exjefe del Ejército durante los años de la revolución y la guerra contra el antisandinismo que financiaba Washington, hizo suyas las palabras del Pontífice. Pero a la vez, llamó a la Policía Nacional a detener a los motorizados y las turbas que bajo el nombre de la Juventud Sandinista agreden a los manifestantes. “Deben ir presos”, consideró. Instó además a que termine la censura periodística.

Llamada al orden

El presidente todavía cree que “la inmensa mayoría de los nicaragüenses están respaldando las acciones que tomamos para restablecer el orden”. Durante el último quinquenio, la economía de ese pequeño país tuvo un crecimiento promedio del 4,5%. Para este año se espera una subida del 4,7% y una inflación de 6,2%. La pobreza, según el Estado, es del 25% y la pobreza extrema, del 7%. Pero acumula un problema político de larga duración: el matrimonio que maneja el poder. En estas horas de furia y dolor prolifera en las redes sociales un rap de Erick Nicoyas González. “El mismo pueblo que puso a Ortega y hoy lo está matando”, dice el músico conocido como 'el Ckrio', quien en medio de la  agitación callejera se encerró en un estudio. “Señor presidente, ¿puede explicarme lo que pasa?”, vocifera en otro rap. Tal vez el presidente casi vitalicio no lo sepa muy bien. Nadie se atreve a aventurar cuan lejos llegará la protesta. Después de una nueva jornada en la que la oposición estudiantil y los empresarios ganaron las calles, el obispo Silvio Báez dejó entrever que algo nuevo está sucediendo en Nicaragua: “no hay condiciones para diálogo”, dijo.

Temas: Nicaragua

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