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Elecciones sin sorpresas

El oficialista Benítez será el nuevo presidente paraguayo

El candidato del conservador Partido Colorado, es hijo de uno de los secretarios privados del dictador Stroessner,

La centroizquierda estuvo cerca del milagro político: perdió por menos de cuatro puntos

Abel Gilbert

El candidato oficialista Mario Abdo Benítez  muestra su dedo índice entintado después de votar en una escuela en Asunción.

El candidato oficialista Mario Abdo Benítez  muestra su dedo índice entintado después de votar en una escuela en Asunción. / EFE / ANDRÉS CRISTALDO

“Marito, Marito”, gritaron en la noche de Asunción los seguidores del presidente electo paraguayo. Mario Abdo Benítez le dio a la Asociación Nacionalista Republicana, más conocida como el partido Colorado, la victoria que le permite continuar su predominio sobre la política de uno de los países más pobres y desiguales de América Latina.  Escrutadas casi la totalidad de las mesas, “Marito”, como lo llaman también las autoridades y la prensa, y hasta algunos adversarios,obtenía el 46,48% de los votos, casi cuatro puntos más que Efraín Alegre, el candidato de la coalición de centro izquierda, la Gran Alianza Renovada (GANAR). “Son resultados preliminares”, dijo Alegre, pero más allá de su reticencia a reconocer la derrota, su suerte estaba sellada. “Los resultados son irreversibles”, puntualizó el ministro del Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE) Jaime Bestard. GANAR realizó no obstante una elección extraordinaria.

Benítez gobernará hasta 2023. Con su llegada a la presidencia un stronismo remozado se prepara para el relevo generacional del partido hegemónico desde 1954, y que solo dejó de manejar los asuntos del Estado entre 2008  y 2012. La presidencia del ex obispo Fernando terminó sin embargo abruptamente tras un golpe parlamentario similar al que sacó del poder a Dilma Rousseff dos años más tarde. Lugo peleaba por una banca en el senado.

Crecido en el entorno de Stroessner

El ganador de los comicios creció muy cerca del dictador. Y si lo llaman “Marito” es para diferenciarse levemente de su padre, Mario Abdo Benítez, también, quien por largos años fue el secretario privado de Alfredo Stroessner. La cercanía entre ambos fue tal que integró el llamado “Cuatrinomio de Oro”, como se conocían a los hombres de mayor confianza del tirano. “Marito” tenía 16 años cuando, en febrero de 1989, Stroessner, ya viejo y disfuncional a los intereses de EE.UU, fue derrocado por hombres de su propio partido. Pero el ganador de los comicios de este domingo nunca olvidó la importancia de sus días de infancia. En 2006, ya inmerso en la política, fundó el movimiento Paz y Progreso, junto con Alfredo “Goli” Stroessner, nieto del dictador. “Paz y progreso” era un lema del régimen.

“No puedo dejar de recordar a mi padre, que fue un gran colorado”, dijo “Marito” en sus primeras palabras al país después de conocer el veredicto de las urnas. “Muchos estarán como nosotros llenos de esperanzas y de compromisos. Mi agradecimiento a los paraguayos que no nos han votado hoy. Mi compromiso es tratar con nuestra gestión de ganarme la confianza de ellos”, añadió. Llamó también a la concordia y expresó su deseo de “ser un factor de unión en el futuro del Paraguay”.

Poca inversión en educación

Horacio Cartes abandona la presidencia con una aprobación del 23%. Su Administración ha sido de alguna manera pionera en el giro hacia la derecha del Mercosur que luego completaron Brasil y Argentina. En los últimos cinco años la economía ha crecido un 21% gracias a la producción sojera y ganadera. Para este año se augura una subida del 4,1%.

Paraguay sigue siendo no obstante uno de los símbolos de la injusticia en América Latina. Las cifras de pobreza más benévolas superan el 26%. El 40% de sus niños padece sus efectos. Los gobiernos colorados son los que menos invierten en educación. El 57,8% de los jóvenes de entre 15 y 29 años no estudia. El empleo informal supera el 70%. Las mujeres perciben 64% menos que los hombres en la misma actividad.  A pesar de esas contradicciones flagrantes, el oficialismo confía en que su maquinaria política y el control del Estado le faciliten la victoria.